FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Cuando estaba en las Monjas Inglesas, cuenta Raquel Correa, era floja y poco amistosa. Le dio meningitis y cuando se sanó, supo que “los que no se habían muerto habían quedado tontos”. Pero no fue su caso. Un día una profesora, Elvira Carrasco, le dijo que tenía talento y lo estaba desperdiciando. Fue la primera vez que le dijeron que era inteligente. Ese día se puso a estudiar y llegó a ser la primera del curso.

Antes de ser periodista, quiso ser actriz. Pero a la primera obra, su mamá la sacó de las mechas y se retiró.
-Era mi vocación. Como todas las cosas en la vida, pasan de pronto. Nunca había pensado, cuando salí del colegio, que quería ser actriz. Pensaba estudiar Servicio Social, pero mi hermana, la Isabel Margarita, se metió a esa carrera, y no quise ser copiona. Un día leyendo el diario, cosa que no hacía nunca porque no me interesaba para nada, me encontré con el aviso de la academia de teatro de Hugo Miller. Me inscribí callada, sin decirle a nadie. Empecé a ir a clases y un día estaban estrenando una obra y a una de las actrices se le moría la mamá. Entonces, el director me eligió para que la reemplazara. Y yo no sabía qué hacer. Porque en mi casa nadie sabía que estudiaba teatro.

Esa obra era bien polémica. Usted tenía una pareja homosexual.
-Sí. Tenía un marido homosexual. Andaba con polleras largas, fumaba con boquilla cigarros. Imagínate, ver eso en esa época, cuando tenía 17 años.

Un escándalo.
-A mi hermano, que era mi ídolo, le dije: “mira esto, voy a debutar, te lo cuento a ti, has lo que te parezca más adecuado”. Al final actué en la obra, llegué a la casa, me lavé la cara y me acosté. A la mañana siguiente, entró mi mamá a la pieza y se sienta en la cama. Me dice: “Raquelita, anoche fui a verla”. Casi me morí. No se fue de la pieza hasta que le prometí que no iba a seguir. Mi mamá no quería que fuera actriz, porque a pesar que era una niña bastante adelantada, venía de un colegio de monjas y de una familia muy tradicional, y estar haciendo ese papel con marido homosexual, de ninguna manera era una obra apropiada para mí. Como eran otros tiempos y mi mamá me dijo que no, inventé que tenía tuberculosis y me retiré. No podía decir que me salía porque mi mamá me decía.

No quería quedar como mamona. Su familia la tildó de la rebelde de la familia. ¿Era tan así?
-Sí, por esa misma obra y mi carácter. Salí bastante rebelde, tengo la voz bastante fuerte, me gusta decir lo que pienso. Por ejemplo, no me dejaban usar pantalones en la mesa y teníamos que ponernos pollera para almorzar. Nosotras nos levantábamos con pantalones, nos arremangábamos los pantalones, y nos poníamos la pollera encima. Había muchas reglas. Y yo era bastante indisciplinada. No me gustaba que los horarios fueran tan estrictos. Teníamos una especie de reglamento, con horario de entrada, de desayuno, almuerzo.

Como un regimiento.
-Un pequeño regimiento. Como era un poquito rebelde, esas cosas no me gustaban. Armé una huelga de hambre ligerito con otra hermana. Estuvimos tres días en el parque, llegábamos a la casa a puro dormir y en el día pasábamos sentadas en un chalón. Mi papá nos mandó una nota, donde decía que toda la región sabía que las hijas de Alfredo Correa estaban en huelga de hambre. Le daba mucha vergüenza. La carta terminaba con una frase que nunca olvidamos: “la justicia inmanente de la vida no les haga a pagar a ustedes lo que me están haciendo pasar a mí”. No teníamos idea de lo que era la justicia inmanente, pero volvimos corriendo a la casa. Y de ahí quedamos como las huelguistas.

VIRGEN AL MATRIMONIO

“Me pasó algo que me gustaría que lo pusieran, porque siempre lo cuento pero nunca lo publican”, dice.
¿Qué cosa?
-Cuando salí del colegio, me casé y un tiempo después perdí la fe. Por esta misma cosa de la rebeldía. En el colegio teníamos misa todos los días, bendición todas las tardes. Todo estaba reglamentado. En el comedor no podíamos hablar. El hecho es que cuando salí, me fui alejando de la fe en Dios.

Me contaban que usted, ahora, es muy católica.
-Hace más de cuatro años me tocó ir a misa, donde escuché la parábola de un ciego que le pide a Dios que le dé la vista. La prédica me causó algo tan grande que me hizo volver a la Iglesia. Ahora trato de hacerlo lo mejor posible. Soy cumplidora por mi carácter. Tengo amigas que son muy agnósticas y ateas, pero yo había enviudado, no tengo una vida muy regalada, y la fe me volvió.

¿Y qué le pasa con todos los problemas que ha tenido la Iglesia últimamente, con casos de abusos sexuales y pedofilia?
-No confundo a las personas con las instituciones. Así como hubo militares asesinos, no creo que el Ejército sea asesino. Así como hay sacerdotes que han fallado de una forma brutal, que sólo se explica como una enfermedad mental, tampoco juzgo a toda la Iglesia así. Me parece brutal.

Pero todos esos casos hacen que la gente pierda la fe en la Iglesia Católica.
-Fíjate que ha pasado una cosa muy curiosa. Por una parte, ha habido gente que se ha ido de la Iglesia y otra que se acercó mucho más viendo a una iglesia que sufre.

¿Y usted se acercó más?
-No, me quedé donde mismo, jajaja. O sea, me impresionan mucho estas cosas, como lo de Karadima, me parece algo terrible y creo que le hace un gran daño a la iglesia. Pero, por otro lado, tiene que ponerse al día la iglesia. No puede seguir en el silencio y en el encubrimiento.

¿Qué le parece que la iglesia esté siempre metida en temas que no sólo atañen a los católicos, como el aborto o la píldora del día después?
-Al aborto yo soy contraria.

¿Por qué?
-Encuentro un crimen incomparable asesinar a una criatura que no se puede defender.

¿Y de la eutanasia, qué piensa?
-Lo encuentro tremendo, también. La vida tiene que terminar en forma natural, pero no mantenerla en forma artificial a concho. Cuando mi mamá estaba viejita, tenía más de 90 años, estaba ya con oxígeno y se pensó en entubarla. Fue el médico a la casa y juntó a los 12 hijos y nos preguntó qué opinábamos. Yo le dije “¿usted entubaría a su mamá en estas condiciones?”. Me dijo que no. “Entonces pienso lo mismo”, le dije. Todos mis hermanos dijeron que no. Eso no es eutanasia. Es dejar morir a alguien de forma natural. La eutanasia me parece un crimen.

Pero si la persona está sufriendo y quiere morirse. No habría que dejar que ella decida.
-¿Ayudarla a suicidarse, dices tú? No.

¿Pero usted está de acuerdo con que la Iglesia se meta tanto en estos temas?
-Creo que exagera la nota. Debería poner el acento en otras cosas más importantes que eso.

¿Cómo qué?
-Soy un poquito anticuada, pero me espanta la droga, me espantan las jovencitas chiquititas que se estén mostrando. Este aviso que ha sacado Claro.

Ese bien conservador, ese aviso bien pro vida donde sale una joven hablando cosas maravillosas de su embarazo.
-¿Me vas a decir que es bueno que una niña de 16 años quede embarazada? ¡Es una niña! No hay que propagar eso y convertirlo en un aviso que dice “soy libre y soy feliz, entonces, ustedes no se amarguen y no se cuiden, embaráracense a los 16 años”. Y qué hace a los 17, a los 18, a los 20, ¿cómo respondes a esa criatura?

¿En qué más es anticuada?
-No sé si tener valores es ser anticuado. A esta sociedad le faltan valores. La juventud de hoy no tiene nada qué ver con la de antes. Antes no tomábamos trago, no fumábamos marihuana, no nos íbamos con los pololos de vacaciones…

Qué fome.
-Capaz que en este tiempo lo habría hecho. Pero no me parece que se deba hacer. Hay etapas en la vida y hay que asumirlas. Para formar una familia tienes que casarte y tener los hijos. ¿Cuántos siglos tiene el matrimonio? Y ahora la mitad de la gente convive sin casarse. Tiene hijos sin casarse. La familia tiene que formarse en torno a un tronco. Y ese tronco es el matrimonio.

¡¿Es de las que cree que hay que llegar virgen al matrimonio?!
-Sí. En mi generación, sí.

¿Usted llegó virgen al matrimonio?
-Sí. A los 21 años me casé.

Se esperó harto o fue razonable para usted llegar virgen a esa edad.
-Jajaja. ¿Qué edad es razonable para ti? ¡Qué divertido! Esa pregunta es atrevida.

Pero se la tengo que hacer. Porque es raro, casi un sueño, llegar virgen al matrimonio hoy.
-Jajaja. Ah no sé, no le pregunto eso a mis entrevistados ni a mis alumnas ni a nadie. Pero, en realidad, tienes razón. Y el esfuerzo de la Iglesia ha sido un poco inútil. Está predicando en el desierto.

PERIODISMO

¿Cómo logró tener ese estilo severo, directo e intransigente, siendo que cuando joven era retraída, tímida e insegura?
-Pero tenía el carácter fuerte. La huelga de hambre revela que era una niña capaz de hacer una cosa totalmente espantosa. Pero siempre he dicho que el estilo es el hombre. Nada más artificial que implantar un estilo ajeno. Tú puedes imitar un estilo fuerte, un estilo suave, cariñoso, amable, una forma de preguntar más humana, es saber proponérselo. Pero uno tiene que ser como es.

Usted antes de hacer las entrevistas, me han contado, se pone muy nerviosa e insegura. ¿Cómo lo hace para cambiar el switch y transformarse en una periodista segura?
-Cuando toco el timbre estoy nerviosa, pero creo que ahí está la actriz que no pude ser. Asumo el rol de periodista. Si no, ¿cómo voy a entrevistar al Mamo Contreras o a Pinochet?

¿Cómo lo hizo para pararse frente a ellos de igual a igual? Qué susto.
-Sí. Yo soy la opinión pública, les decía. Gríteme, alegue, haga lo que quiera, pero soy la opinión pública y tiene que escucharme. La entrevista al Mamo Contreras es la que más me ha costado. Entrevistar a Pinochet no me costó. Porque Pinochet tenía una actitud más abierta en el interrogatorio que el Mamo. Hacía bromas. Golpeaba fuerte la mesa, después te decía un piropo, pero el Mamo se pintaba como un angelito, pero sabíamos lo que había hecho,

En la entrevista suya daban ganas de golpearlo de lo cara dura que era.
-Claro, pero no puedes perder el control. No te puedes enojar. Tienes que mantenerte lo más profesional posible.

Usted tiene un episodio con Lagos, cuando él increpa con el dedo a Pinochet. ¿Le dio rabia que no la dejara terminar a usted o le gustó que se arrancara con los tarros?
-Yo le decía “Señor Lagos, señor Lagos, Ricardo, Ricardo, las preguntas la hacemos nosotros”. Siguió solo. No me gustó que se arrancara con los tarros, porque mi formación me obliga a conducir la entrevista, es andar a caballo llevando las riendas. Pero que el caballo se te arranque y no puedas controlar… En todo caso, lo encontré genial cuando me dijo “excúseme Raquel, me va a excusar Raquel, pero hablo por 15 años de silencio”. Ahí no lo interrumpí más. Pero, mientras eso pasaba, pensaba que se iba a caer la antena, ¡si era en plena dictadura militar!

EL MERCURIO Y LA DICTADURA

Usted en dictadura cumplió un rol fundamental en el periodismo con sus entrevistas polémicas. ¿Cómo lo hizo para sortear la censura? ¿Cómo se las arregló para no caer en la prensa oficialista?
-Mi natural independencia se impuso simplemente. Pagué con dos años sin trabajar. No me mandaron al exilio. Nunca fui allendista ni anti allendista. Siempre fui independiente y lo sigo siendo.

¿Pero no tiene ninguna inclinación política?
-Siempre uno tiene más proximidad con algún sector.

Por sus ideas conservadoras, pareciera que tuviera cercanía con la UDI.
-¿Estás loca?, jajaja. No, no, no, nada que ver.

¿Con Michelle, entonces, como me han contado?
-Más cercana a ese sector. Está bueno eso que me dijiste sobre la UDI, porque te terminé diciendo mi cercanía, jajaja. Le va a ser difícil gobernar a Piñera con la UDI. No lo quieren allá.

Usted escribió una carta con una dura crítica a la dictadura de Pinochet que fue publicada en la revista VEA, bajo el pseudónimo de Teresa Infante. ¿Qué problema le trajo esta carta?
-Había salido un decreto en que en cada colegio había que poner una fotografía del general Pinochet. Encontré que era el colmo, algo inconcebible. Escribí una carta a la revista con ese seudónimo, cuando era yo la sub editora, porque nunca he escrito ni una columna y nunca he manifestado mi opinión porque me gusta mantener mi independencia. El hecho es que escribí esa carta, diciendo que me parecía el colmo esa medida y qué habría pasado si lo hubiera hecho Allende en su gobierno. Nunca me descubrieron, pero me llamaron, como sub editora, para saber por qué habíamos publicado esa carta. Yo le dije que no tenía idea y me hice la lesa. Nunca más escribió la Teresa Infante.

¿Qué ha significado para usted trabajar en El Mercurio tantos años? Criticó a ese medio en el Diario de Agustín: ¿le trajo algún inconveniente en el diario? ¿La siguieron tratando de igual manera?
-He tenido una crítica frente a la actitud de la prensa chilena en dictadura, en general. En El Mercurio pude trabajar con mucha libertad y fui muy respetada durante muchos años.

Pero mientras hacía eso, el diario ocultaba y censuraba todo los crímenes de la dictadura.
-Claro, pero tal como lo dijo don Agustín Edwards, no tenían información fidedigna, había control absoluto de la prensa. Yo no daba noticias terribles, yo hacía preguntas sobre esas cosas terribles nomás.

¿Por qué dejó de ser periodista estable del cuerpo de reportajes de El Mercurio. ¿Qué hace ahora?
-En el último tiempo pasé incomodidades. No me sentí respetada por una jefatura. Me encontraban el artículo largo, quieren cambiar el título, ese tipo de cosas. No me gusta que me metan mano en mis cosas, excepto ideas y sugerencias.

PERIODISMO ACTUAL

¿Cómo evalúa el actual periodismo nacional? ¿Qué está entregando? ¿Lo que la gente quiere o lo que debe darse?
-Cuesta pensar el periodismo como una sola cosa. Siento que los periodistas jóvenes son menos sacrificados que nosotros. No sé si hay un joven que esté dispuesto a estar ocho horas frente a la casa de un señor para poderlo abordar. Los encuentro cómodos. Hay un exceso de periodistas. No están pagando ni cuatro pesos. No pueden haber 900 periodistas al año. El periodismo está entregando lo que la gente quiere, sobre todo en la TV. La prensa está más preocupada de vender. Ya no hay pasión por el trabajo.

¿Hay algún periodista que le guste?
-Muchos. Me veo todas las noticias, me leo todos los diarios. Los noticieros de las 9, no puedo verlos todos, porque dan un crimen, otro crimen, otro accidente, otro accidente, y fútbol. Quedo bien desencantada. No hay proporción. La prensa internacional no existe. Estamos viviendo en una isla. Qué vergüenza.

¿Qué diarios o periódicos lee?
-Todos los posibles. De los chilenos: El Mercurio en primer lugar, La Tercera en segundo lugar y la Segunda en tercer lugar. ¿Y qué más hay?

¿The Clinic?
-Lo encuentro genial, sumamente ingenioso, pero demasiado grosero. Ese titular en portada, cuando pusieron la imagen de la Virgen diciendo que se quemó sin calentarse, lo encontré la cosa más grosera e insultante en un país donde existe gente católica. Fue un despropósito. Son demasiado groseros. Después de esa portada dejé de comprarlo, pero últimamente lo he vuelto a comprar. Pero pon esto: quizás cómo se van a burlar de mí después ustedes, jajaja.

¿Cómo ve el periodismo chileno en tiempos de Piñera? ¿hay mucha condescendencia con él?
-Falta un buen diario de oposición. Él dijo en una entrevista que le hice yo que no había ningún diario a favor de él.

Debe haber estado bromeando.
-Yo creo, pero eso dice él. Se equivoca. Creo que el periodismo debiera volver a la objetividad primaria, dar un poco más de cultura, mostrar más que el mundial de fútbol.

¿Por qué usted ya no está en la TV? ¿Le faltan pechugas?
-Jajaja, claro. Me pongo silicona y listo. No me han llamado porque no tengo siliconas. La TV es fatal. En la mañana puro leseo… Falta el ámbito cultural. Pero qué le vamos a hacer.

PIÑERA Y LA DERECHA

“En política, los grandes políticos ahora no los veo. La gente, cuando yo empecé a trabajar, iba a escuchar los discursos al Congreso, a los grandes oradores. Y ahora el que va a hablar queda solo en la sala, porque se van todos para fuera”, dice Raquel.

O se quedan dormidos, como en el último discurso de Piñera el 21 de mayo…
-Sí, po.

Usted fue una de ellas.
-Jajaja, es que fue un poquito largo. Se excedió en el tiempo. Pero me quedé dormida un ratito. Y después lo leí entero.

Como orador, ¿a Piñera lo encuentra fome que le da sueño?
-Tiene una buena oratoria. Aunque es repetitivo, en ese sentido, es bueno que le hagan los discursos. Siempre fue así: repite las cosas una y otra vez. Lo entrevistaban tres personas distintas, y a las tres le repetía lo mismo: con las mismas palabras, con los mismos sinónimos.

Usted ha dicho que ha sido difícil entrevistar a Piñera y que incluso se peleó con él. ¿Por qué?
-Es que no me pescó, porque estaba anotando todo el rato en una libreta. Le dije que qué estaba escribiendo, pensando que me iba a sugerir algo. Y me dice “no se preocupe, no es nada de esto”. Es la única vez en mi vida que he sentido que me han salido chispas de fuego de rabia, me enfurecí. Le dije que cómo era posible, que yo estaba trabajando, que era una falta de respeto. Me dijo que por qué me enojaba tanto. Después de esa entrevista, nunca más lo hizo. Él tiene respuesta para todo, tiene todo anotado. Si le preguntas algo, empieza a buscar la respuesta en su blog. Nunca se le sorprende. Nunca se le saca de ahí.

En una entrevista suya, él queda como una persona poco culta. Dice que su libro favorito son “Los cuatro evangelistas” y su música preferida, la Quinta Sinfonía de Beethoven. Muy básico para un Presidente.
-Sí, dice lo que diría un niño de siete años. Pero es una cosa de sensibilidad y siento que él la ha ido cultivando. Antes no se veía más que sí mismo.

A propósito, ¿qué escritor le gusta a usted?
-”Los cuatro evangelistas”, JA, JA, JA. La verdad es que no soy tan lectora, antes leía más. Con todo lo que tengo que leer de revistas y diarios, no alcanzo a leer otras cosas.

PREGUNTAS QUE HACEN HISTORIA
40 años entrevistando (1970-2010)
Raquel Correa
Catalonia, 2010, 415 páginas.