“Toda persona tiene el derecho a desplazarse de forma cómoda, segura y eficiente, independiente del medio de transporte que elija”. La movilidad es un derecho y una de las actividades básicas que el ser humano debe desarrollar para su propia subsistencia. Nos permite el acceso al trabajo, la salud, la educación, el esparcimiento. Necesitamos desplazarnos. Claro está también, que mientras menos desplazamientos tengamos que hacer, menos tiempo vamos invertir en nuestros cambios de actividad.

Si consideras que es mejor para tus necesidades conducir un auto, entendiendo que te entrega comodidad, rapidez y eficiencia en tus desplazamientos, es posible entender que quien elije caminar o usar la bicicleta tiene el mismo derecho a utilizar las vías.

No hay dueños de las calles, todos podemos gozar del uso de las vías con igualdad. Sin embargo, este derecho se encuentra vulnerado por el exceso de automóviles particulares que circulan hoy en las calles. Vulnerado para quien va en auto (debido a la congestión) y para quien está fuera. Más de 3.000 personas mueren anualmente por siniestros de tránsito. 3000 vidas al año cuesta a los chilenos acceder a nuestras actividades. Estamos enfrentando un terrible problema de salud pública.

Hemos adaptado nuestros hábitos cotidianos en función del automóvil, tanto que la ciudad se ha empezado a llenar de barreras para quienes han optado por movilizarse de otra forma, ya sea en Transporte Público, caminando o en bicicleta.

El Estado de Chile ha desconocido todas las externalidades negativas que el uso indiscriminado del auto produce, desde las que están vinculadas a la salud pública y medio ambiente, pasando por las del diseño urbano a las sociales.

Así ha generado políticas que apuntan a la promoción de este medio de transporte como la única o principal alternativa para movilizarse en la ciudad. Claras muestras de esto son las millonarias inversiones que se han hecho en autopistas v/s el “franciscano” presupuesto con el que se mal-implementó Transantiago, nuestro sistema de transporte público estrella, que hace rato superó el valor de 1 dólar por viaje. Tampoco olvidar la grosera deuda que existe con el transporte público en las otras ciudades de Chile o la pésima calidad con la que se han implementado “ciclovías”.

El exceso de autos particulares en las calles no sólo afecta a quienes van en transporte público, extendiendo sus viajes en tiempo producto de la congestión, si no que los mismos automovilistas se encuentran enfrascados a diario en tacos y el consiguiente aumento de tiempo en los viajes y mal rato.

Quienes tienen o conducen autos, ¿son mas importantes que quienes optan por otros medios de transporte, como para recibir todos los esfuerzos, legales, de infraestructura vial y las loas sociales? ¿Trae el uso del auto mayores beneficios al funcionamiento de la sociedad, a la calidad de vida, al espacio urbano, a las relaciones sociales? La respuesta es NO.

Espero que en el mediano plazo podamos cambiar el rumbo hacia una cultura y una política de estado que permita ejercer con propiedad el derecho a la movilidad. Una sociedad donde no existan ciudadanos de primera o segunda clase según el medio de transporte que utilizan.

Ya es hora que el Estado salde su deuda con los ciudadanos y la movilidad no sea un problema, si no un derecho, subvencionado y garantizado, con políticas que privilegien el transporte público de calidad y a un precio asequible. Que no haya obstáculos y barreras para quienes caminan o pedalean y menos para quienes por cirscunstancias de la vida, tienen una movilidad reducida.

Se requiere de un Estado que fomente la práctica del pedaleo, el ejercicio de la movilidad independiente y libre en bicicleta, donde adultos mayores, niños, adolescentes todos, seamos ciudadanos iguales.