Opinión
12 de Noviembre de 2011
Los Hermanos Bielsa
Columna de María O`donell para El País de España Cuando lleguen las fiestas, los hermanos Rafael, Marcelo y María Eugenia Bielsa (enumerados por orden cronológico) se encontrarán en la provincia de Santa Fé para celebrar Navidad o Año Nuevo en casa de sus padres, como manda la tradición familiar. Siete Vientos se llama el hogar, […]
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Columna de María O`donell para El País de España
Cuando lleguen las fiestas, los hermanos Rafael, Marcelo y María Eugenia Bielsa (enumerados por orden cronológico) se encontrarán en la provincia de Santa Fé para celebrar Navidad o Año Nuevo en casa de sus padres, como manda la tradición familiar. Siete Vientos se llama el hogar, ubicado en las afueras de Rosario, la ciudad donde crecieron; está cerquita del río y el nombre es un homenaje de los abuelos a sus siete nietos.
Marcelo llegará desde España, donde atraviesa un gran momento profesional en el Athletic de Bilbao. La bienvenida a la liga incluyó un empate en un partido para la historia con el Barcelona, y el reconocimiento a su trabajo por parte de Pep Guardiola, con quien comparte una filosofía de juego y de vida: ambos se mostraron felices y rendidos ante la belleza de un partido bien jugado, aún cuando ninguno de los dos había ganado. Como dice la bajada de un muy buen libro sobre el técnico -“La vida por el fútbol”, escrito por el periodista Román Iucht-, Marcelo se puede considerar “el último romántico” (o uno de los últimos) de su profesión.
María Eugenia, arquitecta, docente y ex vicegobernadora de la provincia, encabezó en el año que termina la lista más votada para diputados provinciales en Santa Fé, y quedó ubicada como la principal promesa del peronismo para recuperar en un tiempo cercano la gobernación, ahora en manos del Partido Socialista.
Rafael sufrió un tropezón: no le alcanzaron los votos en las elecciones internas para presentarse a disputar la gobernación, y está algo alejado de la política. Regresó a trabajar a tiempo completo en el estudio de abogados (uno de esos importantes, con oficinas con vista al Río de la Plata en el centro de la ciudad de Buenos Aires) que lo contiene en la profesión desde terminó su período como canciller.
Cuando llamo a Rafael por teléfono para contarle que me intriga la dinámica de la relación entre los Bielsa, me cuenta que las charlas familiares, por mandato de los padres, casi nunca giran alrededor de las profesiones de cada uno, aunque uno, dos o los tres estén atravesando momentos de mucho éxito o de mucha exposición pública.
Ni Rafael Pedro, un abogado bohemio apodado “El Turco”, ni Lida, una profesora de hostoria más conocida como “Toti”, toman tan en serio las carreras de sus hijos, dicho esto en el mejor de los sentidos: quiere decir que la ponderación del afuera no es lo que pesa en la mesa familiar. “Se interesan más por los nietos (cuatro aporta Rafael, dos Marcelo y uno María Eugenia) y por nosotros como hijos, mucho más que por los profesionales que somos”, dice Rafael.
A no exagerar: tampoco estamos hablando una familia estilo Ingalls; si el sacrificio y la actitud recta, fiel a los principios de cada uno, son parte de la conducta esperada entre los Bielsa, el conocimiento y el estímulo intelectual también forman parte de la exigencia para un legado poco convencional.
El apodo de “El Loco” es portado por los tres hermanos y viene de varias generaciones. El primer “loco” de la familia fue el abuelo Rafael, un abogado excéntrico que se consagró como una eminencia en derecho administrativo y le dio prestigio al apellido (más de una calle fue bautizada en su honor, y un aula de la facultad de Derecho también lleva su nombre).
“La nuestra fue una infancia intensa. Crecimos en un barrio bien de clase media de Rosario, de lunes a viernes, y los fines de semana se pasaban en la casa del abuelo Bielsa, con una familia bien patricia y bastante intelectual. Por ese ida y vuelta, ahora nos sentimos cómodos en muchos ambientes, valoramos a las personas y no sus entornos”, dice Rafael. De repente, me está hablando en nombre de los tres hermanos: “Es que nos comportamos parecido frente a situaciones parecidas: tenemos una identidad de conductas”, explica.
¿Qué más comparten? Son obsesivos y perfeccionistas, rasgos que son herencia de la mamá, quien les inculcó la siguiente idea: si logran algo sin luchar, luego no sabrán cómo conservarlo. La camaradería al estilo los tres mosqueteros también funciona entre los Bielsa. Siendo ya un señor mayor y conocido, Rafael recuerda haberse trompeado al menos dos o tres veces en la calle por defender el buen nombre de su hermano.
Ocurrió después de la eliminación de la selección argentina del mundial de Corea y Japón, en el 2002. La decepción no pudo ser mayor: el equipo que dirigía Bielsa había llegado como favorito, después de jugar una eliminatoria impecable, y no pudo pasar ni la primera ronda, quedando afuera del mundial después de un empate ¡contra Suecia! Si un desconocido, por la calle, le mencionaba a Rafael de mala manera el fracaso de su hermano, él se iba a las manos.
La rivalidad, asegura el canciller que recorrió el mundo entre el 2003 y el 2005, no es un problema entre ellos. A juzgar por su presente, María Eugenia podría ser la próxima candidata a la gobernación: “Sería un lujo. Tiene una conducta irreprochable, es muy suelta, muy negligé y tiene una cabeza importante”, dice el hermano que intentó sin éxito llegar a ese lugar.
Muchos programas de televisión intentaron juntarlos frente a una cámara, pero ellos se resisten. Como excepción, Marcelo aceptó este año dar una clínica sobre el deporte en una actividad que formaba parte de los actos de campaña de su hermano Rafael. La menor, María Eugenia, pasó a saludar, pero no pude encontrar una foto de los tres juntos que haya sido publicada. El álbum es sólo familiar.




