Las Isapres son empresas socialmente cuestionadas, tanto por el mundo ciudadano como por parte de la institucionalidad política del país (Tribunal constitucional). Como cualquier otra empresa, ellas buscan producir ganancias a sus accionistas a partir del servicio que ellas realizan, que es entregar “aseguramiento” financiero a sus “clientes” para acceder a los servicios de salud. Un problema de los seguros privados de salud, es que para producir estás ganancias, la salud deja de entenderse como un derecho fundamental, y se transforma en una “cosa” que puede ser adquirida en el mercado, esto implica generar prácticas que discriminan y segregan a la población, aumentando aún más los problemas de la desigualdad existente en Chile.

Rafael Caviedes, directivo de la Asociación de Isapres, planteaba que las Isapres están siendo víctimas de la legislación. Este es una aseveración completamente alejada de la realidad, las Isapres desde su nacimiento el año 1981 no han contado con una regulación adecuada y por ende tampoco con una fiscalización acorde al rol que estas empresas realizan en el país. Durante los años de la dictadura no tuvieron ningún tipo de control, y recién el año 1990 se crea la Superintendencia de Isapres.

Sin embargo, es en el año 1995 cuando se comienza a transparentar el uso de las tablas de factores de riesgo algo que las Isapres utilizaron desde su nacimiento. Estas tablas son un indicador que pretende establecer la probabilidad de requerir atención médica y estable al costo promedio de los diferentes grupos que mide. Por medio de este mecanismo las Isapres han generando una tarificación basada en los riesgos de la población, lo que implica discriminar por género, edad, o condición de salud.

Al ser la “selección de riesgo” un factor fundamental al interior de la industria de seguros privados, se generan los incentivos para que las empresas no “compitan” por entregar una mejor cobertura o un mejor plan de salud, al contrario la competencia en esta industria se basa en cuál de estas empresas tiene una “cartera” de afiliados con menos “siniestralidad”, dicho en chileno, compiten para quedarse con los más sanos y con una billetera más grande. Aquellos que se ven afectados por esta lógica discriminatoria son condenados a ser “cautivos” de la Isapre, o terminan siendo “desechados” del sistema una vez que sus planes se convierten en una carga financiera insoportable.

El fallo del Tribunal Constitucional eliminó de la tabla de factores de riesgo la discriminación por sexo y edad, bajo la argumentación de que las Isapres son parte de la seguridad social y por ende deben comportarse bajo sus principios. Este el principal aspecto por el cual el Sr. Caviedes se percibe como “víctima” frente a algo que nos puede parecer totalmente razonable.

Otro aspecto que hay que considerar es la creciente concentración económica al interior de la salud privada. En 1990 existían 21 isapres abiertas y 13 cerradas y transcurridos 22 años, están quedando 7 abiertas y 9 cerradas. Pero esto no se queda solamente en la reducción del número de empresas ya que los grupos económicos que controlan a las isapres, al ver el grado de rentabilidad del “negocio” de la salud, han formado holdings que agrupan tanto a las clínicas privadas como a las mismas isapres.

A modo de ejemplo, veamos el caso de “Empresas Banmédica”, holding controlado por el grupo Fernandez-Leon y empresas PENTA (Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín). Este holding es dueño de dos Isapres -Isapre Banmédica S.A. e Isapre Vida Tres- y entre ambas controlan un 25,6% del mercado, con un total de 387.354 cotizantes y 350.869 cargas.

Empresas Banmédica además es dueña de una gran cantidad de clínicas y prestadores de salud, donde destacan, la Clínica Santa Maria, Clínica Dávila, Vidaintegra, Clínica Alameda, Clínica Vespucio, Clínica Biobio, Clínica Ciudad del Mar y HELP (también tiene porcentajes importantes en más clínicas nacionales e internacionales). Las utilidades durante el 2011 de este holding alcanzaron la cifra de $43.326 millones de pesos (http://www.empresasbanmedica.cl/EstFinancieros/Analisis%20Razonado%20Diciembre%202011.pdf).

Este tipo de salud que se ha construido y perfeccionado desde el año 81 no podemos seguir manteniéndola. La salud es un derecho humano fundamental y en Chile la hemos convertido en una fuente de enriquecimiento sin precedente para un puñado de accionistas de estos grandes conglomerados económicos.

Claramente, ante la pregunta de si las Isapres son las víctimas o los victimarios, no hay otra respuesta posible que decir que las isapres y los grandes holdings de salud que las controlan son los victimarios que han esquilmado la salud como derecho humano, convirtiéndola en una “cosa” que puede ser adquirida en el mercado.

Tenemos el deber ético de transformar la salud en nuestro país, asegurando constitucionalmente nuestro derecho a la misma, fortaleciendo a la salud pública, generando cambios en la forma de financiarla y generando procesos que tiendan a producir mayor participación y democratización en la salud de nuestro país.