El mito popular dice así: Kevin Carter, fotógrafo sudafricano, saca una foto que se gana el Pulitzer. En ella, una niña agoniza mientras un buitre aparece en segundo plano, como esperando la hora de almuerzo. Carter espera más de 20 minutos para lograr el encuadre perfecto. Carter es criticado por no ayudar a la niña y termina suicidándose por la culpa.

Algunas partes de esta historia son reales. Pero no todo. Carter no se suicidó por la culpa. Al menos así lo han hecho saber sus amigos y ex colegas.
Efectivamente, Carter se encontraba junto a otros fotógrafos haciendo su trabajo en Sudán en 1993, más específicamente en la aldea de Ayod. También es verdad que saca la mundialmente famosa foto. Es cierto que gana el Pulitzer en 1994 y que muchos detractores le caen encima.

La polémica:
Muchos llaman a The New York Times, donde se publicó la fotografía en 1993 para saber el destino de la niña. El editor responde que la pequeña había logrado llegar a un Centro de Alimentación, pero que más allá de eso, no se sabe qué pasó con ella. El mundo se indigna. Scott Macleod publica una editorial en El St. Petesburg Times de Florida en el que señala: “El hombre ajustando su lente para lograr el encuadre perfecto del sufrimiento de la niña, bien podría ser un predador, otro buitre en la escena”. La hija de Carter lo defiende: “veo a mi padre como la pequeña niña y a todo el resto del mundo como el buitre”. La polémica crece a escala farandulera.

Mito 1: La nota suicida
El 27 de julio de 1994 Carter se suicida con el monóxido de carbono de su auto. Una carta que da vueltas al mundo dice algo así: “querido Dios, prometo que ya nunca botaré mi comida, sin importar lo mala que esté o lo satisfecho que me encuentre. Rezo para que él proteja a este niño de las miserias y ruego porque seamos más sensibles al mundo a nuestro alrededor, sin cegarnos por nuestra naturaleza egoísta e intereses propios” y un par de líneas más esperanzadoras, casi como discurso de Miss Mundo.

Mula. Eso fue agregado tiempo después en una cadena de cartas o mails que tanto nos gusta recibir. La verdadera nota de suicidio habla sobre el sufrimiento que ha guardado a lo largo de su carrera y que estaba completamente en quiebra: “He llegado a un punto en el que el sufrimiento de la vida anula la alegría. Me persiguen los recuerdos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Me persigue la pérdida de mi amigo Ken”. Se refería a su amigo Ken Oosterbroek y si sigue leyendo puede saber quién es y qué le pasó.

Mito 2: La niña agonizaba
¿Estaba la niña muriendo? Sí, estaba muriendo como todos los niños en condiciones de extrema pobreza en África están muriendo. ¿Iba a morir en los próximos cinco minutos? No. La niña se había alejado del grupo familiar para ir a defecar. Así es, la niña en la foto está cagando.
Dada su desnutrición, toma esa posición media fetal para hacer el esfuerzo que requiere. Así lo dijeron Joao Silva y Luis Davilla, quienes también se encontraban en el lugar. De hecho, Davilla toma una foto muy parecida, de una niña sentada con unos buitres más atrás que no gana el Pulitzer.

Además, la niña no era niña. Era niño. Y ¿qué importa? Que el niño se llamaba Kong Nyong y murió en 2008 a causa de “fiebres”. Así lo confirmó el diario El Mundo, quienes viajaron en busca del joven y encontraron a su padre.

Lo cierto es que Carter sabía que el niño había llegado a un Centro de Alimentación porque vivía en uno. De hecho, Carter llega a Ayod con una misión de la ONU que iba a entregar comida. Y si le ponemos atención a la foto, veremos una pulsera de plástico, del centro de alimentación de la ONU, en la mano derecha del niño. Si la ve en súper mega resolución, se lee “T3” en la pulsera. En el diario español Florence Mourin, coordinadora de los trabajos en ese lugar señala que la T significaba malnutrición severa y el 3 marcaba el orden de llegada al Centro.

Ese día, los padres se habían despreocupado de los niños para ir buscar los alimentos y Carter y sus compañeros fotógrafos se habían alejado en busca de imágenes.

Mito 3: La culpa
Cuando Carter se suicidó, estaba profundamente deprimido. Pero eso no se debía exclusivamente a la fotografía en cuestión ni a la crítica. A Carter le penaban todas las terribles escenas que había presenciado en su vida como fotógrafo en zonas de guerra. Esto lo llevó a las drogas y el alcohol. Además, no tenía ni un peso y unos días antes, su amigo y también fotógrafo Ken Oosterbroek, había muerto de un disparo durante un ataque mientras trabajaba en Thokoza (Sudáfrica). Tanto Carter como Oosterbroek, más Joao Silva y Greg Marinovich (también herido en el ataque en que muere Oosterbroek) formaban un grupo de amigos conocidos como The Bang Bang Club. El documentalista Steven Silver realizó en 2010 una película de ficción basada en las historias de este grupo que mayoritariamente desarrolló su carrera cubriendo los horrores del Apartheid.