“El Reemplazante”, la nueva serie que transmite TVN, se craneó durante los últimos meses del 2010. Entonces, cuando la educación en Chile todavía no era tema, los creadores pensaron en una serie sobre un personaje que se encuentra con un mundo desconocido: la realidad de los colegios de periferia, donde no llega el chorreo del desarrollo ni la buena educación.

La historia es la siguiente: Javier Bertossi, entonces un estudiante de periodismo, tiene una idea en un taller de guión. La idea le gusta a Ignacio Arnold, profesor del taller, y le propone realizarla. Luego entra Nimrod Amitai y con el tiempo, los tres aparecen durante un par de segundos en los créditos iniciales de “El Reemplazante”, la nueva serie de TVN que aborda el problema de la educación en Chile.


La serie cuenta la historia de Charly, el reemplazante del profesor de matemáticas quien, después de haber hecho un mal negocio en Sanhattan, llega a un colegio de Pedro Aguirre Cerda donde se topa con los márgenes del sistema educacional. Hoy, cuando los estudiantes siguen saliendo a la calle a exigir una educación de calidad, una serie así cae de cajón. Pero el tema no era tan evidente el 2010, momento en que los guionistas golpearon puertas para proponer el proyecto a los canales de televisión.

“Esto se craneó antes de todas las marchas estudiantiles, y cuando las marchas empezaron a surgir, el proyecto agarró más fuerza y yo creo que eso lo fue acelerando”, cuenta Ignacio Arnold. TVN, el canal estatal, apostó por el proyecto, y junto a Parox Producciones y Palta, productora de los creadores, postularon a un fondo del Consejo Nacional de Televisión. “Con el movimiento estudiantil, el tema empezó a estar en la agenda pública. De hecho, había un diálogo que escribimos en el piloto para postular al fondo donde la directora del colegio se acerca a Charly y le dice ‘te voy a contar un secreto, la educación pública está en crisis’”.

Y claro, la educación pública sí estaba en crisis. El tema empezó a llenar las portadas de los diarios mientras Arnold, Bertossi y Amitai estaban encerrados tratando de crear una serie que fuera realista, cuyos personajes no fueran una caricatura del personaje popular.

Como ninguno de ellos viene de ese mundo, se abocaron durante cuatro meses a investigar: visitaron colegios, conversaron con profesores y estudiantes y de a poco fueron desentrañando el mundo de la educación particular subvencionada, esa que nació con Pinochet.

“En un comienzo pensábamos en el colegio como una escuela municipal, pero luego vimos que el colegio particular subvencionado era lo que se adecuaba a lo que imaginábamos, porque ahí aparece la figura del sostenedor”, cuenta Amitai. “¿Y alguno de ustedes estudió en un colegio así?” “No”, responden al unísono. Ellos, al igual que Charly en la serie, se toparon con ese tipo de colegios durante esa investigación. Y esa primera impresión de ver en vivo algo que sabían que existía fue la que plasmaron en Charly durante el primer capítulo, cuando entra por primera vez a una sala de clases y se pregunta: “¿Qué es esto? Yo nunca lo he visto. No pensé que existía”.

Segundas oportunidades

Las movilizaciones estudiantiles le dieron vuelo a la serie. Incluso ahora, donde se ha resaltado aquel aspecto para promocionarla. Sin embargo, para los creadores la única intención era contar una historia, no denunciar un sistema. “El problema de la educación estaba en el aire”, dice Javier Bertossi, el más joven de los 3, cuyo último año de universidad coincidió con las marchas más masivas de los últimos 20 años. “Era cosa de salir a la calle para darse cuenta”. Arnold agrega: “Pero lo nuestro es contar historias. No hay un rol social o político para cambiar el mundo, nosotros queremos contar buenas historias. Historias creíbles que lleguen a muchas personas, que les hagan pensar y discutir y entretenerse. Aunque si de pasaíta se da un mensaje que sirve, mejor”.

En “El Reemplazante”, el personaje de Charly se topa sin querer con los subproductos del sistema que él sustentaba, aunque para los guionistas lo fundamental era mostrar el contraste entre dos mundos que pertenecen al mismo país, incluso a la misma ciudad. “No lo vimos como una causa–efecto, de que porque existiera Sanhattann existiera educación de mala calidad en Chile. Buscamos un contraste, como el que vive mucha gente que se topa con realidades que no son cercanas a ellos. ‘El Reemplazante’ es fundamentalmente una historia de segundas oportunidades”.

Con dos capítulos emitidos, “El Reemplazante” ha logrado pelear el segundo lugar en el rating compitiendo con el reality de Canal 13 y la teleserie de Megavisión. En Twitter la gente comenta la realidad que tiene la serie, donde además de un profesor reemplazante, hay un grupo de estudiantes que no pesca el colegio porque simplemente no tienen completamente claro cuál es la utilidad que sacarán de él. “Hay un minuto en que muchos jóvenes piensan ‘¿qué hago? ¿Sigo estudiando? ¿Termino? Si igual no voy a llegar a la universidad. Quizá todo este tiempo sería mejor invertido si trabajo’”, dicen Nimrod Amitai respecto al problema de la deserción escolar que se ve en la serie.

“Y nosotros hablamos con muchos jóvenes con ese problema. Hablamos también con profesores para preguntarles si ciertas situaciones eran creíbles. Y ellos nos decían ‘sí, puede ser’ o ‘no, eso no pasaría’ y ahí escribíamos”. Eso, para los creadores, fue fundamental para la serie. Una serie que, para bien o para mal, es demasiado real.