Tom Schaar creció viendo a grandes figuras del skate como al ultra famoso Tony Hawk, Danny Way, Bob Burnquist y Shaun White. Pero después de que Schaar lograra aterrizar un 1080° (tres vueltas completas en el aire), pasó a ser un ídolo más. Hawk y Burnquist lo felicitaron y ahora es patrocinado por las marcas más importantes dentro del skate. La próxima semana llega a Chile para participar en los Pro Games, aunque su mamá aclara al teléfono a The Clinic Online desde su casa en Malibú que va a tener que llegar todos los días al hotel a hacer tareas.

Su rutina parte con el colegio todos los días. A las 14:30 llega a la casa y sale a patinar por tres o cuatro horas. Después vuelve a la casa, come en familia con sus padres y su hermano mayor y así otra vez. Hasta que se cruzan los viajes por el mundo, las giras, los campeonatos y las exhibiciones. Toda la locura por el 1080° partió con Tony Hawk, cuando en 1999 -con 30 años- logró hacer el primer 900° de la historia (dos vueltas y media). De ahí a los videojuegos y la riqueza.

Desde entonces los skaters con las trayectorias más reconocidas lo habían intentado sin éxito, hasta que el 26 de marzo de este año, el joven Tom Schaar saltó de la rampa más grande del mundo, dio tres vueltas en el aire y aterrizó. Ni él mismo parecía creérselo. No había sido un trabajo fácil. Le había tomado un año solamente acostumbrarse a la rampa, ya que solía elevarse un par de metros sobre el borde de las rampas, pero no cuatro o cinco.

El día que finalmente logró la hazaña, dice que llevaba dos vueltas y se dio cuenta de que aún le quedaba un metro. Mientras giraba, no sabía si iba a lograr caer de pie: “no estaba seguro de si iba a lograrlo. No sabía si iba a aterrizar o no, y fue grandioso. Fue sorprendente, porque pensé que me iba a tomar para siempre el poder hacerlo. Había estado practicando antes y estaba muy enfocado en poder lograrlo”, dice.

Gracias al 1080°, a Tom Schaar le llovieron patrocinadores. Entre ellod, Red Bull, DC Shoes y Element, quien ya le diseñó su propia tabla. Pero Tom no quiere tomárselo demasiado en serio, ve en el patinaje una forma de diversión. Con sus 12 años y una tímida voz dice: “o sea, definitivamente me gustaría ganarme la vida así y también quiero ir mejorando, pero patino para divertirme, para pasarlo bien”.

Así fue como se metió en el skate a los cuatro años. Su hermano John lo comenzó a hacer porque sus vecinos patinaban, y como Tom admiraba a John, él quiso intentarlo también. Sus papás, lejos de tener problemas, están chochos con los logros de su hijo. Sobre todo su mamá, que contesta el teléfono tan cariñosamente como si se tratara de un pariente y empieza a contar que su hijo está muy emocionado de venir a Chile: “a mis papás siempre les gustó que patinara porque estoy practicando un deporte nuevo… bueno, no nuevo, pero un deporte que amo”, dice Tom, quien destaca que no es de los que patina en las calles, sino que practica religiosamente después del colegio en un parque de skate.

Algunos han dicho que su tamaño es una gran ayuda para lograr la hazaña. Él dice que sí, pero que a la vez tiene una desventaja: “es como parejo, porque los chicos que son más grandes y pesan más pueden agarrar más velocidad. Si eres más chico puedes girar más pero no puedes ir tan rápido como los demás”. De todas formas, no quiere quedar enmarcado para siempre como el “niño del 1080°”.

De hecho, su disciplina favorita del skateboard es hacer “bowl”, que nace de los jóvenes que en los ’70 comenzaron a usar piscinas para patinar. Ahora los parques y competencias tienen estructuras que las imitan y en las que se realizan diversos trucos. El campeón del Pool Party 2010, Steve Caballero, lo explica así: “cuando patinas en una piscina, básicamente la miras y visualizas distintas líneas y visualizas distintos trucos que puedes hacer y distintas áreas. Y tratas de poner esas visiones en acción”. Omar Hassan, campeón del 2006 destaca que le gusta “patinar el bowl como una piscina, no como una rampa”. Es precisamente eso lo que más le gusta a Schaar, la posibilidad de hacer algo distinto cada vez: “mi parte favorita de patinar es hacer bowl. Me encanta hacer eso porque siempre puedes ir dibujando nuevas líneas y encontrando nuevas cosas”.

De hecho, antes de llegar a Chile, se encuentra trabajando y perfeccionando su estilo: “estoy trabajando en las áreas en que soy débil, como las líneas y esas cosas. Y estoy tratando de mejorar en las cosas que no soy tan bueno. Partí patinando en bowls y ahora estoy mejorando en eso y es genial, ha sido muy divertido porque estoy aprendiendo muchos nuevos trucos en todas partes”.