Milan jugaba un partido amistoso contra Pro Patria, y a los 26 minutos del primer tiempo, Boateng estalló de bronca. Detuvo el juego, agarró la pelota con las manos y tiró un pelotazo a la tribuna. Después discutió con el árbitro, se sacó la camiseta y se fue al vestuario.

Como no pudieron convencerlo para que siga jugando, los compañeros también se fueron de la cancha y el partido debió ser suspendido.

El Pro Patria, fundando en 1919 en la ciudad lombarda de Busto Arsizio, juega en la cuarta división del fútbol italiano, y en octubre de 2012 había recibido una multa de 5.000 euros por discriminación racial.

El entrenador del Milan, Massimiliano Allegri, dijo que la retirada de sus futbolistas fue una “decisión correcta”, y agregó: “Tenemos que acabar con estos gestos no civilizados. Italia tiene que mejorar y los italianos tienen que ser más educados y más inteligentes”.

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