Pasados las seis de la tarde del lunes, la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso estaba repleta. Tan repleta y con tanta gente que no alcanzó a entrar y se quedó afuera del aforo, que la organizadores del “conversatorio” presidencial con Marcel Claude se vieron obligados a sacar al economista del salón y llevarlo a la Plaza Sotomayor.

Minutos después, sobre una mesa y a grito pelado -solo después de unos minutos le prestaron un megáfono- el candidato presidencial del Partido Humanista se despachó un discurso ante unas 1.500 personas que le dieron un aplauso cerrado.

“Fue totalmente espontáneo, motivado por los estudiantes y las redes sociales” dice unos minutos antes de entrar a otro foro, esta vez en la UTEM de Macul con avenida Grecia, nuevamente ante un salón repleto.

Son los días de despliegue de la campaña presidencial de este economista de 56 años, el único candidato que entra a universidades en toma y que marcha junto a los estudiantes sin recibir escupitajos ni patadas.

“Vamos a ganar. No hay ningún candidato que, como yo, llene aulas universitarias sin regalar chocman, sin acarrear, sin los buses. Aquí lo que motiva es la esperanza de un hecho político de transformar Chile y realizar cambios significativos. La gente está cansada de ser instrumentalizada para que otros accedan al poder”, dice sobre la efervescencia que genera en aulas y facultados de todo Chile.

Proceso constituyente

Renunció al PPD a mediados de 1995 por “profundas diferencias ideológicas” y este año el egresado de Ciencias Económicas de la Universidad de Chile se alzó como una alternativa a los candidatos tradicionales y empezó, de a poco, a ganar terreno en medio del crispado ambiente político partidario.

“Lo que pasó con MEO fue un primer destello de ese descontento. Pero no era muy claro en ese momento por qué la gente estaba descontenta. Lo que vino a parametrizar la molestia fue el movimiento estudiantil. Ahora, yo tengo mis diferencias: MEO y Parisi están en la estratósfera. Son como príncipes que emergen de sus respectivas posiciones, de un partido y están instalados en el establishment. Son díscolos, uno de la Concertación y otro de la derecha. La diferencia con esas candidaturas es que nosotros llevamos 20 años trabajando. Yo no salí ni del parlamento, ni de la oficina del empresario Max Marambio”, dispara.

De esa desconfianza que generan los candidatos tradicionales en el movimiento estudiantil, Claude se sacude y sale jugando. En los foros debate con los estudiantes y luego termina sacándose fotos con ellos. Recibe apoyos espontáneos en la calle, en el metro y los comentarios -siempre importantes- de los taxistas.

Con un comando armado en la sede del Partido Humanista y una lista parlamentaria que está en construcción, Claude apunta a un proceso constituyente que lo lleve a La Moneda, desde donde promete, antes de ir a almorzar a Cerro Castillo, firmar el proyecto para convocar a un plebiscito para una Asamblea Constituyente.

En su discurso está esa y todas las demandas de los movimientos sociales y no se arruga al citar el proceso que Rafael Correa llevó adelante en Ecuador.

“Tenemos una alta abstención, dos conglomerados que se hunden y candidatos que no prenden. Tú no puedes decir que no es momento para que una alternativa política se levante y se legitime. Eso le pasó a Correa. Estuvo siete meses con 2% en las encuestas. Después del primer debate presidencial subió al 10% y al final ganó la elección. Nadie puede decir que este tipo de candidaturas son testimoniales”, señala.

La sorpresa

Las esperanzas de Claude, que hasta ahora ha llevado adelante una campaña basada en invitaciones a foros y al apoyo a distintos movimientos sociales desplegados por Chile, están en resucitar a la gente que no está convencida de que Bachelet u otro los convenza de una verdadera alternativa.

Fue invitado al discurso del próximo 21 de mayo en el Congreso, pero él estará marchando en la calle. En sus discursos, despotrica contra Escalona, el “delincuente Golborne” y la constitución espuria de la dictadura. “Espero que los que tengan la peregrina y sucia idea de votar por Bachelet se den cuenta de lo que están haciendo”, dice y desata las risas entre los alumnos que al mediodía de ayer lo escuchan con atención en el patio de la escuela de administración pública de la U. de Chile.

“Ante qué fenómeno estamos hoy nosotros: una enorme cantidad de abstención. Y quiénes son los abtencionistas, jóvenes en su gran mayoría, estudiantes. Tienes además una sociedad politizada por movimiento estudiantil y hay cerca de siete millones de personas que no va a votar ni por la Concertación ni por la alianza. Yo no sé cómo predicen con tanta certeza que la Concertación va a retomar el poder si todos ellos no votan. Con suerte van a llegar a los cinco millones, entre los dos, si Dios es grande y los planetas se les alinean”, dice, seguro de su victoria.

Su análisis es que a ellos, los políticos tradicionales, no les augura un futuro muy esplendoroso. Signos, dice él, de que no tienen asegurada la rueda de la fortuna y que probablemente estén en presencia de un cambio histórico este año.

“Queremos avanzar a que Chile entienda que debemos migrar de esta sociedad del lucro, del nicho de negocios a la de los derechos consagrados. En este escenario, que no se sorprendan de la sorpresa que va a dar el pueblo chileno. Si acá no se trata de cambiar un presidente. Por primera vez en 40 años un pueblo toma la determinación de autogobernarse, de dirigir sus propias constituciones y no vivir según las que dictaminó el señor Jaime Guzmán, que está muy bien muerto, por cierto. Nosotros estamos seguros de que ya constituimos un hecho político, pero ahora tenemos que completarlo”, señala.