Vía Vice

Se ve que esto del bitcoin es como buscar oro pero, en lugar de pepitas, aquí lo que buscas es la solución a una gran ecuación. Una ecuación con 12 (¿?) millones de soluciones diferentes. Cada solución es un bitcoin y para encontrar una de esas soluciones en lugar de trabajar en la mina, pones una (o muchas) computadoras a trabajar. Al día de hoy minar/encontrar un bitcoin es prácticamente inviable. Pero puedes hacer otras cosas. Puedes comprar droga con bitcoins. O al menos podías hasta hace muy poco. Juan Ignacio se estuvo drogando gratis y de calidad durante un año entero.

VICE: ¿Cómo descubriste el mundo bitcoin?

Juan Ignacio: Supongo que mi fuente de información fue hacker news. Mi primera compra en el mercado fue de 200 euros, 20 bitcoins aproximadamente, en mayo de 2011, si no recuerdo mal. No quería especular sino apoyar el bitcoin como concepto.

Y enseguida encontraste ese eBay de la droga que era Silk Road.

Sí, básicamente eran vendedores y compradores, cada uno con su reputación y sus opiniones. Las principales diferencias con eBay eran el anonimato (evidentemente te podías registrar sin un email) y que el acceso se realizaba a través de la red Tor, que es como una capa por encima de internet que se utiliza para navegar evitando la censura de algunos países.

Entraste de cabeza, claro.

Claro, ya tenía mis bitcoins y o los gastaba en comprar productos informáticos que no necesitaba o acudía al mercado de la droga, que sí necesitaba. Jajaja. Mis tíos siempre dicen que la juventud de ahora es la que más y peor se droga. Yo siempre he estado de acuerdo con eso, por lo que se me abría una posibilidad interesante.

¿Recuerdas tu primer encargo?

Un par de gramos de M para la boda de un amigo. Fui conservador, busqué un vendedor español aunque no tuviera muy buenas críticas. El pedido llegó rápido. Provenía de Madrid así que en 24 horas estaba en casa. El precio era como en la calle, sobre 40 el gramo. Y cuando lo recibí apareció una sorpresa inesperada.

¿Un juguete para montar?

No. La sorpresa inesperada fue un packaging perfecto y creativo. El paquete llegó el día de la boda y me lo olvidé en casa de mi madre, que es donde me acicalé para el convite. Llamé a mi madre y le dije que por favor me lo trajera. No sospechó nada. El packaging estaba tan bien hecho que parecía un inofensivo producto de herbolario.

¿Cómo puntuaste a aquel dealer?

Fui generoso y le di un cinco (sobre cinco). Bueno es lo que se estila. Cincos o unos. Los locos no nos andamos con chingaderas. De hecho, después de aquella primera experiencia opté por subir la apuesta y busqué el M con mejores opiniones: 80% 90% de pureza, como los de antes.

¿Y bien?

Muy bien. La calidad era notable. No sé, igual nunca me moví en los mejores ambientes en el mundo real, pero nada que ver con lo que solía tomar. Unos cristales chingones y efectos muy positivos. Yo sobre todo lo noto a la hora de dormir. A poca anfetamina con que la corten ya me arruinan y hasta el descubrimiento del Silk Road lo pasaba mal.

¿A qué países pedías la droga?

Principalmente Bélgica, Holanda, Reino Unido… Y los packaging siempre seguían la misma línea ingeniosa y creativa. Como un pedido disfrazado de comunicado de la Universidad de Rotterdam, con su sobre real y todo. O uno que siempre mandaba una baraja de cartas con el premio escondido entre ellas. El dealer solidario de hachís merece una mención especial.

¿El dealer solidario de hachís?

Uno que vendía hachís nepalí y que garantizaba que el 50% de sus ganancias iban destinadas a un orfanato del pueblo donde producían el material. El güey metía los porros en una bolsita al vacío de las que son plateadas por fuera y negras por dentro, pero es que además de esa bolsita que ya de por sí es bastante segura (perros, rayos-x…) la metía en una caja de dvd de una peli que después etiquetaba con precio y todo. Había compradores de países cabrones para esto de la importación de drogas, tipo Australia, que recibían el paquete ¡tras haber sido inspeccionado por aduanas! Una cosa que descubrí con Silk Road es de que el hachís en España es bueno y barato.

¿Y la coca?

En la coca el precio estancado que tenemos en España desde los años noventa es algo raro. Cualquier cosa que se acercase a los 50/60 euros por gramo la gente daba por hecho que le estaban dando placebo. Encontré a un tipo que la traía directamente de Perú o Bolivia. Te contaba todo el proceso, porque si tú vas allí no es tan fácil conseguir coca limpia, pero el güey tenia pequeños batch [lotes] y sólo daba acceso a compradores con más de 20 compras. Justo cuando consiguió un nuevo lote y yo conseguí mi compra número 20 agarraron al administrador de Silk Road, y le cerraron el chiringuito. Lo que más me jodió fue perder mi veteranía.

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