LA PRENSA Y CASTRO

“Un tirano menos en América. Batista huyó donde Trujillo. Saqueo y pillaje en La Habana”, decía el titular de La Tercera el 2 de enero de 1959. En el interior se informaba sobre la entrada de las tropas rebeldes en La Habana y se mostraba a guerrilleros descansando. Uno de ellos era el Che Guevara. La fuga del dictador era narrada con crudeza: “Batista y su banda huyen como ratas”. Todo esto, incluyendo los saqueos y el caos que se vivía en la capital cubana durante esos días.

La Segunda, el conservador vespertino de la familia Edwards, destinó gran número de páginas a hablar con entusiasmo del tema, incluso tildando a Fidel como “el héroe de la jornada”, y destacando “las atrocidades del régimen de Batista”. El dos de enero, en su portada, el diario acompañaba la noticia del ingreso de los barbudos a la ciudad con la foto de un “jubiloso rebelde” que bailaba. En un pequeño recuadro se informaba que la embajada chilena estaba recibiendo asilados.

En el interior se entregaba información sobre el tenso ambiente y los saqueos que se vivían en La Habana. “Hay en esa capital millares de exaltados, sedientos de venganza contra los que representaron al gobierno, que odiaban desde hacía tanto tiempo”, decía La Segunda. La designación de Manuel Urrutia como presidente era explicada usando las palabras de Fidel, que había dicho ser un hombre sin ambiciones personales.

Para El Diario Ilustrado, del Partido Conservador, las cosas tenían un aire épico: “Triunfal entrada a La Habana de vanguardia revolucionaria”. Todo, acompañado de vítores populares. La violencia en La Habana, aclaraba el periódico, se dirigía a “residencias y oficinas de colaboradores de Batista”.

El Mercurio hacía eco de la prensa internacional que celebraba la caída del dictador y, siempre comedido, se limitaba a informar: “Fuerzas de Castro iniciaron la ocupación de La Habana después de violenta lucha”. También en portada, se entregaba información sobre cómo EEUU se alistaba para evacuar a los norteamericanos de la isla, aunque se especificaba que en la Casa Blanca no existía temor respecto a la seguridad de esos ciudadanos. “El cambio de régimen no traería como consecuencia la nacionalización de las plantaciones de azúcar”, predecía el decano.
Ni El Siglo, del Partido Comunista, ni Clarín, de Volpone, dieron mucha presencia a los rebeldes en su titular principal, aunque lo desplegaron en sus portadas. Por esos días, el diario del PC estaba más preocupado del cohete no tripulado que la Unión Soviética había mandado a la Luna y el periódico de Saint Marie de un crimen pasional, en que una mujer había matado a su amante para defender a su padre.

El júbilo siguió los días siguientes. El célebre Tito Mundt, el 4 de enero, decía en su columna de La Tercera: “La Habana, capital del coraje”, y escribía: “Ay! Esa Habana es la que se ha cubierto de gloria una vez más. En la que han silbado el odio y el coraje y en donde se ha demostrado cómo se hace saltar a los tiranos cuando se quedan pegados con sangre en su trono”.

El diario, en el interior, incluía la arenga de Fidel a los habaneros: “estos tanques del pueblo estarán a la cabeza abriéndonos camino. Nada impedirá nuestra entrada”. La Segunda, por esos días, colocó en su portada al hijo del dictador Batista agarrado a combos con un detractor.

El 10 de enero, La Segunda informó de una insólita noticia: “Fidel Castro rechazó la venta de su barba: le ofrecían 28 millones”.

A esas alturas, la prensa nacional ya criticaba los fusilamientos en Cuba, como todo el mundo. El 13 de enero, se consignaba en La Tercera una promesa de Fidel: “Cuba seguirá siendo un país democrático: Castro”, titulaba una nota La Segunda. El comandante prometía elecciones en 18 meses.

El 20 y el 21 de enero, la portada de La Segunda contaba el primer encontrón entre el régimen castrista y el gobierno chileno. “Incidente en La Habana: trataron de detener a asilados por Chile”. Todo, a raíz de la salida de 21 asilados desde la legación, presidida en ese entonces por Emilio Edwards Bello.