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¿Qué tan grave es la crisis de la UDI?
Decir que es un problema grave es una obviedad, pero yo diría que es un problema que se suma a otras debilidades que se venían incubando en la derecha. Buscar la solución del problema Penta, y quedarse solo en eso, es un error. En Chile, desde el plebiscito del 88 hacia adelante uno puede ver que la derecha tiene consistentemente un electorado que anda alrededor del 40%, y eso significa que en Chile hay un electorado de centroderecha. La derecha hoy en día en Chile tiene un peso político estable y hay una demanda ahí que la dirigencia tiene que satisfacer. Eso trasciende la crisis del caso Penta y el impacto que pueda tener en dirigentes específicos.

¿Eso quiere decir que la derecha, antes del caso Penta, no tenía un proyecto político?
Después del retorno a la democracia y crecientemente en la medida de que las violaciones a los derechos humanos se fueron convirtiendo en un tema más presente, a la derecha la discusión política se le fue convirtiendo en algo incómodo. Eso nos fue llevando progresivamente a movernos de la discusión política a la discusión de las políticas públicas, y luego al proyecto del “cosismo”, que fue una manera muy inteligente y oportuna de hacerle una finta a la discusión política. Implícito en el “cosismo” estaba el discurso de la eficiencia, pero luego esto generó efectos no deseados, porque quedamos solo reducidos a una promesa gerencial: le ofrecimos al país el mejor gerente y no el mejor Presidente.

La mejor empresa…
Yo no diría eso. Estoy usando el concepto gerente en el sentido de que si uno toma la Constitución, dice que “el gobierno y la administración del Estado corresponden al Presidente de la República”. El gobierno es la atribución plenamente política y la administración es algo más bien técnico. Nosotros progresivamente como sector nos fuimos concentrando en la administración del Estado y eso desembocó en ser visto como un sector que más que ofrecer al país un proyecto de sociedad, le ofrece un proyecto de organización económica. Y eso, no solo fue insuficiente, sino que nos llevó a incurrir en el error más grave de todos, que fue pretender hacer una mixtura entre tomar parte del diagnóstico de la izquierda con soluciones propias de la centroderecha. Así, hicimos propio el discurso del abuso y no controvertimos el discurso de la desigualdad. En el gobierno del Presidente Piñera hubo algunas señales políticas que calzan con esto.

¿Cómo la frase de los cómplices pasivos?
Como lo de los cómplices pasivos, lo del rol que se le dio al Sernac, o la actitud que se tuvo frente a ciertos proyectos energéticos. Hubo una preocupación por mostrarle al país que éste no era un gobierno de los empresarios.

¿La derecha no representa a los empresarios?
No, pero en todas partes del mundo esa asociación existe. Lo que pasó acá es que eso se potenció y no tuvo discusión. Nosotros tenemos que idear un discurso que se construya sobre la justicia y la legitimidad en la distribución de los bienes en la sociedad. Y no uso la expresión “bienes” en su expresión económica, sino en su sentido más amplio. Vale decir, cómo la sociedad distribuye las oportunidades y los privilegios. Dentro de eso, lo económico es sólo una arista. La propuesta de la izquierda es bastante clara, es la igualdad, pero en estos últimos 10 años eso ha tenido además una vuelta de tuerca conceptual, y se ha transformado en el combate a las elites. Ya no es el enfrentamiento entre la izquierda y la derecha, sino que entre el 1% y el 99%. La derecha debe oponerse a este discurso igualitarista, a la idea de que el poder y la riqueza están mal distribuidos.

¿La UDI tocó fondo? ¿Podría dejar de ser el partido más grande?
La UDI más bien tocó techo. Probablemente, el cambio en el sistema electoral hará que los niveles de representación sean difíciles de sostener, pero va a ser difícil anticipar cuánto de esa baja corresponde a los efectos del caso Penta.

¿Fue tardía la renuncia de Ernesto Silva?
Yo creo que estamos muy cerca todavía como para saber si fue muy pronto o muy tarde. Ernesto estuvo siempre enfrentado a una decisión muy compleja: renunciar y quedar como un presidente que arrancó, o aferrarse al cargo en exceso, y transformarse más en un problema que en la solución. Tengo la impresión de que su permanencia fue razonable.

¿Esto es una derrota para las nuevas generaciones?
Para eso uno tiene que evaluar la gestión de Ernesto, no su renuncia. Yo creo que el hacerse cargo de esta crisis valida a las nuevas generaciones en lugar de desacreditarlas.

¿Y qué pasó con los coroneles? ¿Dónde están?
Hay algunos que están fuera de la política y otros que están más identificados con otros proyectos, como Andrés Chadwick que uno lo ve hoy mucho más cercano a defender el legado del Presidente Piñera. Ahora, Juan Antonio Coloma y Hernán Larraín están en el Senado, y yo creo que han hecho un aporte muy prudente, pero no los veo desaparecidos.

¿Quiénes deberían tomar hoy día la batuta en la UDI?
No quiero hacer bromas con tus preguntas, pero no puedo dejar de recordar mi período de estudiante en un colegio católico y la canción que cantábamos en las misas: “juntos como hermanos, miembros de una iglesia”. Así vamos a resolver este problema. El asunto no está en quién debería ser el presidente de la UDI, porque en la primera fila del partido hay un grupo de dirigentes muy capacitados para tratar de enfrentar esta coyuntura. El punto es que todos los demás se alineen detrás de él y haya una sola estrategia. Más que definir si es Javier, Hernán, Juan Antonio, Francisco, o cualquier otro, lo que realmente me pregunto es si vamos a ser capaces de estar juntos detrás de ése, cualquiera que sea.

¿Te llama la atención cómo empezó todo este escándalo? Queda la sensación de que si a Hugo Bravo le hubiesen pagado el finiquito que decía que le debían, esto jamás se hubiese sabido.
Aparentemente las cosas terminan cuando se generan situaciones de crisis mayor, cuando se rompen los equilibrios de un sistema. Pareciera ser que uno mira al final, y encuentra que todo se rompió porque hubo un lío de faldas o porque el vil dinero ejerció una fuerza en un punto débil, y parece ser que en este caso fue esto último.

¿El dinero gana elecciones?
En la vida el dinero es importante, pero no es el único factor que por sí mismo determina las cosas. Si eso fuera cierto, la caricatura de que la derecha tiene muchos más recursos porque tiene vínculos con los empresarios y por lo tanto sus campañas son “millonarias”, en los últimos 25 años habríamos ganado más elecciones.

Ese ejemplo sirve en las presidenciales, pero en las parlamentarias la UDI sí ha ganado. De hecho es el partido más grande.
Es el partido más grande en términos relativos dentro del sistema político, pero en estos 25 años la derecha nunca ha tenido mayoría. Entonces, en términos agregados se da algo bastante equivalente a lo que ha pasado en las elecciones presidenciales.

En la formalización se habló en reiteradas ocasiones de corrupción, ¿se tiene la percepción de la UDI como un partido corrupto?
No creo que los chilenos vean a la UDI como un partido en esa línea, pero veo bastante peligroso el juicio crítico y desapego contra la política en general. El daño más grave que el caso Caval ha provocado, por ejemplo, fue afectar la imagen y la credibilidad de la Presidenta.

¿Te parece que Délano y Lavín son un peligro para la sociedad?
No creo que Carlos Alberto Délano sea un peligro para la sociedad, si Carlos Alberto Délano era hasta hace nada el presidente de la Teletón. Él es una persona que puede haber cometido errores, pero que tiene grandes virtudes humanas y empresariales.

No está en la cárcel por error, sino que por delitos que se le imputan.
No me corresponde hacer esas calificaciones, porque son jurídicas y con todo lo que vimos en la audiencia, sabemos que tienen distintas interpretaciones.

¿Crees que la transmisión de la audiencia por TV generó una presión sobre los jueces?
Indudable que la transmisión de las audiencias por televisión provocó un efecto en los jueces, es imposible que se sustraigan del efecto de la opinión pública. Pretender que eso no tiene influencia, no es realista.

¿Qué efecto podría generar en la ciudadanía si finalmente Délano y Lavín terminan en un juicio abreviado o sin pena de cárcel?
El juicio abreviado es una alternativa institucional. La justicia no se imparte en función de lo que es popular o impopular en la ciudadanía.

BACHELET Y LAGOS
El caso Caval logró lo que el terremoto no pudo: le quitó a Bachelet su popularidad y la dejó al nivel de cualquier político. ¿Puede recuperarse a los niveles anteriores?
El caso Caval fue un impacto exacto en el núcleo del discurso que el gobierno había tenido en su primer año de gestión. Vale decir, el discurso del lucro, del abuso, la desigualdad, eso que era el centro del proyecto del gobierno, queda en entredicho cuando se descubre que su hijo participó en un negocio especulativo con una ganancia gigantesca en un negocio en el que la gente cree que esa oportunidad solo la tiene por ser familiar de la Presidenta. La Nueva Mayoría de un día para otro se encontró con que la ciudadanía los ve como parte de los poderosos, de los que eventualmente abusan y obtienen un beneficio propio. El golpe a la popularidad de la Presidenta es estructural y le quitó esa imagen que hacía que hasta ahora todos dijéramos que ella era de teflón.

¿Su programa vale menos?
Yo creo que vale menos, porque el respaldo político de cualquier proyecto está en la credibilidad que la gente tiene.

¿Qué responsabilidad tiene Dávalos en todo esto?
Puede sonar injusto, pero las personas que tienen un vínculo de parentesco inmediato con las máximas autoridades políticas tienen que asumir una carga en sus vidas privadas. Creo que varias de las cosas que ocurrieron en este caso son evidentemente un error y una falta de criterio.

¿Quiénes ganan después del caso Penta y Caval?
El gran ganador de todo este episodio es Marco Enríquez Ominami. No creo que al día de hoy, por ejemplo, Ignacio Walker sea competitivo en una elección con MEO, y te lo digo a pesar de que yo políticamente soy mucho más cercano a Walker.

¿Y Ricardo Lagos?
Si hubiese un segundo ganador ese sería Lagos. Si llega en las mismas condiciones de salud que tiene hoy, Lagos es una carta presidencial viable en dos años más.

Podría darse una lucha entre Piñera y Lagos.
Podría darse perfectamente, porque el ex Presidente Piñera es la persona que tiene mayores fortalezas para un desafío presidencial.

Piñera podría ser para la derecha lo que fue Bachelet para la Concertación: un salvador.
Se da un poco esa figura, porque en el contexto actual tener un candidato presidencial competitivo es muy valioso. Si uno mira la situación de hoy, claramente es muy complejo que la UDI pueda levantar un nombre para la presidencial. Pero para ser sincero, desde antes de que se instalara el caso Penta, el comentario del mundo político era que el candidato de la UDI ya era Piñera.