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En un departamento de lujo, con vista al Club de Golf Los Leones en Avenida Vespucio, Cristián Boza se pasea con camisa negra, unos suspensores de cuadrillé y sus clásicos lentes redondos. Le cuesta estar en una sola cosa: abre la puerta de su casa, recibe visitas, contesta el teléfono, se para a buscar un libro, va a la cocina. “Un vodka tónica a esta hora es implacable, no hay nada más refrescante”, dice. Es la una de la tarde, hace 33 grados en Santiago y desde su living se ven árboles y una cancha de golf impecable. En una de las paredes cuelga un cuadro de Matta y en la otra hay una biblioteca con cientos de libros, que continúa por todo el pasillo que conduce a las habitaciones.

Arquitecto reconocido y polémico, el 2012 protagonizó una bullada renuncia al decanato de la facultad de arquitectura de la universidad San Sebastián, luego de una entrevista en Vivienda y Decoración de El Mercurio, en la que afirmó que sus alumnos provenían de sectores humildes y eran poco sofisticados para su programa de estudio. “Fue un tema muy ingrato. El Consejo Superior cometió un error al pedirme la renuncia. El plan académico que impuse era inédito. A las 8.30 empezaban las clases con una hora de yoga, luego meditación, clases marciales y recién a las once de la mañana se producía esta relación que yo buscaba del cuerpo con la cabeza, esa armonía fundamental”, dice.

Luego del escándalo, dejó de hacer clases y hoy se dedica a su oficina de arquitectura, a cuidar su parque de cactus en Los Vilos y terminar un libro de bocetos que ha reunido a lo largo de su carrera. En 2005 recibió el Gran Premio Latinoamericano, en la X Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, y pese a eso y su larga trayectoria, él cree que nunca será Premio Nacional. “Me han postulado como veinte veces, pero a mí me asocian con Piñera y jamás lo voy a recibir porque la mayoría del directorio del Colegio de Arquitectos es de izquierda”, dice.

-¿En qué proyectos estás ahora?
Yo ahora siento que soy una persona consolidada, podría sentarme en ese sofá a leer a Proust, almorzar, dormir siesta y después seguir con Proust hasta que termine. Pero la energía todavía me aflora. Estoy con un proyecto grandote en Alonso de Córdova con Kennedy y dos o tres más con inmobiliarias. Con el apoyo del presidente Piñera logramos impulsar en su gobierno el proyecto Mapocho Navegable, que se inauguró hace poco, y es francamente espectacular, no es de este país, es de otro nivel. Esa parte es la primera del plan total, que tiene 34 kilómetros. Y no recibí ni un puto peso. Este arquitecto considera que con esto le devuelve a la sociedad lo que la sociedad hizo por él.

-Siempre has estado en proyectos grandes.
Sí, es bien curioso. Lo hemos conversado en mi oficina. A mí nunca me piden una casa. Me encargan centros comerciales o proyectos como el Centro de Justicia, el edificio más grande construido nunca en Chile.
-Por lo mismo, imagino que te relacionas con grandes empresarios, los debes conocer a a todos.
Justamente. Por eso fui a ver a mis amigos que lo están pasando pésimo, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín. Hace 30 años hice con ellos el edificio más grande que se había hecho hasta la fecha en Chile, que era la Torre de Las Américas en la calle Miraflores.

-¿Qué otros proyectos hicieron juntos?
Hay uno muy bonito, que todavía está en desarrollo, porque es muy grande, que es La Serena Norte. Son 600 hectáreas con edificios, casas, una cancha de golf y una playa de cuatro kilómetros. Y hay varios proyectos más del mismo tipo.

-¿Y en qué están ahora esos proyectos?
Nadie sabe. La verdad es que la situación es bien compleja. Mis íntimos amigos están in doors, fatal, en unas piezas sin ventanas. Bueno, lo que es la Capitán Yáber.

-¿Cómo los viste cuando los visitaste en la cárcel?
Estaban tranquilos, me sorprendió lo animados que estaban. Y yo creo que es porque para ellos es una cuestión inédita, no habían pasado nunca por todo esto. En cambio, sus mujeres estaban más preocupadas, se dieron cuenta que la hueá venía dura. Es que no saben qué va a pasar, por qué pasó todo esto.

-¿Cómo empezaste a cachar en lo que se habían metido tus amigos?
Como cualquier hijo vecino, por la prensa.

-¿Qué opinan los amigos que tienen en común? ¿Analizan la situación?
Tenemos un grupo de quince amigos y almorzamos todos los días juntos. Nos sentamos Pato Mackenna, Fernando Paúl, Sergio León, Hernán Undurraga, Clemente Pérez, Alfredo Délano, entre otros. Ahí todos nos quitamos la palabra. Sobre todo cuando suceden cosas así, en donde hay tantas aristas que comentar y tanto que hablar. “Chita mira lo que le pasó a Carlos Eugenio y Carlos Alberto…”. “Qué lástima cuando son tan creativos, arriesgados, súper generosos…”. Han regalado como 200 o 300 colegios, ¿y quién sabe eso? Nadie. Los gallos han aportado, le han devuelto a la sociedad la posibilidad que les dio de ser hombres ricos. Y a los hueones los tienen metidos ahí. Imagínate lo dramático que es. En una pieza sin luz, sin ventana, con más de 36 grados de calor.

-¿No tienen ventiladores o aire acondicionado?
Ja,ja,ja. ¡En qué país vives! Nada de eso. Te corre la gota.

-Cuando se destapó todo esto, ¿no los viste más?
Pero nunca, nunca más recibieron a nadie, se encerraron cada uno en su casa. Yo fui dos o tres veces y les tiraba un papel a la casa: “Ánimo Choclo”, con un dibujito, una cara simpática. Esto fue hace más de tres meses.

-Se resguardaron de los cahuines y los comentarios.
Sí, y ellos mismos, según una suposición mía, se centraron en sí, en una revisión. “¿Qué mal hicimos? ¿Por qué caímos en esto?”. Yo creo que están en un proceso retrospectivo. Es que se equivocaron, porque tenían una persona, que ya sabemos quien es, que al final del día no funcionó.

-Pero lo que sucedía en Penta eran prácticas comunes, que todos sabían.
Es que a través de esta persona, que tú ya sabes quien es, se hizo todo esto, según la prensa.

-O sea que dices que ellos no estaban al tanto de lo que se hacía en su propia empresa...
No tengo idea, ni he preguntado, ni me interesa saber. Este arquitecto, íntimo amigo de estos dos caballeros, no tiene idea de todo el manejo comercial y legal que tenía Penta. Es un tema en el que uno baja la cortina y dice: “Yo no entiendo nada de esto”. Hay instituciones democráticas que se encargan de estas cosas y lo único que me toca hacer es acompañar a mis amigos.

-¿Son los dos amigos cercanos tuyos?
Fui primero amigo de Carlos Eugenio, porque estaba casado antes con la Elizabeth Subercaseux, que era amiga de mi mujer y amiga mía también. Luego no funcionó y se casó con la Malú Chadwick, que es una chiquilla muy encantadora que para Carlos ha sido un gran apoyo. Luego conocí al Choclo con la Verónica Méndez. Con él he viajado por Europa entera, somos más cercanos, a pesar de que a Lavín lo conocí antes.

-¿Y qué te pasa cuando ves a esta elite, que parecía intocable, en una situación así?
Es como que a cualquiera en este país le podría pasar. Tienes el caso del Dávalos, ese sí que hizo una maldad, po. Los de Penta hacen lo que hacen todos. ¿Quién no le pide a la señora una boleta para justificar gastos? Si recorriéramos preguntando por la cuadra de mi barrio se salvarían muy pocos.

-¿Piensas que los están condenando injustamente?
Yo me lo he preguntado: “¿Habrá aquí una especie de revancha contra la elite sofisticada, pirula, rica?”. Suena, suena bien. Pero reconozcamos que lo que hicieron igual es una falta. Algo irregular se produjo y ellos no lo evaluaron. Hay de por medio un personaje siniestro que es Bravo, que fue quien los llevó a esta historia. Bravo abrió la boca, los amenazó con decir todo si no le pagaban no sé cuántos millones y no evaluó lo que le iba a pasar. Porque él no es de la elite, no es rico, aunque ha ganado plata igual.

COPUCHAS DE RICOS
-Eres un hombre que se mueve en el mundo de la cultura, del arte y a la vez eres amigo de empresarios y de gente poderosa…
De todos estos personajes yo soy el de la cultura. Ahí yo tengo un papel, les enseño a mis amigos. Hemos viajado unas ocho veces con mi amigo Sebastián Piñera y la última vez fuimos con nuestras mujeres al norte de Italia. Yo le dije: “Sebastián, vamos a estar tres días acá y te voy a enseñar toda la obra de Andrea Palladio, un gran arquitecto neoclásico”. Y como es mateo, se aprendió todas las obras, yo creo que ahora sabe más de Palladio que nadie. En otra oportunidad fuimos a Marruecos, con el Choclo Délano, y recorrimos la Medina de Tetuán. Yo les mostraba la arquitectura de callejuelas y lo pasamos fantástico. Ese es como mi rol. Los viajes con ellos son divertidísimos.

-Es un grupo donde todos son distintos, pero se quieren igual.
Claro. Y lo bonito es cuando tú los redescubres, porque con Sebastián nos conocíamos de chicos, pero lo dejé de ver por muchos años hasta que de repente nos encontramos nuevamente. Me vinculé con sus ideas, me matriculé con él, creí en su propuesta política y seguimos siendo amigos.

-¿Cómo es ser amigo de Piñera?
Sebastián es una persona tan, tan particular… Yo creo que se lo come su inteligencia. Es tan potente, tan fuerte, que al final del día ha pasado por miles de propuestas en su cabeza y termina agotado de tanto pensar. En mi perspectiva, yo creo que la vuelta eventual de un Presidente como Piñera le haría bien a este país.

-¿Eres amigo también del Negro Piñera?
Es amigo porque es el hermano de Sebastián, además estábamos todos en el mismo colegio, en el Verbo Divino.

-¿Y han viajado juntos?
En una oportunidad fuimos un grupo a París. En esa época el Negro estaba con la Belén, su ex pareja. Hicimos un viaje bien divertido, fuimos a ver las Olimpiadas porque Sebastián es fanático del deporte, como es pura competencia eso para él es lo máximo. Nos arrendamos unas motonetas y nos íbamos de picnic al Bois de Boulogne y para qué te digo cómo gritaba el Negro, bailaba, cantaba.

-¿También se ven en el Lago Caburgua, no?
Sí, yo fui de los primeros en llegar ahí y le ofrecí un proyecto al Choclo. Hice el diseño, compré el terreno y todo el cuento y después arrugó. No le interesó o a la Vero no le gustó. Pero me dijo: “¿Sabes quién puede querer el proyecto? Sebastián”. Agarré el teléfono y lo llamé. “Ah, qué fantástico”, me dijo cuando le conté.

-Y le hiciste una casa.
¡Cuatro casas le hice! Porque él es así. Una casa grande, bonita, para él. Y tres casas más para sus hijos, los amigos… si tiene ahí una especie de ciudadela.

-¿Se juntan harto allá?
Claro, nos juntamos. Y ahora que Sebastián anda en helicóptero y tiene todo tipo de juguetes, no nos cuesta nada. De repente cruza el lago en su lancha y me dice: “¡Boza, mira el cooler! Traigo: pisco sour, martini, unas empanaditas”. Y nos vamos a la mitad del lago, paramos, sacamos el picoteo y a tomar.

-¿Le gusta tomar al ex presidente?
Normal, igual que a todos nosotros. No somos grandes heavy drinkers.

-¿A Choclo y a Lavín les gusta carretear?
Son lo más correctos que hay. No te creas que van al Hotel W día por medio ni se juntan en lugares taquillas. Yo diría que son absolutamente corrientes, no tienen ningún exotismo. Son un poco más pasivos, no están todo el rato saliendo ni haciendo planes.

-Tú eres más bohemio que ellos…
Mucho más. Me gusta trasnochar, salir. Soy arquitecto.

-¿A los Carlos les gusta más estar en familia?
¡Es que imagínate! El Choclo, por ejemplo, tiene como ocho hijos, tiene un equipo de fútbol ahí. Y agrégale a las pololas, los maridos, las señoras y los nietos. Vive en una casa antigua, grande, con un jardín precioso en Los Domínicos.

-¿Y qué les gusta hacer?
El Choclo es muy deportista. Yo he salido a correr con él en Cachagua. Cuando lo fui a ver me dijo que afortunadamente, en ese lugar tan inhóspito que es la cárcel, había descubierto un circuito por donde podía correr entremedio de las piezas. Carlos Eugenio no es muy deportista, tiene otros intereses. Es una persona más retraída, muy analítico, muy inteligente igual que el Choclo.

-Tú eres el más loco del grupo parece.
Ah, pero obvio. Pero no solo ahí es la locura, ja,ja.

-Para más adelante, ¿tienes algún viaje en mente con tus amigos o con Sebastián Piñera?
Ahora estoy programando un viaje a Alaska, pero con otro grupo de amigos. Lo que pasa es que estoy obsesionado con encontrarme con un oso grande que me abrace, ¿te das cuenta de lo que es un animal de dos metros y medio que pesa 200 kilos con unas garras enormes? Lo encuentro genial.