Alejandrofernandez
Foto Nacho Rojas, gentileza de Cinema Chile.

¿Cómo parte la idea de hacer esta película?
Todo partió como hace un año, después que absolvieron a Martín Larraín de toda responsabilidad y dos de sus amigos fueron condenados por obstrucción a la justicia. Eso fue heavy, porque el primer juicio terminó con una condena. Aunque no fuera a la cárcel, pero era una condena al fin. Pasar de eso a estar libre de toda culpa, yo creo que nadie se lo esperaba. A partir de ahí vino la rabia que todos sentimos, la sensación de que era absolutamente imposible que se tratara de un proceso justo y legítimo. Pero también sin tener ninguna certeza al respecto. Era una indignación desde la sensación más que desde la información pura y dura. Ahí me quedó claro que si tienes un buen abogado y tienes los recursos suficientes, puedes llegar a cuestionar cosas que son las únicas que permiten declarar tu culpabilidad. Cuando Carlos Larraín habla de ‘la verdad jurídica’, está hablando de eso. No se busca la verdad, es una verdad con apellido.

Sabemos que la película está sólo basada en el caso de Larraín, y de hecho, el protagonista es un amigo del conductor del jeep. ¿Cómo decidiste irte por ese camino?
Cuando salió la noticia a mí nunca se me ocurrió hacer una película sobre Martín Larraín con nombre y apellido, describiendo paso por paso el caso legal; la autopsia deficiente, la alcoholemia que no se hizo, el tiempo que pasó, los testigos que aparecieron. No quería hacerlo así por dos motivos: uno, porque me parece que todos sabemos qué pasó, es cosa de revisar la prensa. Y segundo, que cuando se cometió este atropello no existía le Ley Emilia. Entonces si nos acercábamos al caso de Larraín específicamente después teníamos que terminar diciendo que cambió la ley y el cabro no habría podido ser juzgado de esa forma, dando la sensación que las cosas iban avanzando. Conversando con Jerónimo Rodríguez, el otro guionista, se nos ocurrió esta idea de hacerla desde el punto de vista de un amigo, de alguien que iba en el auto y que le terminan echando la culpa.

¿Cómo construiste al personaje de Vicente, el protagonista?
Es alguien que al igual que el espectador, no tiene nunca plena consciencia de lo que pasó en el accidente. Aún así tiene algunas nociones. Sabe que es inocente, pero no tiene ninguna prueba para enfrentarse a eso, del mismo modo en que no tenemos ninguna prueba para decir que Martín Larraín sí iba borracho, sí atropelló a Hernán Canales, sí lo dejó botado y sí murió por eso.

En tus otras películas abordas el mundo popular, en este caso haces un retrato de la clase alta, ¿Fue difícil ese desafío?
Es muy distinto a lo que yo había hecho antes. Acá se trata de la gente que veranea en Zapallar y Cachagua y mira en menos a la gente que lo hace en Maitencillo, ¿cachai? En todo caso me lo tomé con la misma cabeza que tomo cualquier otra realidad: de ser un testigo y no juzgarlos a priori. Me parece que la película al final tiene algo que es muy rescatable que es un retrato honesto y cercano de la clase alta, a pesar de la crítica que se expone sobre ese mundo.

¿En qué sentido es una mirada honesta?
Evita los lugares comunes que hay cuando se retrata a esa clase. Como en Chile la gran mayoría de los actores y cineastas provienen de la clase alta, cuando les toca retratarla lo hacen con una culpa muy grande. Eso se traduce en que cuando un actor, de buen apellido y que fue a buen colegio le toca representar a uno de su clase, lo hace desde el estereotipo, desde ese paltón antipático, pesado, intransigente, clasista a muerte, que trata mal a sus nanas. En el mundo del arte el abajismo es muy común. De hecho, es súper mal visto venir desde lugares con más plata. La representación de clases en el cine chileno es bastante problemática. Por eso quisimos abordarlo desde otra perspectiva.

aqui no ha pasado nada sundance CEDIDA
El equipo de ‘Aquí no ha pasado nada’ en Sundance

¿Cómo se puede mantener una visión crítica sin juzgarlos? Porque aquí no solo hablas de la clase alta, hablas del caso de Martín Larraín.
Es que no hace falta juzgarlos. Esta es una película en que tú no te das cuenta de lo que está ocurriendo hasta que en un momento aparece todo este poder subterráneo. En todo caso, yo no creo que la maldad de algunos sea como uno se la imagina. Estoy convencido de que si te vas a comer un asado con los Carlos (Carlos Lavín y Carlos Délano, dueños de Penta) los puedes encontrar hasta simpáticos. Creo que la maldad que vivimos en Chile; la colusión, el abuso, la sinvergüenza de mucha gente, no ocurre desde el lugar del ‘vamos a cagarnos a todo el mundo’, si no que es algo que se va construyendo paso a paso hasta que terminan configurando un sistema que es perverso en su conjunto. El rico no es malo por ser rico, lo que es malo es esa distribución injusta de la riqueza. Moralmente es sancionable, no la persona, si no el sistema que lo sostiene. La película se construye así, te vas dando cuenta que son pequeñas cosas las que ven pasando y en un momento determinado ves que configuran este mundo en el que vivimos.

¿”Aquí no ha pasado nada”, puede servir de juicio moral a posteriori en el caso de Larraín?
Lo que queda al final es la condena moral. Lo único que podría enfrentar como castigo el Martín Larraín es si alguien lo reconoce en la calle y le grita algo. Eso demuestra que la justicia no actúa. Si la película existe es porque no hubo justicia. Me parece que allí donde falla el sistema, el arte debe entrar para generar reflexión. Yo creo que películas como esta, El Bosque de Karadima (Matías Lira), El Club (Pablo Larraín), apuntan un poco a esto. En todo caso “Aquí no ha pasado nada” no hace una condena tan fuerte. Más bien se trata de generar una reflexión. Hablemos de este tema, mantengámoslo en el tapete, busquemos formas de que esto no vuelva a ocurrir.

¿Cómo surgió esto de ponerle Manuel Larrea al personaje que representa a “Martín Larraín”?
Jajaja, ese es un clásico de la literatura cuando tienes que referirte a alguien de manera bastante evidente pero no literal. Uno mantiene la similitud de los nombres y por lo menos de las iniciales. Como cuando uno ve House of Cards y el presidente de Rusia se llama Viktor Petrov, que en realidad es Vladimir Putin. En este caso es lo mismo: Manuel Larrea, jaja. Se mantiene la M y la L.

¿Cómo trataste al personaje de Manuel?
Manuel aparece como un cabro que lo está pasando bien, carreteando y se manda un condoro. Después sigue las instrucciones que le dan de arriba, sus abogados y su familia. Está hasta la formalización y después desaparece, como que la familia se esconde y no vuelve a dar la cara. Pero igual no se lo pone como el hueón que salió con la intención de matar a alguien y poco menos que se alegra. Es bastante más real en ese sentido, si tú le preguntaras a cualquier persona si quiere estar en una situación así, es obvio que te van a decir que no. Debe ser súper jodido y debe ser doloroso. Ahora, igualar ese dolor con el dolor de la familia que pierde a alguien me parece que es una sinvergüenza de parte de Carlos Larraín. Poner el foco en tu propio dolor cuando lo que le pasó a la otra familia es 100 millones de veces peor, me parece que es una sinvergüenzura que no tiene nombre.

¿En tu opinión, Martín Larraín es culpable?
Como diría Carlos Larraín, la verdad judicial ya está zanjada y dice que él no era responsable. Dice que atropelló a una persona, sin ir en estado de ebriedad y esa otra persona sí iba borracha por la calle o cerca de la calle. Donde yo pongo mi crítica no está en esa verdad judicial si no que está en cómo hemos creado un sistema que permite que gente pueda pasar por encima de él. Yo creo que lo que hicieron los Larraín fue defenderse con todo lo que pudieron. Y ellos tienen mucha plata y la plata compra buenos expertos, buenos peritajes y buenas defensas legales. Y por el otro lado, una Fiscalía sobrepasada, con escasez de recursos más una policía inepta. Yo siento que no fue un juicio justo porque estuvo marcado por la plata, pero no estoy para decir si es culpable o no. Yo sólo espero que Carlos Larraín no vuelva a la política después de esto. Me parecería súper triste por parte de nosotros como chilenos, volver a confiar en alguien que es capaz de llegar a esos extremos de falta de relación con la realidad y de no ver lo evidente. De seguir negando responsabilidad y de verse como victimas en circunstancias en que no lo son.

Hiciste ‘Huacho’, sobre un padre de escasos recursos que cobra justicia por la muerte de su hijo; ahora ‘Aquí no ha pasado nada’ sobre la justicia de los ricos; y viene Hierro, tu siguiente película. ¿De qué se tratará?
Es sobre la justicia de las corporaciones, que tiene que ver con como se mueve el tema judicial cuando están metidos grandes intereses económicos. Grandes empresas, más específicamente las mineras. Es una película que tiene mucho que ver con el tema ambiental. Actualmente la estamos escribiendo con un amigo abogado que es especialista en lo ambiental. La idea es que sea una película grande, con dinero de afuera, con un elenco importante. Esperemos que esté para el próximo año o el 2018. Además, tengo otros dos proyectos en inglés: una es una película de ciencia ficción, que la idea es filmarla el 2016 en la Patagonia, con un elenco internacional. Es una distopia apocalíptica. Y la otra la haremos en Estados Unidos. Si tenemos suerte podremos filmar a mediados de este año allá.

¿Tienen esperanzas de ganar algo en Sundance, como hiciste con ‘Huacho’ el 2014?
No sé, la vez anterior yo no tenía mucha esperanzas y le fue súper bien. Yo espero que la peli conecte con la gente, que la película se vea, ande bien. Me parece que es un tema que despierta mucho interés, eso es lo que quiero. Yo ya hice varias películas, algunas muy personales, muy chiquitas, y me gustaría que esta tuviera un poco más de repercusión.