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¿Son frecuentes las roturas de matrices como la que se reventó en Providencia?
Sí, la mantención que deben hacer las empresas sanitarias no ha ido de acuerdo al crecimiento de la población. Cada vez se necesita más presión y mayor caudal, pero no se han ido renovando los acueductos en forma oportuna, sino que siempre cuando se revientan, se trata de hechos consumados. Cuando uno tiene una filtración de este tipo, hay que atacarla al tiro, no se puede dejar que pasen tres semanas. Pero como son reparaciones de alto costo, las empresas las dejan no más, a ver si aguantan. En Chile las empresas sanitarias no invierten en mantención, porque los privados hacen planes a corto plazo y quieren rentabilizar pronto. No es como el Estado, que hacía sus inversiones pensando en 40 o 50 años.

¿Cómo era antes la distribución del agua potable?
Partí trabajando en Quilpué cuando tenía 21 años. Era jefe de sección administrativa en Esval, que empleaba a 110 trabajadores. En ese tiempo, nosotros mismos reparábamos o cambiábamos los acueductos, porque no había personal subcontratado como hay ahora. En 1979, Pinochet cambió la legislación y estableció que Esval, de la V región, y Emos, de la Región Metropolitana, dejarían de ser servicios del Estado para convertirse en empresas. El decreto creó, además, once servicios regionales (SENDOS) que dependían del ministerio de Obras Públicas. Ese fue el germen de las privatizaciones que vendrían posteriormente. En 1988, la dictadura convirtió todos los SENDOS en empresas regionales dependientes de la CORFO. Crearon una ley general de servicios sanitarios, una superintendencia, y la ley de tarifas. En ese momento, el agua dejó de ser un servicio público.

¿Quiénes son los responsables de eso?
Todo esto fue hecho por la dictadura. Dejaron parados los cimientos para que después llegara la Concertación y concretara las privatizaciones. En pocos años, las empresas subieron todas las tarifas y el agua se convirtió en un negocio muy rentable. Pasamos de tener tres precios distintos -para el norte, el centro y el sur-, a tener prácticamente una tarifa distinta para cada comuna, ni siquiera para cada cuenca. El agua perdió ese sentido solidario que tenía antes. Hoy tenemos que Coyhaique, teniendo tanta agua a su alrededor, se ha convertido en la segunda ciudad con el agua más cara del país, después de Antofagasta.

¿Por qué el agua de Coyhaique es tan cara?
Porque las redes tienen una infraestructura especial para evitar que el agua se congele. Sus problemas no tienen que ver con la pureza o acceso, sino más bien que el agua esté en estado líquido.

¿Cuánto vale el agua en Santiago?
Santiago tiene el agua más barata de todo Chile, porque la ciudad es plana, entonces el agua baja de la cordillera por gravedad. Sus costos de operación están en los estanques que debe construir para mantener la presión adecuada. Eso hace que todo el gran Santiago tenga muy bajas tarifas.

¿El tema es que los costos de inversión y mantención se les traspasan a los clientes?
Eso demuestra lo mal hecho que está este sistema. En la época de Eduardo Frei se privatizaron cinco sanitarias y con Ricardo Lagos se cambió ese modelo por uno de concesiones a 30 años, que al final es lo mismo. La superintendencia debería exigirle a las empresas que las inversiones las paguen ellos mismos con las utilidades que ganan, pero no lo hace. La superintendencia no fiscaliza la renovación del material de las redes en forma oportuna, y tampoco hay chequeo sobre las infraestructuras. Las sanitarias, cada vez que invierten, piden un préstamo a un banco internacional, incorporan las cuotas a la tarifa, y recuperan la plata incluso antes de que terminen de pagar el crédito. Es fácil hacer obras cuando los usuarios son los que las pagan.

¿Qué otros costos han pagado los usuarios con las privatizaciones?
Si estas empresas estuvieran en manos del Estado, el agua costaría un 25% menos que lo que vale ahora. Principalmente, porque el Estado le garantiza a las sanitarias el 7% de rentabilidad. Eso es absurdo, además de ser clientes cautivos, tenemos que darle seguridad en las utilidades. En Chile existen dos conglomerados extranjeros que tienen el negocio del 80% del abastecimiento de agua potable del país. Uno es el grupo Aguas de Barcelona, que maneja Aguas Andinas, Aguas Cordillera, Aguas Maquuehue, y Essal de Puerto Montt. El otro es el fondo de pensiones Ontario Teachers, conformado por recursos de profesores canadienses que han comprado Essbio, que controla el agua de la VIII y VI región, Aguas Nuevo Sur, de la VII región, y Esval, que abarca la IV y V Región.

¿Cómo funciona esto en el resto del mundo?
En Europa, el único país donde el agua es privada es Inglaterra, que tiene el mismo sistema que nosotros. En Estados Unidos, el 70% de las aguas son municipales. Es decir, hasta en la cuna del neoliberalismo se han puesto de acuerdo para que el agua no esté en manos de privados. En Chile, en cambio, esto se ha transformado en un negocio cada vez más grande. Ya no sólo se trata del precio del agua que se consume, sino que ahora también está el negocio de los derechos. ¿Qué va a pasar cuando falte agua para abastecer a las ciudades? Las sanitarias van a tener que comprar derechos de agua a precio de oro. La mayoría de esos derechos estaban en manos de agricultores, pero en el último tiempo, las mineras se han convertido en los mayores compradores. ¿Quiénes van a pagar esos costos? Los usuarios.

¿Hay que nacionalizar el agua?
Sí, este servicio de necesidad básica no puede estar en manos privadas. Este año tenemos harta nieve y ha caído agua en la zona central, pero la sequía va a continuar. Se desplaza desde el norte hacia el sur, y es necesario resguardar el agua a través de una nueva Constitución. Que el agua se transe en el mercado como un negocio común y corriente no resulta razonable, y de eso es responsable la Concertación.