El Sistema de AFP fracasó y se encuentra quebrado socialmente. Después de 36 años de funcionamiento y dado que actualmente paga 1,2 millones de pensiones, Chile ya puede hacerse un panorama global sobre sus resultados y si se cumple o no el objetivo central de cualquier esquema de jubilación: pagar buenas pensiones que permitan vivir en el país.

Lo cierto, es que si consideramos el total de pensiones que pagan actualmente las AFP y las Compañías de Seguros (vejez edad, anticipadas, invalidez y sobrevivencia), el monto promedio no supera los $215.000 (llegando a $230.000 con el aporte previsional solidario que realiza el Estado). En particular, el tipo de pensiones más numerosas que pagan las AFP (Vejez por edad, bajo la modalidad de retiro programado), arroja un valor promedio de $126.253 (llegando a $150.000 con los subsidios del Estado) y el 90% recibe menos de $160.000.

Es tal el fracaso del sistema, que incluso no funciona para quienes han cotizado buena parte de su vida laboral. De hecho, el 50% de las personas que se jubilaron en mayo de este año y que cotizaron entre 30 y 35 años, está recibiendo una pensión inferior al Salario Mínimo.

En los próximos años el panorama será aún más negro. Según estimaciones de la Comisión de Pensiones creada por la presidenta Bachelet, se proyecta que la mitad de las personas que hayan cotizado más de 33 años, obtendrán una tasa de reemplazo inferior al 39%, vale decir, si durante sus últimos 10 años recibían un salario de $600.000, su pensión será menor a $234.000. El informe de la misma Comisión revela que en el mediano plazo, el 99% de las pensiones será menor al salario mínimo. Un problema social de proporciones, más aún si se espera un creciente proceso de envejecimiento de la población chilena.

En síntesis, la lógica de las cuentas individuales (AFP) para financiar pensiones, ya no funcionó. Incluso los actuales jubilados que perciben miserables pensiones, lograron “beneficiarse” de los más altos niveles de rentabilidad que el sistema pudo obtener, pero que ya nunca más podrá conseguir. De esta forma, mientras en la década de los 80′, la rentabilidad real promedio anual que registraron las AFP fue de 12,36% y en los 90′ promedió 10,36%, en los 2000 ya promediaban 6,25% y entre el 2010 y 2016 caen al 3,96%. Por tanto, aunque se aumente la tasa de cotización, el impacto sobre las pensiones futuras podría tener un efecto marginal dada la tendencia hacia la baja que se observa en las tasas de rentabilidad.

No obstante, a pesar de este crudo diagnóstico actual y futuro, las AFP tienen la venia de la elite económica y política para seguir funcionando, ya que son “demasiado grandes para caer”. Actualmente administran US$195.298 millones, lo que equivale a más del 75% del PIB chileno e invierten los fondos de los cotizantes en los grupos económicos que ya se acostumbraron a financiarse a un costo muy bajo con las cotizaciones de los trabajadores y trabajadoras. Por ejemplo, los diez bancos más importantes que operan en Chile, vía depósitos a plazo o emisión de bonos, reciben más de US$35.000 millones por parte de las AFP. Por otra parte, el Grupo Luksic (el mismo del caso Caval) a través de sus distintas empresas, recibe U$8.213 millones, el Grupo Matte (el mismo de la colusión del papel higiénico) US$5.243 millones y el Grupo ENEL (el mismo de los cortes de luz) recibe US$ 3.617 millones.

Considerando el panorama anterior y tal como se esperaba, el reciente anuncio presidencial que busca reformar nuestro sistema de pensiones, mantiene como eje central a las AFP bajo la lógica de la capitalización individual, las cuales seguirían administrando el 10% que cada cotizante aporta todos los meses de su remuneración imponible. Vale decir, las AFP siguen intactas.

Adicionalmente, se propone subir la tasa de cotización de 10% a 15%. Estos 5 puntos porcentuales adicionales serían con cargo al empleador y serán administrados por un ente público autónomo (tipo Banco Central) distribuyéndose de la siguiente forma: 3 puntos irían a cuentas individuales y 2 puntos a una cuenta de ahorro colectivo (reparto) que tal como todos sabían, pero nadie quería reconocer, es la única forma de aumentar las pensiones actuales. El Gobierno asegura que esto permitiría mejorarlas en un 20%.

En síntesis, con la propuesta del Gobierno: en primer lugar no se destina “ni un peso más a las AFP”, pero se deja intactas a las AFP y por tanto, seguiremos teniendo un grave problema de bajas pensiones en Chile. En segundo lugar, pasaremos a tener un sistema mixto, pero “a la chilena”, ya que será un mini sistema mixto, donde el 87% de la cotización seguirá en cuentas individuales y sólo un 13% irá a reparto (en Uruguay y Suecia es al revés) y en tercer lugar, dado que la mayoría de las pensiones está por debajo de los $150.000, un aumento de 20% podría llevarlas a $180.000, lo cual no resuelve la gran paradoja de nuestro sistema: las pensiones que se pagan en Chile no alcanzan para vivir en Chile.

Con la propuesta del Gobierno: en primer lugar no se destina “ni un peso más a las AFP”, pero se deja intactas a las AFP y por tanto, seguiremos teniendo un grave problema de bajas pensiones en Chile Es el momento de que nuestra sociedad elija: ¿AFP o buenas pensiones?

*Investigador Fundación SOL.