Sin duda que la designación más polémica en el gabinete de Piñera es la de Gerardo Varela en el Ministerio de Educación.

¿La razón? Varela ha marcado en diferentes columnas de opinión su clara postura en favor de la educación como un “bien económico” y “un mercado donde los colegios y universidades compiten entre ellos por los mejores alumnos”.

Por ejemplo, en un escrito realizado en El Líbero en agosto del año pasado, el nombrado ministro de Educación señaló que “la Nueva Mayoría, sus ideólogos y seguidores han insistido en que la educación es un derecho social y no un bien de consumo. Poner esta dicotomía es una falacia. Es como sostener que el hombre es sólo un ser dotado de alma y razón, y no un mamífero, en circunstancias que es todas las anteriores”.

Agregó que la educación es un bien económico, ya que “se puede comprar, se pueden contratar clases de inglés, música o matemáticas…la educación es un mercado donde los colegios y universidades compiten entre ellos por los mejores alumnos, por dar la mejor calidad y por mejorar la empleabilidad”.

En otros pasajes, criticó que “si la educación sólo fuera un derecho no tendría límite y todos podríamos aspirar y obligar al Estado a financiarnos postgrados en Harvard”.

A su vez, Varela acusó al gobierno por haber “restringido el derecho de los padres a elegir el colegio y a que paguen para mejorar la educación de sus hijos (ambos son derechos humanos básicos que tiene un padre de elegir e invertir en la educación de sus hijos); ha expulsado al ahorro privado de la educación pública, donde se requiere con urgencia. La última tontera son las tómbolas”.

“La solución para la educación no es la gratuidad ni la prohibición del lucro —y menos de la selección y el copago—, sino que el desafío es cómo seguir atrayendo inversiones, competencia y talento a un sector que la requiere con urgencia”, sentenció.