El argentino Lionel Messi y el uruguayo Luis Suárez, cracks de talla mundial en el Barcelona y en sus respectivas selecciones, han admitido que mean sentados. Sí, tal como se oye. El para muchos mejor jugador del mundo baja la tapa del urinario, se sienta y descarga el chorro. Así de simple.

Pero lo de Messi y Suárez no es un caso aislado, es una tendencia casi de carácter mundial que ha llevado a algunos países como Taiwán a querer establecerlo como norma.

Seis años atrás, reseña una publicación de yorokobu.es, el ministro de Medio Ambiente de la nación asiática impulsó una campaña en favor de la micción posada. Stephen Shen -dice el mismo medio- apeló a razones higiénicas para pedir a los gobiernos locales que pusieran carteles para pedir el cambio cultural. “Queremos aprender de Japón”, decía, recordando que el país del sol naciente tres de casa diez hombres se sienta para orinar.

La idea de Taiwán pasa por reconstruir la cultura de las gotas en las tazas, las pozas en el suelo, la tapa levantada y todo lo que tiene que ver con aquellos lugares en donde cunde el mal olor. Hedor que se diría sufre la mitad de la población que tiene el hábito de sentarse y por tanto no dejar rastros de pichí.

“Los hombres que orinan de pie en un váter diseñado para sentarse probablemente sean psicóticos. Es un gran abuso de la tecnología; como utilizar un iMac para jugar al Pong”, afirma el periodista Phil Robinson.

Una cuestión histórica

A principios del siglo en curso, en Alemania el asunto tomó tintes de disputa pública. En un edificio en Radeburg se entregó una circular en la que se conminaba a los residentes a orinar sentados. La razón era que los radiadores de lugares habitados por hombres se oxidaban más que los de las mujeres por las gotas del ácido úrico.

No es el único caso del que se tiene registro por lo que en el país germano ya se habla de dos bandos: los stehpinklers (hombres que defienden mear de pie) y los sitzpinklers (los que se sientan).

Para el experto en masculinidades Ritxar Bacete la cosa pasa por un debate ideológico:

“Evidentemente, mantener la hombría hegemónica pasa por orinar de pie, con una mano manipulando el pene para provocar el mayor estruendo posible y con el puño de la otra mano cerrado contra la cadera. La imagen de cowboy que hasta en la soledad del baño mantiene intacta su hombría, es radicalmente incompatible con mear sentado. ¿Imaginan a John Wayne o a Pérez-Reverte dejando las cartucheras a un lado y sintiendo en sus posaderas el tacto suave de la tapa del baño? No lo creo”.

“Orinar de pie es un símbolo de las resistencias numantinas de algunos hombres a abrazar modelos de masculinidad sensibles, diversos e igualitarios frente a quienes lideran anónimamente, sentados en miles de baños, esta revolución pacífica y callada. En definitiva, exonerar los líquidos del cuerpo no es una cuestión identitaria, sino una necesidad biológica, por lo que nada hay de más o menos hombre en hacerlo de pie o sentado, aunque sí está en juego el elemento civilizatorio, higiénico y relacional que representamos quienes nos sentamos”, agrega.

Así, para Ritxar Bacete, la vieja masculinidad está en franca retirada. Y ejemplos sobran. Ya están Messi y Suárez para graficarlo.