En entrevista con Sábado, el obispo de Rancagua, Monseñor Alejandro Goic, se refiere al caso Barros, en circunstancias de los testimonios recogidos en Chile por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y el sacerdote español Jordi Bertomeu, ambos enviados por el Vaticano a escuchar a quienes sindican al obispo de Osorno como encubridor de Fernando Karadima.

Goic se sitúa en la polémica suscitada cuando Barros se hizo presente en todas las actividades del Papa en Chile, para abrir el tema. “El debió haberse restado, por prudencia evangélica y prudencia pastoral”, afirma. “Más allá de su inocencia o culpabilidad, es una figura controvertida”, dice.

Por es que Alejandro Goic sostiene que “yo, hijo de la Iglesia, que percibo que soy un elemento que no une, hubiera tratado de dar un paso al costado. Él no lo ha hecho. No lo juzgo, pero en su situación yo hubiera dado un paso al costado”.

Volviendo al tema de la visita del Papa, Goic recuerda que entonces pensó: “cuando me enteré de que él empezó a mostrarse, yo dije: va a opacar la figura del Papa (…) él es una persona adulta y libre, y escogió ese camino”.

Respecto de la acusaciones contra Barros, dice que, siendo cercano a Karadima, que nunca haya visto nada, parece un poco extraño.

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