“Señor Director: En las últimas horas he leído y escuchado algunas opiniones en las que se hace referencia al valor de la lealtad. Sinceramente, creo que lealtad no es sinónimo de obsecuencia, servilismo u obediencia ciega e irreflexiva”.

Así comienza una carta enviada a El Mercurio por el exministro de Justicia de Bachelet, Jaime Campos, en la que arremete contra las críticas que ha recibido por su negativa a la última orden de Bachelet que decía relación con modificar el carácter del penal Punta Peuco y trasladar a los condenados por violaciones a los derechos humanos a otros recintos.

En ese sentido, la ex autoridad manifestó que “estoy convencido de que es leal quien advierte a los que corresponde la inconveniencia o ilegalidad de un acto e impide la materialización de sus perniciosas consecuencias. De igual modo, considero desleal al que sugiere la ejecución de acciones, a sabiendas de sus nefastas derivaciones, y se cubre con el manto de la irresponsabilidad que genera el hecho de no suscribirlo, procurando dejar en quienes están llamados a hacerlo la obligación de asumir sus resultados, para luego transformarlo en una suerte de chivo expiatorio”.

Añadió que “¡hasta el sentido común indica que eso no se hace y, si ocurre, al menos debiese provocar reproches de conciencia! Si no fuese así, cualquier invocación ética carecería de sentido. Además, es imprescindible armonizar la lealtad con la verdad, puesto que, de contrario, no se manifiesta la una ni la otra y solo confundimos más a la ciudadanía”.

“Con posterioridad al término de mis funciones como ministro de Justicia y Derechos Humanos, he tenido el particular cuidado de no revelar a medio de comunicación alguno lo que han sido y son mis conversaciones privadas, tanto las concernientes a mi actividad pública como la particular, y si ellas han trascendido, fueron filtradas o corresponden a conjeturas, no es de mi responsabilidad que suceda”, sentenció.