Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tras conocerse su victoria en las elecciones presidenciales de México, dio un discurso en el que aseguró que lo suyo era el cambio, la lucha contra la corrupción y los privilegios, pero siempre con apego a las leyes. Habló lento, sin gritar, como hacen los demócratas. Tranquilizó a los mercados insistiendo que cuidará la libertad empresarial, la autonomía del Banco Central y la disciplina financiera y fiscal, sin olvidar por eso la convicción principal de su quehacer político: “los pobres primero”. A sus espaldas, una leyenda lo acompañó todo el tiempo: NO LES VOY A FALLAR.

Al día siguiente, convocados por el actor y productor Diego Luna, un grupo de jóvenes artistas y activistas de la nueva guardia participaron de un video titulado “El Día Después”, donde llaman a la sociedad civil a involucrarse en exigir y supervisar lo que consideran los 12 compromisos ciudadanos para el siglo XXI: paz y tolerancia; no al racismo, al clasismo, ni a otro tipo de exclusión; ejercer una actitud crítica hacia los gobernantes; no aguantar, sino denunciar la corrupción; ayudar a combatir la desigualdad en todas sus formas y espacios; escuchar y respetar las decisiones autónomas de los pueblos indígenas; defender la igualdad de género y respetar la orientación sexual de todos los individuos; defender los derechos de los migrantes, vengan o vayan; apoyar la educación, la cultura y la ciencia como pilares del desarrollo; respetar el medio ambiente como quien se respeta a sí mismo y defender la libertad de expresión en todas sus formas.

Quizás estemos ante una nueva izquierda que, mientras se busca, no da cheques en blanco, sino que llama a los suyos a ser protagonistas vigilantes del porvenir comunitario.