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6 de marzo de 2009

A propósito de las donaciones de órganos

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Pienso yo, que nuestras almas pueden ser inmateriales y trascendentes, no así nuestros cuerpos tan existentes y materiales, y, sin embargo, con un profundo significado de trascendencia, conciencia de trascendencia de nuestra filogenia, estamos aquí en este tiempo y lugar gracias a que cientos de miles de nuestros ancestros, nos han traído hasta acá, y es también nuestro deseo de permanencia, del aporte a este mundo en el que a pesar de todo confiamos, en los que amamos, lo que hemos materializado con la concepción y nacimiento de nuestros hijos e hijas.
La vivencia de estar perdiendo un hijo o hija, enfrentarse al cierre de una vida, de una vida tan especial, tan propia, como nuestra progenie, de aquellos que nos harán con sólo seguir existiendo un eslabón más de esta humanidad, la muerte de una persona y de una vocación de existencia y trascendencia propia, especial y única, no es un simplemente cadáver, una pérdida de donación de unos órganos que pudiesen permitir la realización y/o prolongación de otras vidas que están extinguiéndose por sufrir diversas enfermedades, que nos pueden parecer lamentables, y sin embargo reales.
Es por esto, que opino, debiera tratarse con más respeto, con más respeto por las pérdidas insondables, los duelos que se vivirán con la conciencia de lo irreparable, de lo irremplazable, de lo que aprenderemos a vivir gracias al olvido que sólo atorga el tiempo, que no es a fin de cuentas olvido, es el ejercicio del tiempo que atenúa las emociones, que las hace más lejanas, distantes de tan lloradas, que nos vuelve más indolentes a ese dolor.
Sólo después, se dice, que se logra esa sensación de olvido que permite el recuerdo que rescata lo vivido, lo disfrutado con la presencia de esa vida, esa alma, espíritu, ser o como quiera que le llamemos, que compartió junto con nosotros, sus gestos, sus travesuras, sus sonrisas.
En este contexto, no me es posible comprender, que consideremos como algo obligatorio, una especie de derecho, que asumamos esos dolores, esos sufrimientos, esos cuerpos en estado de cadáveres como repositorios de órganos posibles de ser donados, por mucho amor que tengamos por nuestros hijos/as queridos/as y que esos órganos pudieran salvar su vida; que no podamos comprender que existen otros padres, otros hijos, otras familias, que sintiendo los latidos del corazón de esa persona tan amada, que por eso la sentimos viva, que tenga que comprender la diferencia entre estado vegetal y cadáver, que tenga como deber, ser solidario permitiendo que se le extraigan sus órganos porque debe considerársele muerto, porque debe servir a otros.
Ese cuerpo debe servir a otros. ¿Quién dijo que esa existencia, ese ser que palpita, que para otros es ya un cadáver –porque si no se le mantiene conectado a diversos equipos muere-, tenga que, deba ser, donado para la utilización, para permitir la sobre vida de otras vidas? .
En lo Divino y normativo: Ese deber ser, está en los Evangelios? la Biblia? en la Torá?, en el Corán?, en qué Código Civil de qué civilización? No soy sabia, ni estudiosa, que alguien me ilumine si hay dichos claramente explícitos de obligatoriedad respecto de este tema.
Y en el terreno de lo humano, a nivel de los simplemente sujetos ¿que hay del respeto? Del respeto de los sentimientos, de los afectos, de los valores, del deseo, del pensamiento, de las concepciones, cosmovisiones, de la religiosidad de los otros? De los otros sufrientes que están del otro lado, haciendo cadenas de oración para que algo cambie y la persona se salve?, de que ocurra el milagro de que permanezca con vida, de juntar energías concentradas en ese deseo?.
Cómo puede darse espacio medial a alguien que diga , que por falta de equipamiento, de la cadena de procesos necesaria, o por falta de solidaridad, o por falta de cualquiera cosa, se haya perdido un órgano que le hubiese podido servir a su hijo?
¿Es una cuestión de órganos perdidos por insolidaridad social?, ¿por problemas de gestión de los servicios de salud?, ¿es una cuestión de órganos, no cedidos por el gran dolor de la pérdida del ser querido y la gran insolidaridad ante la incomprensión de la vivencia de ese dolor? ¿Cómo es que pedimos algo tan difícil de pedir, y tan difícil de conceder? ¿Pedimos con comprensión de ese otro dolor? ¿estamos pidiendo con compasión?

Brigitte Aubel Chacón
8.026.316-3

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