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9 de mayo de 2009

Explosión meteórica en San Diego

Por

POR JUAN PABLO ABALO

El 9 de mayo el santoral católico celebra a San Pacomio y los europeos festejan su día, el día de Europa. Por su parte, los japoneses celebran el éxito de la misión espacial Hayabusa en la que se estudió un asteroide cercano a la tierra. Chile no celebra nada, pero este año los melómanos podrán celebrar la explosión de otro asteroide: la enérgica música de uno de los más inquietos compositores e intérpretes del siglo pasado y presente, el texano Ornette Coleman, quien dará un concierto en el Teatro Caupolicán, el epicentro cultural de la calle San Diego.

A sus 78 años, Coleman tiene en el cuerpo tanta música (tan diferentes unas de otras y todas tan relevantes) que no resulta fácil anticipar por dónde irá su presentación. Lo que es claro es que será un espectáculo imperdible en el que estará acompañado por su cuarteto (él mismo más Denardo Coleman en batería, Al Macdowell en piano y Tony Falanga en contrabajo), formación con la que ha realizado parte importante de su producción.

Entre los reveladores primeros trabajos de Coleman destacan “Something Else”, “Tomorrow is the Question” y “Chanche of Century”. Con estos discos se impuso en el jazz quien fuera llamado “negrito mierdoso” por parte de un grupo de matones conservadores jazzistas, en respuesta a los cuales dirá Coleman: “el jazz moderno, antaño tan revolucionario y audaz, está convertido hoy en algo establecido y convencional”. Posiblemente el manifiesto de este saxofonista sea el disco “Free Jazz” (1960), en el cual propone la liberación completa de la música a partir del ritmo, la melodía, la armonía, el timbre e incluso el modo convencional en que los instrumentos son utilizados. Juntando a dos cuartetos en New York, grabó sin plan ni idea preconcebida una obra de grueso calibre, construida de largos solos, grupos de notas que estallan, politonalidades y semiunísonos que dan la impresión de una música destemplada. Con ello, Coleman marcó distancia del entorno jazzístico en el cual creció, y pensó en el jazz de su presente y futuro. Con una curiosidad ilimitada, se enroló en las ideas que algunos de los compositores clásicos ya habían utilizado: música aleatoria, atonalidad, música concreta, composición al azar, uso de la electrónica y del happening musical, llegando a escribir minuciosas obras para orquesta como “Saints and Soldiers” y “Space Flight”, frente a las cuales la crítica le reprocharía la falta de fuerza que a su música daba precisamente la improvisación.

El concepto de libertad es probablemente el eje sobre el cual Coleman ha construido su obra. En palabras del crítico y también músico Gene Lees: “El concepto colemaniano de libertad total está vinculado a la antimúsica y el antiarte”. Así, mientras en las décadas de los sesenta y setenta el rock and roll se convertiría en la música de protesta de los jóvenes blancos, el free jazz se convertiría en el medio de denuncia de las minorías negras frente a una tradición inflexible y autoritaria ya institucionalizada, con la que Coleman no podía tener más diferencias.

Por su radicalidad, la carrera de Coleman ha tenido de dulce y agraz, ha sido despreciado y admirado con el mismo fervor. Tomó mucho tiempo que reconocieran su verdadera envergadura como músico y más tiempo le llevó a él salir de las penurias económicas en las que vivía, hasta que su música ganó el respeto de la que goza hoy, justo y merecido, pues ha llegado a influenciar a una gran cantidad de creadores y tocadores que ven en él a un gran rebelde y subversivo músico de un género hoy en día, año 2009, ya acomodado y un poco pagado de sí mismo: el jazz.

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#ornette coleman

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