El día que Piñera traicionó a Lavín

Hace una semana, mientras la UDI celebraba su congreso programático en Punta de Tralca, entre los asistentes flotaba el fantasma de un aniversario que la derecha no ha querido recordar nunca. Y es que se cumplían justo cuatro años del día en que RN se reunió a proclamar a Lavín como candidato y salió con Piñera en andas. El temor de los opositores es que hoy los gremialistas le hagan una desconocida similar al candidato de RN. Y dicen que la historia no es cíclica.

POR VERÓNICA TORRES Y JORGE ROJAS

-La proclamación de Sebastián Piñera la programé yo, personalmente. Percibí que él podía ser candidato y se lo propuse -confiesa el abogado Roberto Ossandón.
Fue justo hace cuatro años, en el consejo general que RN celebraba en Espacio Riesco para proclamar a Joaquín Lavín como su candidato. Por entonces Ossandón era director del Instituto Libertad, del partido, y uno de los pocos piñeristas que había entre los dirigentes de RN. La mayoría -empezando por el presidente Sergio Diéz, que se había declarado “adicto a Lavín”- apoyaba al ex alcalde de Las Condes y Santiago.
Para el consejo, Ossandón llevaba un día operando abiertamente. El viernes 13, se había reunido con Piñera, aunque el plan era que Piñera se lanzara como candidato al Senado por Santiago, para enfrentarse con Jovino Novoa y tensionar la Alianza por Chile. “Me junté con él para planear su llegada al consejo. Habíamos concordado que se iba a tirar como senador, y para que apareciera como el gran líder, planeamos un entrada bien aplaudida”, recuerda.
-Pero esa noche no hablamos de ser candidato presidencial -sigue Ossandón.
Ossandón no estaba solo. Desde Concepción, Claudio Eguiluz -entonces presidente regional de RN y actual vice del partido- hacía rato que venía pujando por Piñera. Sin un candidato, creía, RN estaba condenada a desaparecer. Además sentía el rechazo a Lavín, al que el partido le achacaba la pérdida de 10 parlamentarios en la elección anterior y el atraso en la foto con los candidatos no UDI. En sus cálculos, Piñera tenía apoyo en las bases, pero el tema era saber bien a quién tenía que pedírselo. Y esa no era la Comisión Política, integrada casi por puros parlamentarios “que no querían competir y que iban a sepultar su candidatura; había que esperar al Consejo General, porque allí vota la tropa, los que no tienen ni dieta ni sueldo, los que quieren al partido”, dice Eguiluz.
Piñera, según Eguiluz, siguió su consejo. Tanto que una noche de mediados de abril, durante una reunión en la casa del entonces samurai lavinista Alberto Espina -hoy, uno de sus principales consejeros-, cuando le preguntaron si iba a ser candidato presidencial, él lo negó, explicando que ya era muy tarde para empezar una campaña.
Pero Eguiluz siguió trabajando. La noche anterior al consejo, durante la cena con las directivas regionales y mientras Piñera se reunía con Ossandón, Eguiluz aprovechó que no había parlamentarios a la vista para hablar con Sergio Diéz. Le contó lo que pensaban hacer en el consejo y el octogenario dirigente le pidió no armar enredos “porque se suponía que proclamaríamos a Joaquín Lavín”. Eguiluz le porfió: le pidió que se escuchara a los presidentes regionales y que después evaluaran; la mayoría, le dijo, “no estaba ni ahí con Lavín ni con la UDI y hasta en la campaña municipal muchos alcaldes UDI habían recortado sus fotos con Lavín porque ya le estaban dando la espalda”.
Parece que Eguiluz en algo convenció a Diéz. O fue la suma con Ossandón. Porque al día siguiente, luego de la apoteósica entrada de Piñera, Diéz le pidió un aparte a Piñera y bajó con él y Rodrigo Hinzpeter y Ossandón a una oficinita del subterráneo de Espacio Riesco mientras los miembros del consejo general almorzaban al son de mariachis. Diéz fue al grano: le preguntó al empresario si quería ser candidato presidencial. Luego de la respuesta de Piñera, tardaron cinco minutos en urdir la trama para dar vuelta al consejo. Después regresaron a comerse el postre con el resto de los dirigentes. El plan, recuerda Ossandón, era muy sencillo: quemar a los lavinistas.
-Primero hablaría Andrés Allamand, Alberto Espina y todos los que estaban a favor de Joaquín Lavín, para que se quemaran y para que supiéramos quiénes estaban con nosotros –dice Ossandón.

EL FACTOR LONGUEIRA
Igual que hoy, quien desató los fuegos en la Alianza por Chile fue Pablo Longueira, que hace un mes dejó el comando político de Piñera. En el 2005, a fines de abril, Longueira había aparecido en la revista Cosas diciendo que “Si la UDI me lo pide, sería candidato el 2010” (ver recuadro).
El anuncio cayó mal en RN, donde el cálculo era que la papeleta del 2010 le pertenecía a Piñera. El círculo del empresario decidió empezar a tensionar la relación con sus aliados.
Peor cayó el anuncio en Lavín. En el entorno del ex candidato nunca le han perdonado a Longueira hacerle sombra al entonces abanderado. Pero el resentimiento no es nada comparado con lo que les despierta Piñera, al que acusan de haber tenido todo montado para su proclamación. “Una traición”, dice un alto lavinista de esa época.
-Piñera tenía rayado todo Huechuraba con “Piñera Presidente”; a la entrada del Espacio Riesco, tenía lienzos impresos en PVC con el slogan “Se Puede”, que no los imprimís un día sábado en 15 minutos -dice otro.
Lavín también estaba en vías de ser abandonado por su partido. Los candidatos UDI no lo pescaban, en lo que sería una espiral de desconocidas que en campaña incluirían -dicen los lavinistas- al tesorero del partido y candidato por Puerto Montt Joaquín Brahm borrando el nombre de Lavín en los rayados de las calles y al actual presidente del partido, Juan Antonio Coloma, pidiéndole que no se apareciera por Talca.
La candidatura de Lavín a comienzos de 2005 valía poco. Y eso en RN lo sabían casi todos, excepto los dos hombres de confianza que el candidato tenía instalados en el partido: Andrés Allamand y Alberto Espina. Ambos le habían prometido que ese fin de semana de mayo tendrían la proclamación. Los dos se equivocaron escandalosamente.

EL GOLPE
Cuando terminaron de hablar los lavinistas que pedían adelantar la votación y no esperar hasta el domingo para proclamar a Lavín, Ossandón hizo su discurso. El abogado dijo -leyendo los apuntes que había redactado a la carrera- que Lavín ya no representaba el cambio y que su candidatura no competía de igual a igual con la Concertación, que existía en RN un anhelo de tener candidato presidencial y que fortuitamente se daban las condiciones porque ese candidato era Sebastián Piñera.
-Yo le quiero pedir a Sebastián Piñera, como amigo y dirigente, que tome este micrófono y nos diga a todos qué piensa; si está dispuesto a un desafío de esta naturaleza. Sebastián, RN te quiere escuchar -dijo.
Espacio Riesco quedó con la boca abierta. Piñera, nervioso, se subió al escenario para aceptar. Mientras, recuerda Ossandón, Allamand y Espina -”que estaban con línea directa con Cristián Larroulet” (otro samurai lavinista)- insistían en hacer una votación. El abogado recuerda que ambos llegaron a ser “muy groseros” con Sergio Diéz. La urgencia de los lavinistas era porque se creían dueños de los dos tercios necesarios para proclamar al candidato UDI.
Como querían Espina y Allamand, los RN votaron. Piñera ganó con el 73% y la asamblea se dividió. Mientras los piñeristas celebraban, los partidarios de Lavín hacían escándalo. Destacaban allí Allamand, Espina, Lily Pérez, Raúl Torrealba, Manuel Ossandón, Nicolás Monckeberg y Marta Ehlers, que dicen que llegó a tirar sus lagrimitas.
-Había mucho lavinista, pero era una cupulita, porque el poder de las bases estaba con Piñera -recuerda Ossandón.
Para el actual diputado Felipe Salaberry, fueron Allamand y Espina los responsables de la vuelta de carnero. “Piñera hizo un trabajo interno con la dirigencia de RN y eso escapó a los dirigentes de RN que estaban en la campaña de Lavín. Hubo un mal cálculo de Allamand y Espina de lo que estaba sucediendo en su propio partido”, dice hoy.

GATO DE YESO
Iñaki Busto recuerda ese día a su ex jefe Joaquín Lavín como un “gato de yeso”, una figura que apenas parpadeaba. Busto, jefe territorial de la campaña lavinista, estaba con el candidato en Osorno cuando RN se desbordó. Se enteraron de la noticia en el aeropuerto de la ciudad, camino a Santiago. A Lavín le avisaron sus contactos en el partido aliado, que le habían estado soplando noticias durante todo el día. Por la televisión ya pasaban la noticia.
Busto todavía culpa a Longueira del desplome de la candidatura. “Esa entrevista cambió totalmente la campaña, porque las esperanzas de Piñera estaban puestas en el 2010 y con lo que había dicho Longueira se condicionaba todo. Si Lavín era presidente, potenciaría a Longueira y Piñera pensó ‘estos huevones me van a pasar la máquina y me van a cagar’. No le quedó otra que sumar cero y quedar como el mejor posicionado”, dice.
Cristina Bitar, la generalísima de la campaña, no estaba mejor. Un miembro del círculo íntimo del candidato recuerda que ese sábado ella estaba “desconsolada en su casa de Santiago, sé que hubo gente que se juntó con ella y dijo que sentía que estaba trabajando en un carrera que ya estaba medio corrida y que venía éste a liquidarlo todo”.
El viaje de la comitiva a Santiago fue sombrío. Lavín casi no habló nada. Al llegar a Santiago, programaron una reunión para el día siguiente en la casa de Carlos Alberto Délano. Allí llegaron Larroulet, Jovino Novoa, Longueira, Espina y Allamand. A los RN le pidieron explicaciones, pero los dos se disculparon con que no podían hacer nada, salvo cuadrarse ahora con el empresario.
Pero en RN algunos sí querían seguir con Lavín. Lily Pérez ofreció renunciar al partido si le daban el cupo de senadora por Santiago Oriente; Baldo Prokurica también se ofreció para sumarse a la UDI. Los Monckeberg y Alberto Cardemil se sumaron.
Con esas cartas, Lavín trató de negociar en la UDI. Pero el cupo de Santiago Oriente era de Longueira. Ni el actual senador ni Jovino Novoa quisieron alentar la fuga de los RN y sólo Cardemil terminó renunciando al partido al final.
-Lavín se desesperó porque Novoa y Longueira le dijeron que no y ese fue el golpe para él. Fue la primera vez que golpeó la mesa y les dijo: ‘¿queremos ganar o qué?’ -cuenta un cercano a Lavín.
De ahí en adelante todo fue un desplome para el candidato. Mientras se empecinaba en continuar la campaña, en su comando el odio a Piñera crecía. En su familia, el resentimiento no ha pasado.
-María Estela jamás apoyará a Piñera. Para ella él es un gallo que no se merece nada, porque lo que hizo fue una mariconada. No sólo por eso, sino por como es y como trata a la gente de su entorno -cuenta un cercano a la familia Lavín.

Una encuesta encargada en Temuco terminó por desalentar a los pocos lavinistas que seguían creyendo en el candidato. Lavín apareció tercero con 22%, muy lejos de Piñera y Bachelet que superaban el 30%. Ese fue el comienzo del fin. A esas alturas, la publicidad que desde el comando enviaban a regiones no salía de las bodegas de TurBus porque a nadie le interesaba retirarla. “En el comando veías peleas, como cuando llamaban del comando de Julio Dittborn para decir que por favor no le mandaran más propaganda de Lavín porque no la necesitaba”, recuerda uno de los encargados de lo que quedaba de la campaña del Cambio.

¿VUELTA DE MANO?
En diciembre de 2005, el día de la elección, varios lavinistas recuerdan a la cúpula UDI tomándose la cabeza. La diferencia que daban los cómputos del Ministerio del Interior entre Lavín y Piñera era de apenas un punto, poco más de cien mil votos. Y, dicen, aunque desde la UDI se intentó que el candidato derrotado no respaldara a Piñera, Lavín decidió sumarse desde el primer día a la campaña de la segunda vuelta.

Lo hizo casi solo, eso sí.

Desde entonces que Lavín ha estado en su travesía por el desierto mientras su partido prolonga la ratificación de Piñera, tal como hiciera RN hace cuatro años. Ahora, eso sí, es piñerista. Iñaki Busto tiene su idea sobre eso: “el amor de Lavín por Piñera no es porque lo encuentre un buen tipo, sino que simplemente porque quiere quedar mejor posicionado. Y si en el camino se cae Piñera, Lavín le va a pasar por encima no’ más”, dice.

En la UDI, pese a las críticas que le hicieron cuando se des-udizó, siguen mirándolo como presidenciable. Él u otro, adelantan algunos.

Y aunque en RN saben eso, algunos en ese partido le restan dramatismo. El propio Ossandón, el hombre que “conspiró” para levantar a Piñera, tiene su opinión formada:

-Si la UDI levanta un candidato no va a pasar nada. Tal como en el 2005 no pasó nada cuando ganó Piñera. Ahora, a la UDI le va a costar, porque si ponen un candidato que no marca y los parlamentarios lo siguen, va a haber muchos que se van a perder, tal como pasó cuando Longueira quiso tirarse y le quitaron el piso, porque sabían que se perdían todos.

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