¿Chile necesita tanques?

Por Alvaro Díaz

Desde que murió Pinochet, el asunto parece zanjado: los milicos volvieron a sus cuarteles y son más caballeros y gentiles que los bomberos y hasta los boy scouts. Nadie se mete con ellos y viceversa. Y cada vez que, como ayer, aparece algún alto mando involucrado en asuntos pecaminosos, se trata de gente que enloda a la institución pero que nada tiene que ver con los rectos principios que la fundan y sostienen. Guaripola de esta actitud es el coleccionista de soldaditos de plomo y ministro de Defensa Francisco Vidal, que de tan entendido en la materia considera innecesario dar explicaciones


El Leopard 1 en acción, triturando un peligroso auto estacionado.

de cualquier tipo. Que el general (R) Luis Iracabal y el brigadier general (R) Gustavo Latorre -procesados ayer por recibir una coima de US$596 mil dólares por la compra de 200 tanques Leopard a Holanda- estén retirados no significa necesariamente que lo suyo sea práctica de otras épocas, enterradas junto al cajón del dictador. Echándole mano al sentido común, es sensato creer que en las Fuerzas Armadas, donde mucha plata, ocio y mecanismos sigilosos se mezclan, la corrupción es un resultado esperable. ¿Quién evalúa las compras, quién pone los precios, quién asegura que los que es chatarra en Europa acá es arsenal de primer nivel? Los mismos que luego de hacer la transacción consideran justo y necesario cobrar por la pasada más medio millón de dólares.
¿Chile necesita tanques? ¿cuáles? ¿cuántos? Ningún candidato se hace esa pregunta. Tampoco los ministros, menos los congresistas. Lo que gasta el Ejército es lo que gasta el Ejército y punto. Reclamar porque los más avispados se roban una cola o los tanques son a fogueo es llorar sobre la leche derramada. Como dice el viejo refrán, la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer.

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