• “Cuando tienes un joven con pocas oportunidades laborales, lo empujas a actividades ilegales”.
• “En Chile se deja que el mercado actué solo y la brecha educacional no se cierra”.
• “El programa Chile Solidario, tuvo cero impacto en el ingreso y la situación laboral de las familias que participaron”
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    Por J.A.G.

Kirsten Sehnbruch, PHD en Cambridge, comenzó a investigar el mercado laboral en Latinoamérica en 1998. Por entonces Chile todavía se ufanaba de ser el tigre asiático del barrio y Kirsten decidió ver cómo nos iba en materia laboral. Ya no somos la promesa de 1998: ni crecemos como entonces ni -según advierte Kirsten- volveremos a crecer así. Su estudio, publicado en 2006 (The Chilean Labor Market: A Key to Latin American Labor Markets) mostró que en los buenos años nuestro país no produjo empleos de calidad y hoy sostiene que si queremos dar un salto y cerrar las brechas, el Estado tiene que meterse a fondo. Cuando se dice que la gente ya no tiene sueños, esta alemana, profesora en la Universidad de Berkeley, nos recuerda que está pendiente el sueño de mejores trabajos y, a través de ellos, de más equidad.
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Antes de ponerse a investigar sobre el mercado laboral chileno Kirsten trabajó varios años en el banco de inversión Goldman Sachs. Era analista financiera y allí tenía que estudiar empresas buscando algo muy concreto: que rindieran mucho dinero rápidamente. “En los mercados financieros importa el corto plazo. A los accionistas de ahora no les interesan mucho los planes de la empresa para los próximos 25 años, por que para entonces no van a ser dueños de la empresa, sino otros inversionistas. Esa presión influye muchísimo en cómo se maneja la economía”, explica la investigadora.

¿Qué problema tiene pensar en corto plazo?
Que no hay espacio para pensar en qué país se quiere construir.

Se supone que los países los construyen los mercados en forma automática, sin que nadie los planifique.
Esa era la idea dominante hasta hace poco: que si se generan las condiciones macroeconómicas, todo lo demás se resuelve sólo. Pero eso está en cuestión hoy. La actual crisis fue generada por fallas en los mercados y todo el mundo está repensando el papel de éstos en la economía. Esa tarea no es fácil. No hay muchos economistas capaces de hacer eso y de hecho para Obama ha sido difícil encontrar gente que se salga del esquema “Chicago” y pueda inventar un paradigma nuevo. Sin embargo, todos los países están repensando. Hoy hasta EE.UU. hace grandes inversiones para promover la creación de empresas. También la Unión Europea o China, que está poniendo mucha plata para desarrollar energías sustentables. En Chile, en cambio, el paradigma siempre ha sido: “el precio de la energía tiene que reflejar el costo.” Ha habido una convicción muy firme de que no hay que intervenir en el mercado, en vez de pensar como nuestros recursos sustentables pueden convertirse en el eje de una estrategia de desarrollo que genere buenos empleos.

¿Por qué seguimos con esa convicción?
-Bueno, en Chile muchas decisiones económicas no son pragmáticas sino ideológicas. Pero más allá de eso, tal vez se debe a que esta crisis no ha golpeado tan fuerte al país, y entonces nadie siente que hay que hacer cambios radicales. Pero eso que es bueno ahora, puede ser complicado mañana, porque cambiar sólo un poco no va a ayudar. Por la vía actual, Chile va a seguir explotando materias primas sin producir valor agregado; y así, no va a mejorar la calidad del empleo, ni se generará suficiente trabajo para las mujeres y los jóvenes.

¿Qué tan mal estamos ahora?
-El punto no es que las cosas estén mal sino que podrían estar mucho mejor. Chile es como un paciente con problemas cardiovasculares de los que ni siquiera se ha dado cuenta: está con sobrepeso, con colesterol alto. No está en la UTI pero si no hace un cambio radical le va a ir mal.

Bueno, entonces no hay que preocuparse tanto.
-El problema es que si no hay un cambio de modelo, habrá que olvidarse de los años en los que Chile destacaba por su crecimiento. Con el modelo actual nunca va a superar el 4% de crecimiento promedio. Y eso es muy poco para un país que quiere cerrar brechas y entrar a la OCDE. No se puede pretender que Chile crezca sólo cuando aumenta el precio del cobre.

Por otra parte, la falta de empleos de buena calidad y bien pagados tiene un costo más alto de lo que se piensa. Porque cuando tienes un joven con pocas oportunidades, lo empujas a actividades ilegales. Esa es una forma en que pocas veces se analiza los problemas de seguridad ciudadana. Hay muchos ejemplos de política publica que muestran que cuando a los jóvenes tienen una perspectiva de futuro, todos los problemas sociales bajan, incluyendo embarazos no deseados y los delitos.

El mercado, actuando solo ¿no va a resolver el problema del desempleo juvenil?
-No, porque ya hay una sobreoferta de gente mal preparada. El mercado no tiene por qué emplear a un joven con poca capacitación. El mercado va a elegir al mejor. Pero ¿qué pasa con el que no es el mejor?

La derecha también dice que Chile podría crecer más, pero para ella la solución es flexibilizar el empleo.
-Hay ciertas áreas en que ayudaría flexibilizar. Pero eso no va a crear un millón de empleos, como se ha prometido. Porque, primero, el empleo en Chile ya es bastante flexible. Y segundo, porque cuando la economía creció, paradójicamente creó muy pocos empleos… Y esos empleos eran de peor calidad que antes. Aunque los datos son escasos en materia laboral, hay una cosa de la que podemos estar seguros: las condiciones laborales en Chile no mejoraron durante las últimas décadas. Bajó la cesantía, pero hay demasiadas personas trabajando sin contrato. Además, los contratos indefinidos fueron reemplazados por contratos a plazo fijo. También aumentaron las personas asalariadas que trabajan a honorarios.

¿Cómo se soluciona eso?
-Tiene que haber una estrategia de largo plazo que involucre a todos los actores del país, coordinada por el Estado. Una estrategia que identifique las áreas en que Chile debe invertir muchos recursos. Sólo así se crearán polos de desarrollo y capital humano de mejor calidad. No puedes solucionar estos temas poniendo un granito aquí, otro acá. No basta con subsidios relativamente chicos para programas de tecnología e innovación o de fomento productivo.

¿Por qué los programas sociales que se hacen ahora no bastan?
-Mire lo que pasó con el programa Chile Solidario. El eje de ese programa era insertar a las personas en el mercado laboral. Y en el papel era genial. Pero al salir a terreno, veías que los beneficiarios del programa tenían tan poca preparación, un capital humano tan bajo, que no podían cumplir con lo que se esperaba. O sea, no le puedes dar 300 mil pesos en mercadería a una señora para que salga a vender a una feria, sin darle también una forma de movilizarse, de llevar sus productos, un permiso para vender y capacitarla para que sepa de verdad cómo desarrollar un negocio. La gente se gastó la plata en sus necesidades más urgentes, en vez de invertir. Entregar 10 mil pesos de subsidio al mes y una semana de capacitación no son suficientes cuando hay necesidades y deficiencias tan profundas. Por eso el programa Chile Solidario, tuvo cero impacto en el ingreso y la situación laboral de las familias que participaron. Pienso que el camino correcto es una estrategia de desarrollo y una política laboral mucho más activa. Y la verdad es que Chile no tiene política laboral; al menos no con metas concretas.