Por VÍCTOR M. AMELA

(N. del E.: Esta sencilla entrevista, realizada hace algunos años por el periodista argentino Víctor Amela, retrata de cuerpo entero a La Negra, fallecida ayer en Buenos Aires. una persona magnifica que no escondía dolores y domésticas preocupaciones)

“Tengo 64 años. Nací en Tucumán (Argentina) y vivo en Buenos Aires. Soy cantante. Soy viuda. Tengo un hijo, Fabián Ernesto (41 años), y dos nietas, de 23 y 14 años. Soy cáncer. Conduzco un Audi chiquito. He estado muy enferma y me he reencontrado con Dios. Soy progresista. Soy embajadora de Unicef”

Qué bien suena su pueblo: Tucumán…

Allí viví toda mi niñez. Tenía pocas cosas, pero el amor no me faltaba.

¿Guarda buenos recuerdos?

Sí. Mi mamá cocinando para nosotros… ¡Ella no me dejaba entrar en la cocina!

¿Por qué no?

Porque ella quería que yo tuviera tiempo para leer. Y yo leía: lo leía todo, todo, todo.

Un acto de amor…

Sí. Pero si yo no hubiese sido lo que soy, sería como ella: una mujer que cocina y que da felicidad a sus hijos. Yo estaba contenta allí, en Tucumán. Yo no quería salir de allí.

Pues ha viajado usted por todo el mundo.

Sí. Recuerdo a una amiga que me decía: “Me muero por irme a Buenos Aires”… y sigue en Tucumán. Y yo… ¡le juro que no me apetece nada ir a India, a Pekín…! Son cosas que no he buscado. Yo no he buscado nada en la vida.

¡Pues la llaman “la voz de América”!

Qué rimbombante: decir eso es no conocer Latinoamérica. Es un continente enorme, disperso, variado. Hay mil voces, no una.

Un continente teriblemente castigado

Yo tuve que exiliarme cuando la dictadura de los militares, en 1978. Fue muy duro para mí. Aparentemente estaba bien, reía, cenaba con amigos, pero…

¿Cuándo regresó?

En 1982 volví allí a cantar, y el general Lacoste dijo: “¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?”. Me fui rápido, y volví ya en 1984, con Raúl Alfonsín.

¿Le satisfizo lo del “punto final”?

Me satisfizo el juicio a los militares. Y el indulto de Menem me pareció loco. Pero esos militares no pueden ir hoy tranquilamente por la calle.

¿No?

Astiz, llamado “el ángel de la muerte”, estaba un día en un bar y tuvo que irse porque la gente le corrió. ¡Ese hombre se infiltraba en las manifestaciones de las Madres de la Plaza de Mayo para saber sus nombres!

Ese Astiz es el que tiene cara de niño, ¿no?

Sí, pero esta envejeciendo muy rápido, con una expresión en la cara de tristeza y de maldad a la vez.

¿Ha llorado usted alguna vez mientras cantaba?

Una vez. Fatal. ¡Cometí el peor de los errores que pueda cometer un artista!

No veo por qué.

Porque cuando subes al escenario debes ser poderoso, dominar, y no ser juguete de tus sentimientos. Cantaba “Volver a los 17” y pensé en mi nieta, que la había dejado con 3 años al exiliarme. Ese día ella cumplía 17 años, y…

Lloró.

“Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios”, dice la canción. Sí, lloré. “Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando como el musguito en la piedra…”

¿Cuál ha sido el peor momento de su vida?

Tuve una depresión el año pasado. Cinco meses seguidos vomitando, vomitando. Por dentro todo era una llaga. Ni el agua aceptaba. Una sed espantosa…

¿Cómo se curó?

El áloe vera me curó la llaga, y las inyecciones de antidepresivos me han puesto bien. Ahora tomo dosis pequeñas. Yo creo que me salió todo lo que tenía dentro por el dolor del exilio.

¿No está usted cansada de cantar, de ir por el mundo?

Después de cada gira, agotadísima, yo me quería retirar. Pero desde que he salido de la enfermedad…

¿De la depresión?

Sí. Pues como estuve cinco meses en la cama, sin caminar, y pensaba que jamás podría volver a hacer nada…, ¡tengo ahora tan grande amor por la vida!

Me alegro muchísimo.

Es tan grande, la vida… Me he dado cuenta de que la tomamos muy a la ligera.

¿La enfermedad le ha cambiado?

Cuándo estás tan enfermo, estás tan solo… Sólo tú sabes lo que sufres. Eso me acercó a Dios. Me he reencontrado con él. Mi último disco es “Misa criolla”…, ¡y lo grabé en Israel! ¡Todo son señales!

Cree usted en lo sobrenatural…

La cantante aymará Ludmila Carpio me dijo, cuando yo estaba en la cama, que se iba a Bolivia a cantar y rezar allí con las Madres de Mayo, un domingo. Y ese domingo yo oí cantar bellísimo a un pájaro junto a mi ventana. ¡Para mí, era Ludmila!

¿Cuál es su asignatura pendiente?

Cantar con Carlos Santana. Es una persona que admiro mucho.

¿De qué está más orgullosa?

De haber sido tan activa, de ser embajadora de la Unicef para los niños, de cantar para ellos. Una niñez doliente genera hombres y mujeres desesperados.

Última pregunta, doña Mercedes: ¿hay algo que la obsesione en estos momentos?

Mire este compact de la “Misa criolla”: ¿ve?, está dedicado a mi madre. Pues ella…, ella… se está muriendo. Y yo no estoy allá… Llegaré el martes a Tucumán, ¿sabe? y… no sé… si estará… viva o muerta…

Tenga ánimo…

Lo tengo, pero, a veces… Este es el momento más difícil de mi vida. Se va uno de los seres… más importantes…

Ánimo, ánimo.

Yo creo que ella me está esperando… Y, si ha muerto, iré a su tumba y…