Educación: Zapatos a crédito

Por Emmanuel Elías Figueroa

Sin duda alguna, en nuestros días, el acceso a una educación de calidad parece más ese ansiado regalo que todos piden pero pocos reciben, que un derecho al que todos los jóvenes pueden optar.
Es sabido que la ignorancia, la falta de estudios y, por qué no decirlo, en muchos casos el analfabetismo, redundan en una precaria calidad de vida y creo que nadie pretende vivir en esas condiciones, por el contrario, siempre aspiramos a más, sin que ello signifique ambición ni nada por el estilo, sino un comprensible anhelo de tranquilidad, placer y satisfacción; en palabras simples: alcanzar la esquiva felicidad.
No digo que el dinero haga la felicidad pero de una u otra manera influye en nuestro diario vivir porque a través del dinero obtenemos los bienes que necesitamos…y si nos damos cuenta la educación se ha convertido en un bien estrechamente relacionado con el dinero, dado que para estudiar necesitamos plata y la plata se obtiene de un trabajo y el trabajo se obtiene en función de los conocimientos que tengamos y los conocimientos se adquieren mediante la educación.
Entonces, cabe preguntarse: ¿Quiénes obtienen educación?, ¿Es fácil acceder a ella?
Según el jefe de Educación Superior del Ministerio de Educación ha habido mejoras que se reflejan en el gran número de jóvenes que llegan a la educación superior, de los cuales, el sesenta por ciento corresponde a la primera generación de sus familias que alcanza la universidad. No podemos negar que es un gran avance para nuestro país respecto a tiempos pasados, pero este único motivo ¿es suficiente para sentirnos orgullosos?
Considero que es una vergüenza el hecho que en pleno siglo XXI sólo seis de cada diez personas puedan cursar la Enseñanza Superior, sin considerar el costo que significa acceder a ella, que no deja de ser menor. No hace falta tener dos dedos de frente para darse cuenta que todo gira en torno al dinero y la repetida cantaleta de la ayuda brindada por el Gobierno no es mas que una falacia.
Pensemos un momento: solamente por dar la Prueba de Selección Universitaria un estudiante debe pagar la no despreciable suma de veinte mil pesos, sin saber si su puntaje alcanzará la ponderación requerida por la carrera que pretende estudiar. Pequeños cálculos extraídos de mi ex Liceo (municipal obviamente) arrojan un monto cercano a los nueve millones novecientos mil pesos reunidos cada año, por concepto de inscripción para la famosa Prueba de Selección Universitaria. Es innegable que los ingresos del gobierno ascienden más allá de las nubes, sin contar cuántas personas rinden el examen por segunda vez, instancia que amerita un incremento en el precio, alcanzando la suma de veintisiete mil pesos aproximadamente. No se engañen señores pensando que el gobierno otorga Becas para la PSU, puesto que las Becas no son mas que plata girada ya que las respuestas de postulación son bastante tiempo después de los que ya han pagado o rendido la prueba por segunda vez, es decir, esperan que pagues los veintisiete mil pesos, juntan a tres personas y así obtienen una Beca para dar, según ellos pero la realidad es esa, entre nosotros la pagamos.
No pretendo aburrirles con más cálculos porque lo que en realidad debemos tener en cuenta una vez aceptada la postulación en la carrera elegida comienza el verdadero “sacrificio” monetario, puesto que luego de la selección se viene el pago de la matrícula que no dejan de ser cien mil pesos aproximadamente, más el arancel que son otros cien mil pesos, fotocopias, alimentación y en muchos casos estadía, etcétera.
De acuerdo a mi manera de ver las cosas ¿Qué familia de clase media con un ingreso de ciento cincuenta mil pesos (que ni siquiera es el sueldo mínimo) alcanza a dar este precioso regalo llamado Educación? Nuestro querido Estado o mejor dicho nuestro “Gobierno de la República de Chile” ó el Viejito Pascuero…Para los que aún creen en le viejito pascuero lamento informarles que no existe… y de igual manera, para los que creen que el Gobierno nos da la Educación lamento comunicarles que no es cierto. Y ¿cómo es que estudiamos?… ¡nosotros mismos nos regalamos Educación! De la misma forma que nos compramos zapatos a crédito, compramos Educación a crédito.
Es simple y sencillo, al igual que en las casas comerciales, en nuestro sistema das un pie ya tienes tarjeta (para mi esta es tu carrera) y te compras tus zapatos (esa es tu educación) los usas lo más que puedas, te sirven para el frío (tu futura casa), para presentarte bien ante los demás (los invitas a comer), para no ser un indigente no pobre ante la sociedad (sin desmerecer a los que están en esa situación), y con tu trabajo los vas pagando en cómodas cuotas.
Pero ¿qué pasa cuando no trabajas y te ofrecen crédito?: tú muy ingenuamente lo aceptas y te compras tus zapatos, no los puedes devolver porque te gustan, ya los usaste y no hay vuelta atrás. Eres un moroso, pasas a DICOM, producto de ello no te prestan plata, sin dejar de recordarte que no tienes trabajo. ¡Uff! ¿Que situación no? Así esta nuestra Educación… como comprar zapatos a crédito.
No obstante tenemos que mencionar a aquellos que sin mayor esfuerzo ni trabajo tienen sus zapatos caros y de buena marca, y muchas veces no se preocupan de su valor, porque a ellos se los regalan sus padres, mientras nosotros los sacamos a crédito. Los padres de estos individuos no necesitan créditos para regalar zapatos porque tienen dinero de sobra para comprarlos. La gran mayoría de los padres que regala zapatos a sus hijos son las personas que nos dan el crédito para comprar los nuestros, gracias a que son dueños de tiendas, bancos, empresas, etc; y sin que nos demos cuenta, con los intereses cobrados por nuestro crédito, pagan los zapatos de sus hijos, ese preciado zapato llamado Educación.
Al analizar de esta manera la realidad de nuestra educación, no hay argumento que me impida aseverar que “La Educación Superior sigue siendo un privilegio de pocos”.

Comentarios