POR PATRICIO FERNÁNDEZ

Entre clasificatorias futboleras, campañas y noticias anodinas, este 2009 el tema de la homosexualidad zumbó en Chile como un tábano. En agosto fueron publicadas las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana, donde la paciente y abnegada maestra normalista da gritos de pasión por su secretaria gringa. El nebuloso idilio de juventud que la poeta tuvo con Manuel Magallanes Moure se volvió mofletudo comparado con el de esta Lucila atrevida y enamorada. La profesora jubilada deja que hable la carne en lugar de los preceptos. Algunos académicos hicieron lo posible por enredar la perdiz, pero, a pesar de ellos, este año creció Gabriela Mistral. Los poetas no son sólo sus versos, también los límites que transgreden. Sus poemas, estoy seguro, recibieron la noticia como aire fresco. La autora escapaba por un rato de sus estatuas. Aunque pretendieron evadirlo, se impuso el dato del lesbianismo de la Mistral.

Marco Enríquez metió a comienzos de su campaña el tema del matrimonio gay, o de las uniones civiles, o como quieran llamarlo. Y prendió como el pasto seco. Los candidatos corrieron a buscar maricas. Frei y Marco se disputaron el voto del MOVILH (Movimiento de Liberación Homosexual), y en una sesión televisada, por razones que no quedaron del todo claras, sus dirigentes terminaron empapelando a garabatos al pobre ME-O. Rolando Jiménez, el presidente de la mayor entidad gay, apareció un montón de veces durante ese período en la tele. Hasta Piñera salió a bailar con las locas. Cosa inimaginable años atrás, el candidato de la derecha planteó la posibilidad de legislar al respecto. Hay que recordar que para esa cultura derechista estamos ante una anomalía, ante un fenómeno más bien asqueroso que remite sus cabezas a experimentos físicos incómodos, oscuros y sórdidos. Para el mundo conservador, mil veces mejor no hablar de ciertas cosas. “¡Esto ha sucedido siempre!”, dicen, “pero no corresponde considerarlo normal”. Imagino que ahí está la única línea divisoria relevante entre los que consideran que se trata de una desviación, y quienes entienden la homosexualidad como otro mundo más al interior de este universo.

Los gays fueron las guindas de esta campaña. La derecha decidió incluirlos en su franja. Chadwick y Allamand escribieron una carta apoyando la idea de las uniones de hecho, y saltó José Antonio Kast enfurecido y Carlos Larraín con cara de no puedo creer la cochinada que estoy viendo. Según algunos, la pelea era parte del show para demostrar que el candidato se imponía, pero de que ellos encuentran todo esto una inmundicia, no tengo dudas. El lenguaje homofóbico se lo han tragado apretando el poto: La Moneda bien vale un silencio. Los que no han callado han sido ciertos sacerdotes y bloggeros. El obispo Goic pidió que no se hicera de esto una chacota electoral, y el senador Pizarro contestó que mejor no se metieran los curas, porque entre ellos estaba lleno de pedófilos. Como era de esperar, al día siguiente se desdijo, pero fue buena mientras duró. El Obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, puso los puntos sobre las íes: “…la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso”. Más adelante concluye: “las personas homosexuales están llamadas a la castidad”.

Los foros en internet y las cartas de los diarios se llenaron de opiniones al respecto, y en muchísimas mesas familiares o de bar se trató el problema de las mariposas. Este fue el año en que salieron al tapete, en que el tema pasó del clóset a la plaza pública. La publicación del libro de Pilar Donoso -la hija de José, el novelista-, en el que dialoga con los diarios de su padre, vuelven sobre el punto. Ahí José Donoso habla de su homosexualidad. El libro se titula Correr el Tupido Velo, y en una de sus muchas citas, el autor de El Obsceno Pájaro de la Noche comenta: “las figuras de nuestra cultura siguen siendo monumentales, nunca humanas, y los elementos contradictorios y a veces hasta vergonzosos con que se construyó la obra genial permanecen velados.” El 2009 ese velo se descorrió un poco.

Los analistas podrán interpretar el fenómeno. Hallar el vínculo que esto tiene con el gobierno de la madre Bachelet y la ausencia del padre. (Resuenan fuerte los padres muertos en los tres candidatos a la presidencia mejor votados.) Quizás responda a un momento histórico de indefinición. Convengamos que al menos la política se halla en un titubeo. En una de esas, simplemente hemos madurado un poco y dejado de mentirnos, o ampliado nuestros criterios, o qué sé yo. Aunque seguimos en la retaguardia planetaria, lo cierto es que fue un año rosa.