Por Tulio Valderrama Schälchli

En una visita a nuestro país el cardenal Tarcisio Bertone, segundo hombre de El Vaticano, se refirió sobre los casos de pedofilia en la iglesia católica cometidos por sacerdotes, y que vendrían siendo encubiertos desde el periodo del tan querido Papa, Juan Pablo II. “Muchos psicólogos y muchos psiquiatras han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado (…) que hay relación entre homosexualidad y pedofilia”, afirmó el cardenal.
Burro el hombre. Voces de protesta se levantaron en todo el mundo agravando más aún el escandalo suscitado por las perverciones de los curitas. Pero aunque suene a cliché, nada nuevo bajo el sol. La iglesia a lo largo de su historia a calificado la homosexualidad como una “patología”. El punto es que ahora la vincula directamente con el abuso sexual de menores. GRAVE. Por este motivo, esperando que esta columna llegue a los ojos de Don Tarcisio, cito a la Organización Mundial de la Salud para aclararle ambos conceptos (sin mucha esperansa que los comprenda) “La homosexualidad es una variación de la conducta humana. La pedofilia es una patología, un crimen. No la homosexualidad”. Simple y claro Don Tarcisio.
Para calmar las aguas, El Vaticano envío un mensaje contradiciendo no sólo los dichos de Bertone, sino que también su actuar a lo largo de la historia: “Las autoridades de la Iglesia no creen que esté en su competencia hacer afirmaciones generales en asuntos de naturaleza médica”. PLOP. Sólo un estupido o un asérrimo creyente no se preguntará ¿Y la posición de la iglesia contra la pastilla del día después? ¿No adujeron argumentos médicos por los cuales la consideraban abortiva? Este es sólo un caso.
Pero como si todo esto fuera poco, el Papa Benedicto XVI le puso el broche de ORO (metal que le sobra) a esta semana: “Llamó a los cristianos a hacer penitencia”.
En un comienzo me pregunté qué culpa tienen los pobres cristianos en todo esto. Por qué deberían ser ellos los que hagan penitencia por los crímenes que cometen sus guías espirituales. Luego comprendí, sin antes socializarlo con amigos creyentes, que son ellos los que avalan esta situación, al dejar que la fé domine la razón.

AMÉN.