Chile depende de Chile… dicen


Por Zenón Gudlliar Araya
La frase puede no ser para nada cierta en términos energéticos, diplomáticos, tecnológicos, industriales, manufactureros, cárneos, de cambio climático, religiosos e, incluso, constitucionales o mineros. Pero, qué importa. Mucho más relevante que todas esas huarifaifas secundarias, es que es una verdad rotunda si se trata de fútbol: Chile depende de Chile.

Y qué bueno. Porque la calculadora nunca ha sido aliada de las clasificaciones chilenas, salvo por el mundial de Francia 98, en el que –reconozcámolo- los guarismos se dieron mágicamente, como si Zamorano y medio cuerpo técnico hubiesen vendido sus almas inmortales a Zatanás. Entonces, tras una seguidilla de empates, Chile pasó a octavos, con el alma en un hilo, para encontrarse con su habitual “bestia negra” sudamericana: Brasil. El equipo al que Salas le pintó la cara una memorable vez en el Nacional, pero que –en términos generales- hace a nuestros futbolistas sudar tinta china mezclada con sangre araucana, si es que no ideas que rondaron en la automutilación y el montaje teatral.

Chile depende de Chile, decíamos, pero la combinatoria probabilística que este Mundial depara como futuro a la Selección, sigue ofreciendo una panoplia abierta a la creatividad. Y eso hace que uno, como comentarista deportivo, se debata entre ser racionalmente cauto o unirse a la inconsciencia del carnaval autocomplaciente, inaugurado tras derrotar por la cuenta mínima a dos conjuntos discretísimos, como lo son Honduras y Suiza.

Empecemos por lo obvio; el desenlace final del Grupo H ya se instala como una de las incógnitas más sabrosas del campeonato. Y es que no me extrañaría hasta que Hoduras termine derrotando por goleada a una Suiza necesitada de ir a buscar el resultado. Porque no pretenderá el cuadro relojero repetir su guión de toda la vida, esa pobre imitación de la ideología italiana del fútbol, que podríamos denominar el murciélago helvético ¿Y cómo será jugar contra la tronca Suiza si está entregada al ataque? Debe ser una novedad que –sospecho- solo los hondureños tendrán el placer de degustar en este Mundial.

Pero la desmoralización creciente en los chicos de Tegucigalpa, también podría redundar en que los goles que les anoten vayan creciendo exponencialmente, como si se tratara de la población de la India. Primero, el gol solitario convertido por Beausejour para Chile; luego las dos pepas españolas; y finalmente –por qué no- cuatro goles a cuenta de cualquiera de los olvidables jugadores suizos, dedicados a hacer carne molida a base de un seleccionado fantasma, sumido en una depresión galopante.

El partido Chile-España de este viernes, por su parte, es otro misterio. Cabeza fría de por medio, la mayoría de los comentaristas mundiales se lo dan a España. Un pronóstico que, de confirmase, podría obligar a nuestra hinchada a comenzar anticipadamente a pensar en el regreso a Pudahuel o en el pago de las cuotas de los créditazos mundialeros.

Aunque creo que Chile tiene mucho a su favor para pasar de ronda (partiendo por que le basta el empate), no se puede dejar de profetizar que los clasificados y sus ubicaciones se terminarán de decidir tras el pitazo final de ese partido angustiante con España, en el que habrá que ver si es que el pragmatismo del empate logra seducir al ofensivo Bielsa, por ejemplo, si tras entretiempo la cuenta sigue igualada.

Lo único claro: el que cante victoria antes de tiempo (en cualquiera de los dos países), allá él, porque estará haciendo el papel de tarado.

Suponiendo que se cumple la tarea, con un empate o un triunfo, ahí sí que los partidos chilenos no serán aptos para cardíacos. Porque la pólvora mojada de la delantera chilena, con su bajo poder de finiquito, es el punto de preocupación desde el debut con Honduras. Esta limitación ya podría cobrarnos la cuenta en una definición del Grupo H por diferencia de goles, o frente a Iker Casillas, uno de los mejores porteros de la temporada. Pero ante Brasil (maquina asesina, poco vistosa pero efectiva) o Portugal (de vuelta al fútbol inspirado tras la goleada a la nada despreciable Corea del Norte), la falta de gol huele a muerte segura… dicen.

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