THE CLINIC PRESS
Los comentarios de pasillo y en el ambiente de la prensa son sumamente pesimistas desde hace un par de días. Pero nadie, naturalmente, quiere adelantarse a dar malas noticias sobre los 33 mineros atrapados a 700 metros de profundidad en la, a estas alturas, maldita Mina San José. Sería como acriminarse en contra de la esperanza de todo un pueblo. Pero, hora tras hora, el tiempo parece conspirar en contra de la ilusión. Ahora el ministro de Minería, Laurence Golborne corre un metro la barrera de contención y acaba de reconocer en una entrevista en televisión (*) que, para las autoridades, “las probabilidades de encontrarlos con vida son bajas”. Ni siquiera existe confirmación de que los mineros se encuentren en el refugio hacia el cual a tientas apuntan las sondas excavadoras. Que están ahí es una suposición. En ese refugio habrían habido víveres para dos días (suponiendo también que la empresa hubiese cumplido siquiera con eso) y ya han pasado seis jornadas. Y por si fuera poco, tras el encierro no paran los derrumbes en la mina que -al decir de los expertos- es un verdadero queso gruyere repleto de generaciones de agujeros. Tantos hoyos como los de la historia de autorizaciones y aparentes irregulares que rodean a esta lucrativa trampa mortal. Así que solo queda esperar que los duros mineros, sobre y bajo la tierra, puedan desafiar todos los antecedentes que juegan en su contra. Que logren desmentir los malos cálculos y probabilidades. Los unos, enhebrando a tiempo una sonda en un punto exacto, ubicado a siete cuadras de distancia en las entrañas de la roca. Y los otros, simplemente, haciendo el milagro de seguir viviendo.
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* En Telenoche.