• Según dictamen, la termoeléctrica gigante ya no se podrá hacer en Punta Cachos.
• Corte de Apelaciones de Atacama no dejó pasar resolución trucha de Seremi de Salud, que redefinía a Castilla como industria “molesta”, en vez de “contaminante”.
• En Punta Cachos, según el Plan Regulador, con suerte se podría instalar una discoteque o una desabolladuría.

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Fue acogido por tribunales un recurso de protección que denunciaba como arbitraria e ilegal la resolución de nuevo seremi de Salud de Atacama, Raúl Martínez Guzmán (en la foto), por la cual se cambió la tipificación de la megacentral termoeléctrica Castilla, de industria “contaminante” a “molesta”. La decisión del funcionario de gobierno hacía posible la instalación de la central a carbón en suelos en que el Plan Regulador Comunal sólo tolera industriales consideradas “molestas”. Para decirlo en claro, el seremi quería poner a la industria de la chimenea gigante en el mismo saco que una vulcanización o un taller con maquinaria ruidosa.

Pero la inmensa Central Castilla, una termoeléctrica a carbón de tecnología considerada obsoleta en muchas partes del mundo, sería tan contaminante que por si sola aumentaría en un 8% las emisiones de CO2 -o huella de carbono- del país.

Ahora, gracias al dictamen de la Corte de Apelaciones de Atacama, la inexplicable resolución del Seremi (que debía velar por la salud de los habitantes de la III Región) ha quedado sin efecto.

Al caerse la resolución del seremi, y no poderse utilizar como antecedente del estudio de impacto ambiental de la empresa, todo el frágil andamiaje sobre le que descansaba el proyecto de construir Castilla en Punta Cachos se ha desmoronado.

Por lo mismo, habrá que esperar a ver cómo se las ingenian los representantes legales de la empresa (el estudio de abogados del que hasta marzo era socio el ministro Hinzpeter), para justificar en una apelación ante la Corte Suprema el que se pretenda instalar la empresa en suelo no habilitado para el emplazamiento de industria contaminante. Todo indica, siguiendo la argumentación del dictamen, que estarían obligados a irse con su música a otra parte. Pero el ingenio jurídico es un fértil campo abierto a la más afiebrada imaginación.
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