Por EMILIO RIVANO

Bueno, entre la blanca y la roja, es coja mi Reina, es coja. Entre la ridícula piedra a la Reina de Inglaterra y esta otra metidita de pata en Alemania, no sé qué es peor. Esto último es un candidato robusto a formar parte de la antología de vulgaridades y groserías chilenas. O acaso una nota retro: “El Mundo al Instante: Presidente de Chile saluda por error a Hitler o a Bismarck”.
Queda claro que Condorito visita Europa. Viva Chile mierda. Por lo demás, no deja de tener sentido todo esto. Así es la cosa en Chile, para qué estamos con huevadas. Todo es así, desde las instancias más banales pasando por nuestros servicios diarios, nuestras viviendas y calles, nuestras escuelas, nuestros hospitales, nuestras universidades, nuestras cortes de justicia, hasta llegar a las esferas irrespirables del poder político y económico. Ignorancia, brutalidad, liviandad y chacota.
Tampoco es que los europeos desconozcan esta chabacanería tan característica de nuestras latitudes. De hecho, algo de sabor tiene todo esto en Europa, porque, al final, y especialmente en el norte del continente, aprecian la farsa, ese relleno condimentado que los extrae por un momento de su seriedad y de su sufrimiento histórico. Un falsete, un divertimento. Es sólo un personaje cómico. No se trata de Adolf Hitler, en efecto apoderándose del mundo y haciendo temblar hasta la última piedra del Tíbet. Ni siquiera es el fascista Mussolini, ni el empaquetado de Franco, ni el bruto de Stalin. Es decir, no hay asunto, no hay nada en juego. No hay historia. Es sólo historieta. Un cómic sin Batman; un Condorito. Estos personajes no manejan botones nucleares, ni nada semejante.
Y bien, ¿qué fue lo que pasó? Lo que pasó es lo ya dicho o alguna otra composición artística que intente darle forma a eso. Sólo el arte, la literatura, el humor, la sátira, pueden dar cuenta de lo que pasó. ¿Cuál es la versión oficial? Dice Piñera que en su escuela de los 50’ y de los 60’ le enseñaron que la frase “Deutschland über alles” (“Alemania por encima de todo”, “Alemania por sobre todo”) era una celebración de la unificación de Alemania durante Bismarck. La escuela es el Verbo Divino, cuya misión allá en El Golf es formar líderes católicos. ¿Se saca el pillo con esa referencia histórica? El verso en cuestión, que pasa a ser controversia después de la derrota de 1945, define un territorio Alemán que va del noreste de Francia al suroeste de Rusia y del norte de Italia al sur de Dinamarca. Incómodo asunto, claro. Pero, quién sabe si esa expansión no sea una suerte de espacio vital natural germano a la vuelta del siglo… O acaso todos hablen algún dialecto chino para entonces en esas tierras. En todo caso, digámoslo, la frase y el verso en el que se encuentra no es ni más ni menos nacionalista o patriota que cualquiera de cientos de frases semejantes que infectan los himnos nacionales y las molleras de todas las naciones. Estas idioteces las repiten los humanos junto a otros rezos por doquier y aparecen como objetos sagrados en las legislaciones del mundo, protegidos por todo el poder y la violencia de que el lugar del caso sea capaz. Ese no es el problema puntual, sino que la frase se asocia a la Alemania Nazi. Y como ni los alemanes ni nadie quiere esa asociación, el primer verso de esta canción ha sido censurado desde la derrota de Alemania. Materia de tacto y de diplomacia.
Lo que nos lleva a las opciones de esta farsa: (a) Incompetencia diplomática chilena, (b) Los formadores del Verbo Divino se saltan la Segunda Guerra Mundial, (c) El Verbo Divino es Nazista, (d) Como siempre, Condorito y la comparsa de Pelotillehue siguen en la Presidencia de Chile.

Escoja mi Reina, escoja.