Terremoto: Miles de daminificados empiezan a perder la esperanza

Miles de chilenos que hacen un año lo perdieron todo por el terremoto hoy se declaran desamparados y ven alejarse las esperanzas de recuperar su casa y su trabajo, mientras se preparan para pasar otro invierno en precarios campamentos construidos para la emergencia.
El borde costero de las regiones de El Maule y Biobío fue la zona más afectada por el cataclismo del 27 de febrero de 2010, que causó 524 muertos y 31 desaparecidos, y daños materiales por valor de 30.000 millones de dólares.

Viviendas, comercios y caletas pesqueras quedaron destruidas por el sismo de 8,8 grados de magnitud y el tsunami que minutos después arrasó el litoral dejando a su paso un rastro de muerte y desolación.

Un recorrido por la zona permite hoy constatar que la reconstrucción de las carreteras, hospitales y escuelas ha avanzado, pero 80.000 familias todavía siguen viviendo hacinadas en cabañas de 18 metros cuadrados, sin agua ni aseo, a la espera de recuperar sus casas.

Los campamentos de “mediaguas” (cabañas) se esparcen por una franja de más de 650 kilómetros que va desde Pichilemu, en la región de O’Higgins, hasta Tirúa, en La Araucanía. El año pasado soportaron el frío y la lluvia y ahora se preparan nuevamente para hacer frente a las inclemencias del tiempo.

“Dichato va a sufrir mucho este invierno”, cuenta Miguel Barra, dirigente vecinal de “El Molino”, el mayor campamento de “mediaguas” de todo Chile, donde se apiñan 500 cabañas construidas para la emergencia en las que viven 2.500 personas.

Barra, representante del movimiento “Dichato con Todos”, fue uno de los detenidos la semana pasada durante una protesta, cuando el presidente de Chile, Sebastián Piñera, llegó a la zona “en son de paz”, para conocer el avance de la reconstrucción.

Hoy nada queda de las casas, tiendas y restaurantes de la costanera de Dichato, hoy bautizada como “zona cero”, donde se concentraba la actividad económica de este enclave turístico.

“Si empezara la reconstrucción, se recuperaría la economía; pero en este momento no tenemos nada. El Gobierno no ha entregado ningún subsidio”, denuncia Barra.

Los pocos turistas que en este verano han retornado al balneario deambulan entre las ruinas y se sacan fotos junto a los muros donde se lee: “Dichato no se vende. No a la Expropiación”.

Al igual que en Dichato y otros pueblos del litoral que fueron devastados, en Constitución los vecinos se oponen a la decisión de las autoridades de prohibir, por seguridad, la reconstrucción de viviendas cerca del litoral.

Los damnificados temen que los terrenos sean expropiados y vendidos a empresas constructoras, para lucrativos negocios inmobiliarios, y que ellos tengan que vivir apiñados en edificios de departamentos alejados del pueblo.

“La ayuda que ha llegado es insuficiente, la reconstrucción está surgiendo, pero por iniciativa de quienes tienen dinero, para los más necesitados es muy difícil”, explica Hernán Soto, un pequeño empresario de Constitución.

“Aquí la única ayuda que ha llegado es de los particulares; del Gobierno, nada. Necesitamos que arreglen nuestras casas”, comenta Miriam Vásquez, una ama de casa de la población Los Pescadores.

El Gobierno ya ha asignado 127.926 subsidios para construir o reparar las casas dañadas, pero la mayor parte de los 280.000 damnificados todavía no los han recibido.

El presidente Piñera prometió 8.400 millones de dólares de inversión pública para la construcción de 200.000 viviendas, pero los vecinos aseguran que todavía no han puesto un solo ladrillo.

Los más perjudicados dicen que “al Gobierno le quedó grande el poncho” y no ha sabido acometer la reconstrucción. No entienden por qué no se distribuyen los subsidios si el propio ministro de Hacienda, Felipe Lararrín, reconoce que hay dinero.

De hecho, el presupuesto público de 2010 se calculó con la libra de cobre (llamado “el salario de Chile”) a 2,66 dólares, cuando hoy supera los 4,4 dólares.

En medio de este difícil panorama hay experiencias que demuestran que se puede salir adelante con algo de apoyo.

Casi 7.000 pescadores artesanales de las regiones de Valparaíso, Maule y Biobío se han beneficiado con un programa de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Gobierno de Chile que ha entregado botes, equipos y redes.

Pero, aun así, la pesca artesanal se ha visto perjudicada: “antes teníamos un buen puerto y salían muchos botes; ahora tienen que venir aquí hasta el río, y eso es peligroso. Varios ya han volcado”, cuenta el pescadero Orlando Gutiérrez a orillas del Maule.

La tierra no ha dejado de temblar en la zona del terremoto. La semana pasada, un sismo de 6,4 grados de magnitud trajo a la memoria de muchos la catástrofe vivida hace un año.

Rodrigo Becerra, un niño de 7 años de la población Los Pescadores, en Constitución, dice que no tiene miedo cuando eso ocurre porque en el colegio le han explicado que “es algo normal, para que las placas se asienten bien”.

Y a continuación expresa un deseo que comparten los 17 millones de chilenos: “…pero que lo hagan de a poquitito”.

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