Nueva revolución pingüina amenaza futuro político de Lavín

El pingüinazo 2011 está en marcha: 26 colegios tomados en el país con demandas que comienzan en modificaciones constitucionales y terminan en temas puntuales como el pase escolar. En un proceso que comienza calcando las movilizaciones del 2006, los estudiantes amenazan con ser más que una piedra en el zapato para la administración Piñera, donde el ministro Lavín pareciera tener los anteojos empañados, calificando las movilizaciones como grupos minoritarios.

Fotos Agencia Uno

El 19 de mayo de 2006, los Liceos de Aplicación e Instituto Nacional amanecieron tomados en demanda de una serie de puntos que se concentraban en educación de calidad. Esa fue la mecha que prendió el incendio de un movimiento secundario que en tres semanas sumaba más detenidos en las calles que los acumulados en todas las protestas de ese año.

Así comenzó la revuelta que más tarde llamarían “Revolución Pingüina”, la movilización estudiantil que puso de rodillas al gobierno de Michelle Bachelet y obligó a la clase política a derogar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza.

Cinco años después, los mismos dos colegios volvieron a las tomas lanzando en tierra fértil la semilla de un nuevo pingüinazo,  movilizándose  junto a otras 14 instituciones en Santiago, y otras más en Concepción, Valparaíso y Copiapó.

En total, 26 establecimientos a nivel nacional hasta ayer en la noche. Sumándose así a las universidades tradicionales de Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Talca, el Biobío y de Santiago, que vienen hace semanas en paros, tomas, movilizaciones y funas protestando.

Desalojos más, desalojos menos, la arremetida de los escolares 2011 parece venir con un tufo más fuerte que el de la arremetida de María Jesús Sanhueza, César Valenzuela, el Comandante Conejo, el Guatón Farandulero y compañía.

Las marchas de ese año empezaron por la PSU gratuita y más viajes con pase escolar cuando ya estuviera andando el venidero Transantiago. Ahora las demandas van más allá.

Si bien la movilización del 2006 logró modificar una ley constitucional, en la práctica los cambios han sido nulos: la demanda central por una educación de calidad sigue presente como eje central en demandas que comienzan con pequeños pasos como un pase escolar gratuito todo el año y mejor infraestructura para los colegios, incluidos los afectados por el terremoto en el sur, que aún no se reconstruyen, y terminan en algo que la clase política en 20 años no se animó a decir: cambios constitucionales profundos y no pequeños maquillajes.

Los escolares de hoy exigen modificaciones al artículo 19 de la constitución, incisos 10 y 11, borrando de cuajo de la constitución de Pinochet la norma que permite a cualquiera montar una empresa y vender educación como papas fritas.

Deja vu

En mayo de 2006, el entonces ministro de Educación, Martin Zilic, partió desligitimando el movimiento estudiantil y hasta fines de ese mes -cuando el tema ya era un asunto de Estado- seguía diciendo que no dialogaría con los dirigentes de colegios en toma.

“Los llamados a paro y movilizaciones no tienen ninguna razón de ser y responden solamente a hechos de violencia que rechazamos categóricamente”, dijo a mediados de ese mes.

Dos semanas después negoció con los dirigentes en la Biblioteca Nacional, fue interpelado por la derecha y en un mes dejó de ser ministro.

Ayer, durante una actividad en la mañana, el ministro de Educación actual, Joaquín Lavín, señaló que “los (alumnos) que se toman un colegio se están provocando un gran daño a ellos mismos y a sus compañeros. Lo que pasa es que hay grupos muy minoritarios, demasiado ideologizados, y que están quitándole a los demás el derecho que tienen a tener clases, y están provocándole un daño a sus colegios y a ellos mismos”.

Sus palabras fueron respondidas inmediatamente por el Centro de Alumnos del Instituto Nacional, quienes se tomaron el establecimiento durante el mediodía de manera indefinida. “No sé si el ministro Lavín considerará un pequeño grupo el 73% de votación de nuestros compañeros”, dijo José Soto, presidente de los institutanos.

Es que los estudiantes no están perdiendo el tiempo y ya comenzaron a llamar a nuevos establecimientos a movilizarse en toma, paro o la forma que tengan de protestar. Ya comenzaron a plegarse a los colegios más periféricos de Santiago y la fórmula parece tomar resultado.

Ayer, los estudiantes del Instituto Nacional Barros Arana hicieron un llamado amplio a todas las organizaciones, centros de alumnos y estudiantes en general a juntarse hoy en una gran asamblea a las 17:00 horas en el parque Quinta Normal.

Por su parte, los universitarios aglomerados en la Confech manifestaron sus demandas hace rato y prometen para el próximo jueves otro paro nacional junto a los profesores, empleados públicos y un componente que podría ser el gran tapado  de estas movilizaciones: los rectores.

Ellos ya hicieron público su descontento y piden entrar a la discusión real del futuro de sus planteles y la educación superior en general. No fue bien visto que el ministro Lavín fuera a celebrar los 30 años de la educación privada con los otros y eso los volvió a agitar.

Así las cosas, todos juntos pretenden volverse un solo bloque que se enfrente al gobierno, con petitorios separados que tiene una misma matriz: un sistema educativo que no genera soluciones a sus propios baches y un gobierno que antes de darle la razón quiere instalar su reforma y no la que comienzan a pedir a gritos en los aulas escolares y universitarias.

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