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Aprender en la naturaleza: los colegios chilenos que reemplazan la sala de clases por bosques, cerros y humedales

Aprender ya no solo significa estar frente a un pizarrón. Cada vez más colegios llevan las clases al bosque para fomentar la observación, la exploración y el vínculo con el entorno, una estrategia que expertos asocian con beneficios para el aprendizaje y el bienestar. Colegios como Nido de Águilas en Santiago, o establecimientos rurales que trabajan con la Fundación Brotario en el sur de Chile, cuentan a The Clinic sus experiencias sacando a los niños a la naturaleza.

Por 4 de Julio de 2026
Nido de Águilas
Nido de Águilas
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Durante décadas la educación estuvo asociada a niños sentados en filas frente a un pizarrón, en donde el profesor dictaba las materias a tratar ese día. Sin embargo, hay escuelas que decidieron reemplazar los cuadernos por hojas de distintos árboles, el timbre del recreo por el cantar de los pájaros y las sillas por pisadas llenas de barro y experiencia. Porque el aprender, para algunos establecimientos, ya no solo es estar sentados en clase sino que también significa salir a recorrer y conocer la naturaleza que los rodea

Aprender también es ensuciarse, caminar, sentarse a observar el ecosistema y hacer preguntas sobre la naturaleza mientras el profesor guía a cada uno de esos estudiantes. Esa es la fórmula que algunos buscan mezclar con la educación tradicional para 

La psicóloga y académica de la Universidad Mayor, Alicia Cruzat, explicó a The Clinic que “veremos que si dejamos a un niño en medio del bosque activará sus ganas de correr, explorar y subir árboles sin que le haya dado instrucciones para hacerlo. Ello activará cientos de aprendizajes respecto de sí mismo. Estará aprendiendo de su cuerpo y sus habilidades de ajuste motor con su entorno. Ejercitará sus habilidades motoras gruesas y finas y su cerebro se llenará de nuevas conexiones al servicio de su crecimiento cognitivo y emocional. Activará además sus habilidades de contemplación, observación y exploración, tan mermadas en las nuevas generaciones, y claves para la adquisición de cualquier tipo de aprendizaje“. 

“Salir a caminar al cerro o al campo activa circuitos asociados al placer y la calma. El mundo natural activa un cuerpo menos ansioso y más contemplativo. Tenemos un diseño corporal y cerebral que disfruta el contacto con la naturaleza“, agrega.

En ese sentido, la también terapeuta familiar afirma que “existe cuantiosa evidencia que demuestra cómo algunos minutos en un bosque activa en nuestra biología estados de mayor calma y menos ansiedad. Incluso hay experiencias donde exponer a pacientes hospitalizados a jardines y zonas verdes, acelera su recuperación y experiencia de salud”.

Saliendo de las aulas 

El Colegio Nido de Águilas implementó un modelo de aprendizaje, en la etapa preescolar, que consiste en integrar a la naturaleza como un eje central en la educación de niños y niñas. Desde el establecimiento aseguran que desde la puesta en marcha de la iniciativa se han observado “notorios beneficios, entre ellos, el desarrollo de habilidades de resolución de conflictos, un mayor trabajo en equipo, disminución de niveles de ausentismo por enfermedad y aumento de entusiasmo”. 

En la práctica, este enfoque transforma el entorno natural en una extensión del aula. Todo, a través de experiencias sistemáticas de aprendizaje al aire libre y la incorporación de elementos de la naturaleza en donde los estudiantes observan, exploran, se hacen preguntas y enfrentan desafíos reales, guiados por educadoras con formación en outdoor learning. Al estar integrado al currículum, no solo promueve el aprendizaje experiencial, sino que también fortalece habilidades clave como la autonomía, el pensamiento crítico, la autorregulación y el trabajo colaborativo, en un contexto en el que el vínculo con la naturaleza se convierte en parte esencial de su proceso formativo.

Carolina Correa, directora del ciclo preescolar y educadora en Aprendizaje al Aire Libre, aseveró que “no se trata de ampliar las actividades extracurriculares o sacar a los niños al cerro una vez a la semana. Vemos la naturaleza como parte esencial del aprendizaje y ampliamos lo que entendemos por aula para formar personas críticas, creativas y conscientes de su entorno“. 

“El cambio ha sido impresionante. Hemos visto a niños temerosos de correr o saltar transformarse en pequeños aventureros. Lo que más nos dicen después de las actividades en terreno es que se sienten ‘calmados’, algo que se proyecta después en la sala de clases y en sus casas, ya que sus padres también lo notan. Esto es sumamente valioso en un mundo de tecnología y estímulos constantes”, recalca Correa.

Brotario

La selva valdiviana

El colegio Claude Gay de Osorno también sumó a la naturaleza en su modo de aprendizaje a tal punto que el mes pasado crearon su primer bosque de bolsillo Miyawaki. En su página web, el establecimiento explicó que se trata de una iniciativa que “busca promover la biodiversidad, fortalecer la educación ambiental y generar nuevos espacios de aprendizaje al aire libre mediante la plantación de especies nativas de la Selva Valdiviana“.

Se trata de pequeñas áreas de vegetación urbana creadas mediante un método de reforestación desarrollado por el botánico japonés Akira Miyawaki. La técnica consiste en plantar especies nativas de alta diversidad y a gran densidad para acelerar el desarrollo de un bosque similar a los ecosistemas naturales. Estos espacios, que pueden instalarse en terrenos reducidos, buscan aumentar la biodiversidad, capturar carbono, mitigar las islas de calor y mejorar la calidad ambiental de las ciudades.

A esta iniciativa se suman las recientes instalaciones de bosques de bolsillos. Un ejemplo de aquello es el lanzado por la Pontificia Universidad Católica en su Campus San Joaquín. Todo con el objetivo que, tanto estudiantes como visitantes, bajen sus niveles de estrés conectándose con la naturaleza y dándose un respiro calmo en medio de todo el estrés que significa vivir en la región Metropolitana.

De bosques nativos y brotes

Brotario es una organización sin fines de lucro que trabaja con escuelas rurales para acercar a los niños a la flora y fauna nativa. Su fundadora, Sofía Schmidt, explicó a The Clinic que primero partieron con un programa llamado Jardín Nativo y, por cosas de la vida, llegó a vivir a Puerto Varas y así comenzó a trabajar con las escuelas rurales de la zona. 

Nos parecía que había una gran oportunidad de poder trabajar pedagógicamente en torno a los paisajes y a la flora nativa, de modo a largo plazo, crear esa conciencia y esa cultura de querer cuidar lo que nos rodea”, comenta Schmidt.

Sobre el por qué crear Brotario, recalca que “nos pareció que el derecho de poder acceder a la naturaleza constantemente desde la educación formal era muy positivo y muy beneficioso. Entonces, nuestro propósito es que ojalá todas las escuelas públicas del país puedan tener la oportunidad de tener la experiencia significativa en la naturaleza y con la flora nativa, que es parte de nuestra naturaleza”.

“No hemos trabajado todavía con colegios grandes, solo con rurales. Tenemos escuelas rurales que lo han añadido a su proyecto educativo. El contacto con la naturaleza y el proyecto Jardín Nativo es parte como de la identidad de la escuela. Entonces, es un espacio bien significativo en el año como que tienen este proyecto que ha determinado, por ejemplo, que tengan un certificado de medio ambiente”, remarca.

También brindaron una asesoría a la Fundación Cosmos que administra el humedal del río Maipo. “Ellos están cuidando ese espacio hace varios años y hace poco estaban desarrollando levantamiento de la flora nativa que está alrededor del humedal”. En el fondo, ellos querían ser más que el paseo de curso y convertirse en una experiencia  educativa para los estudiantes

“Nos pidieron que les diseñáramos una actividad que pudiera vincular el currículum escolar para que las visitas fueran como intencionadas. Entonces nosotros diseñamos una actividad que tenía una preparación en aula, luego tenía la visita misma y luego un cierre en aula también. Poder entender que la planta, por ejemplo, tiene cierto fruto que se puede comer el pájaro, u observar el pico del pájaro que es de cierta manera que le permite comer tal fruto”, indicó.

“Es nuestro propósito a largo plazo de poder generar incidencia en las políticas de educación en donde la naturaleza juega un rol tan importante, tan beneficioso, tan determinante también para la vida de las personas, que nos parece que tener. Así como tenemos educación cívica o educación sexual, en ciertos periodos de la educación debiera haber el incentivo de salir a la naturaleza. De poder conectarte con tu territorio. Claramente es mucho más significativa seguramente, o recordable o perdurable el recuerdo de haber ido al cerro, cierto, pero eso quizás no sucede tanto. Queremos que nuestro propósito, quizás a mediano plazo, pueda incidir en esa política pública”, reflexiona.

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