Los once mejores lugares de Santiago para tirar rapidito

Uno fornica en cualquier lado porque: a) Está borracho b) No tiene plata c) No tiene tiempo d) No tiene paciencia e) Porque es rico. Como sea. El equipo de Tendencias de The Clinic Online probó en terreno cuáles eran los mejores lugares de Santiago para pegarse una pisá rápida en cualquier lado.

1. El tobogán-tunel rojo de Plaza Brasil

En la foto parece como para contorsionistas pero no. Es como para sexo convencional-convencional-convencional. Nada de andar cambiando de posición ni poniéndose en cuatro ni hueás. Pero igual le damos cinco estrellitas porque es invierno, hace frío, llueve y es bueno encontrarse con un lugar así -acogedor- en el epicentro del carrete. Ah, y háganlo de noche/madrugada eso sí po.

2. Parque neo pokemón (desde las Torres de Tajamar hasta el café literario de Salvador con Providencia)

Una vez un taxista que pasaba por ahí dijo: “Mire, están haciéndose conferencia. Y son dos hombres”.

3. El baño de la Casa de la Cultura de Ñuñoa

Está casi casi casi al frente de una Farmacia Ahumada que está abierta las 24 horas del día (ojo). Irarrázaval 4280. Pero la puerta dice “Mala” así que hay que entrar por Ortúzar y toparse con señora recepcionista a la que uno le pregunta si es que dan clases de piano-flauta dulce-flauta traversa-japonés-vidrio fusionado-lo que sea para que ella diga: sí, y después preguntarle dónde está el baño y ella diga: “a la izquierda”. O bien, uno entra con cara de alumno y se mete no más hasta encontrarse con el mejor baño para culear que existe en Santiago: enorme (orgía) y, lo más importante, con un lavatorio firme. De esos para apoyarse confiado cuando la fornicación es por detrás.

4. Esa parte del Cerro San Cristóbal que está al lado de donde todo el mundo hace asados

Lo que está en la foto es el Ermitaño. El clásico de clásico de clásicos de los asados del San Cristóbal. Lo que no está en la foto es el sendero que viene antes del Ermitaño, doblando a la derecha, para llegar a otro clásico de clásico de clásicos: un mirador en el que nadie te ve.

5. El Campus Juan Gómez Millas (completo)

A esto habría que sacarle una foto desde el aire porque todos los lugares funcionan: detrás de la Facultad de Arte, al lado del kiosko de Arte, en los pastos de al lado de Filosofía y Humanidades, en los baños de cualquiera de las facultades porque -en realidad- acá la lógica del no-me-van-a-pillar no es la que importa. Lo que importa es que a nadie le importa pillarte.

6. El último asiento del Transantiago

Don Graf sabía de qué hablaba cuando decía que el asiento trasero no. Nada que decir: clásico como el San Cristóbal, pero más para correr la paja o chupar el no sé qué poniendo la mochila pa que pase piola pero uno sabe. Nunca pasa piola.

7. Al lado de Teresita de los Andes en el Parque de los Reyes

Llegas, ves a los chiquillos andando en skate, doblas a la derecha, ves algo como la virgen -pero no es la virgen, es Santa Teresita- sigues, ves un montón de pasto y arbolitos, y -si vas más o menos tardecito- a un montón de parejas gais en fornicación.

8. El baño del bar Santo Remedio

Este bar tiene cara de limpiecito: mucha cuica rubia y narigona, mucho absolut vodka, mucha comida thai. Como esas hueás estilo bambú. Pero cuando llegas al baño, ves que está tan oscuro que no se puede saber cuál es el de niña o el de niño a menos que te fijes bien, y terminas entrando a cualquiera y cachando que todos los bares del universo son iguales. En todos basta con sentir amor.

9. Parque Bonilla

Ruta 68, en la comuna de Lo Prado, seis canchas. Un amigo dijo: “No he ido porque no he tenido tiempo no más”.

10. Estacionamiento Monjitas 549

Si la hacís en el del Parque Arauco o en el del Alto Las Condes, mereces un clap clap clap. Pero es más fácil en los del centro porque no hay que tener ni auto: entras a pie -el guardia ni te mira-, sales a pie -el guardia ni te mira-.

11. Entre el gimnasio y unos arbustos de El Mercurio

Te sacan hasta una foto para entrar pero -una vez adentro- hay que preguntar dónde está la sala de máquinas (el universo de Agustín es inmenso). Caminas, caminas, caminas hasta que llegas y -si tienes suerte- puedes ver pasar conejitos saltando como en la mejor de las fantasías bucólicas/pastoriles/zoofílicas/CarlosLarraín

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