-Converso con un amigo folclorista de mi barrio que, naturalmente, debiera ser candidato a concejal (y a alcalde si tuviéramos una democracia efectiva), representando a un importante sector de nuestra comunidad. Se queja amargamente del binominalismo perverso que impide abrir el abanico de la diversidad, y de la falta de recursos que se concentran en los que manejan el mercado electoral.

-Mi contador cree que lo de las asignaciones del senado es la gota que rebalsó el vaso. Aunque parezcan justificados, estos dos millones para gastos operacionales son una bofetada para la población. Los senadores de nuestro distrito, agrega, nunca hicieron su pega. Ni el Chahúan ni el Lagos W. se han jugado por defender a la población de San Antonio frente a la expansión portuaria, al ácido sulfúrico de Codelco o a la contaminación que provoca el muelle Panul o los camiones, o por la instalación de diez silos graneleros en medio de la ciudad y un largo etcétera. Porque aquí, en esta comuna, las instituciones no funcionan. Ahora van a contar con más recursos para ser reelectos.

-Un compañero de la asamblea ciudadana de acá me habla de la karadimización (groso neologismo) de la política chilena. Con La Polar y la colusión de las farmacias como recurso instalado de abusos legitimados y otros menos visibles. Se trataría de una estrategia perversa que busca comprobar la inutilidad del movimiento social estudiantil y el gesto territorial de Aysén. Esta sería una soberbia respuesta de una institución que desprecia a Chile (o al otro Chile). ¿Habrá algún senador, se pregunta, que tenga un gesto republicano, caballeresco, como el de renunciar a su cargo, indignado, a modo de protesta? Ese capital moral no existe y, tal vez, nunca existió. Ahora sólo es posible la violencia social… o llamémosla lucha de clases, no más.

-Una vecina me comentaba extrañada lo de la consulta ciudadana por el mall de Castro, cuando en nuestra ciudad instalaron ilegalmente un casino, un hotel (que es un elefante blanco) y un mall, rompiendo la continuidad del paisaje, y no le consultaron a nadie, sólo a un concejo que se bajó los pantalones. Aunque, probablemente, si hubiera una consulta lo aprobarían, por este envilecimiento de la población con el consumo endeudado, concluye.

-En general hay mucho pesimismo, un país en que la carga impositiva recae en los trabajadores y no en las empresas (o en los ricos), es un pésimo país, condenado a perpetuar sus desigualdades. Además, el movimiento social posible, al parecer, será diluido y manipulado por los intereses político-electorales.

-Chileno C, D, E, a ti te hablo, estamos cagados.