Foto: Alejandro Olivares

“La situación de la Casen es grave. No es un tema menor que exista una duda que ponga en tela de juicio la honradez de este gobierno, pero me parece mal que al final la discusión esté concentrada en lo que no es importante, y no en tratar de resolver la pobreza. A comienzos de semana, estuvimos con el ministro Lavín en un seminario, y nuevamente escuchamos el mismo diagnóstico. El gobierno no debería alegrarse porque la pobreza bajó un cero coma y tanto por ciento, porque esta baja no es visible por la ciudadanía. ¿Adónde están las familias que salieron de la pobreza? Al menos, las que trabajan con nosotros, que están en el segmento más vulnerable del país, siguen viviendo en la misma mierda. Sus problemas van mucho más allá que las polémicas encuestas. A ellos, a los pobres, no les llegan los programas sociales.

Las familias de los campamentos hoy no acceden a los bonos, al salario ético, ni al Chile Solidario. Tampoco tienen empleos de calidad. El trabajo hoy ofende a las personas. Conozco temporeras que están todo el día en el hielo, y que incluso calientan su comida en el lugar donde se visten. ¿Eso es empleo? ¿Eso es mejor calidad de vida? No sacamos nada con tener millones de empleos si las otras cosas importantes -como la salud, la vivienda y la educación- no están cubiertas.

Lo que más da rabia es que, mientras la derecha y la izquierda se tiran dardos, el problema de la marginalidad pasó a segundo plano. Finalmente, esta discusión se convirtió en una pelea de perros grandes y nosotros nos quedamos fuera del debate”.