El liderazgo del primer ministro de Zimbabue, Morgan Tsvangirai, la única alternativa política viable al longevo presidente del país africano, Robert Mugabe, ha quedado en entredicho por un desliz nada político: su ajetreada vida amorosa.

Su nombre se ha asociado con seis mujeres desde la muerte de su primera esposa, Susan, en un accidente de tráfico en 2009, por lo que, en los mentideros zimbabuenses más guasones, ya no le llaman Morgan, sino “Moregirls”, que significa “más chicas” en inglés.

El último capítulo de la telenovela que parece protagonizar el líder del Movimiento por el Cambio Democrático (MDC, en su acrónimo inglés) se produjo el pasado fin de semana, cuando el mandatario volvió a casarse.

Tsvangirai cortó la tarta junto a su nuevo amor, Elizabeth Macheka, en lo que fue una boda tradicional africana, ya que el enlace legal no se pudo celebrar porque una antigua amante, Locardia Tembo, alegó ante los tribunales que el primer ministro, de 60 años, ya estaba casado con ella y la Justicia se puso de su parte.

El pasado 21 de noviembre, el destacado político zimbabuense pagó a la familia de Tembo el tradicional precio que se desembolsa en ese país por la novia antes del casamiento.

Sólo nueve días después, sin embargo, el jefe del Ejecutivo consideró que el enlace era “inconcebible” debido a supuestas interferencias en el proceso por parte de agentes de seguridad, bajo el control de su oponente político, Mugabe.

Además, otra mujer ha asegurado que Tsvangirai se fue con ella en un lujoso crucero y le prometió matrimonio, la guinda a una situación que parece haber dañado su imagen para las elecciones presidenciales, que se prevé que se celebren en los próximos meses.

El amor -se defendió Tsvangirai durante la ceremonia del pasado sábado ante los invitados- “es como un espíritu que flota sobre muchos ‘médiums’ antes de asentarse en el elegido”.

“El amor comprueba si el corazón es fuerte antes de quedarse”, apostilló el mandatario, que comparte desde 2009 un Gobierno de unidad nacional con la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF) de Mugabe.

El exministro de Información Jonathan Moyo, antiguo miembro de la ZANU-PF, no dudó en criticar el enamorado al escribir en el diario “Sunday Mail”: “Si un candidato a líder nacional no sabe ni gestionar su bragueta, ¿qué demonios puede gestionar realmente?”.

“¿Pueden los votantes confiar en Tsvangirai? De hecho, ¿puede alguien fiarse de él? La respuesta es que puedes fiarte por tu cuenta y riesgo”, remató Moyo.

En declaraciones a Efe, el analista político zimbabuense Pedzisai Ruhanya señaló en un tono más suave que “el primer ministro no se ha comportado como se espera de alguien en ese cargo”.

Incluso el periódico independiente “Newsday”, que normalmente defiende la causa del MDC, publicó en su editorial del pasado lunes que “sus payasadas sexuales son aborrecibles”.

“Un líder de su talla no puede y no debería comportarse de forma imprudente. En esta era de sida, es alarmante que el primer ministro practique sexo sin protección, no sólo con una mujer, sino con varias”, agregó el rotativo.

Tal vez en parte por la turbulenta vida personal de Tsvangirai, un antiguo trabajador del sector textil y sindicalista, su partido ha perdido fuerza entre los electores en los dos últimos años.

Según una encuesta publicada recientemente por el laboratorio de ideas estadounidense Freedom House, el apoyo al MDC ha pasado del 38 por ciento en 2010 al actual 20 por ciento, una evolución opuesta a la de la ZANU-PF de Mugabe, que llegó al poder en 1980 y que ha pasado del 17 al 31 por ciento en el mismo periodo.

El MDC asegura que Tsvangirai ha sido víctima de un complot de la ZANU-PF para denigrar su imagen pública y sacar ventaja política en las próximas elecciones.

Pero el académico de la Universidad sudafricana de Cabo Occidental Brian Raftopoulos cree que el primer ministro “sigue siendo el factor dominante del MDC” y que “su liderazgo es incuestionable”.

En la misma línea se muestra el analista Ruhanya, quien opina que, “a pesar de sus errores, el primer ministro sigue siendo el político más popular” del país.

No obstante, sólo los próximos comicios, que continúan sin una fecha fija, servirán para saber si Tsvangirai arrebatará el poder al octogenario Mugabe o si, por el contrario, sus amoríos echarán por tierra su gran ambición política.