Columna de Patricia Rivadeneira

Este domingo 48 millones de italianos van a votar para elegir el próximo gobierno después de 20 años de Berlusconi y un gobierno técnico que no salvó de la crisis económica al país: el 2012 cerraron sus puertas 100.000 empresas, la desocupación juvenil llega al 30% y el crecimiento disminuyó todavía, se visualizan años duros para el Belpaese. Italia sigue siendo un G8 o sea entre los 8 países mas industrializados del mundo. (a los G20 entraron ya Brasil, México y Argentina) pero la falta de crecimiento, la corrupción política y económica, el desempleo y la falta de oportunidades y de nuevos liderazgos portan a la desesperanza, el declino es más que una sensación.

Los momios opinan que Europa tiene que pagar la “farra” como si el bienestar social que Europa ha sostenido fuera un desatino, una fiestoca de curaos y no el afán de la democracia.

La cuestión yo creo es más compleja y no pretendo achuntarle pero una cosa anduve cachando sobre el tema de la corrupción, que no hay quién no se pregunte ¿cómo, por qué en Italia hay tanta corrupción? Dejando de lado el origen histórico de la mafia, camorra, ndrangetta, etc, tengo una teoría harto antipática, pareciera que el PC italiano, que tuvo por mucho tiempo poder para reglamentar, llenó el sistema de tantas normas y burocracia (con la intención de proteger a los trabajadores) que terminó por hacerle juego a la mafia: es imposible para un ciudadano y menos para un emprendedor estar en regla con el sistema, por una u otra cosa terminas siempre estando fuera de la ley, porque la LEY es enorme, o no pagaste algunos de los mil impuestos o no timbraste bien el formulario, etc, etc y vamos juntando multas, irregularidades hasta convertirte en un pequeño o gran delincuente.

Así todos pecan y por lo tanto ¿quién puede lanzar la primera piedra? Reglas que los más ricos pueden saltar, como demostró la era Berlusconi. Una especie de feudalismo que ha llegado al paroxismo y que se puso en jaque con el ingreso a la Comunidad Europea, reglas de transparencia difíciles para el sistema italiano.

Eso por una parte y por otra las cosas que saben los economistas y que no me meteré a despulgar (el ingreso a la plataforma global de las economías emergentes, la crisis americana, las guerras y la especulación financiera…) y que están estrangulando a los italianos, que van reaccionando con una rabia que no se veía, según dicen, desde los años ’70.

Así se va al voto con posibilidades que vuelva a ganar Berlusconi ¿un chiste? No, fíjense que puede también ganar Bepe Grillo, el cómico que a través de la web y sin ir nunca a un programa de TV cuenta con un 20% en las encuestas, llena las plazas y redes sociales, representa a los que no pueden más de los partidos, a los que se aburrieron de respuestas vagas y de la corrupción; promete eliminar los privilegios de la clase política y rehacer la constitución a través de un blog, de no pagar deuda externa, de retirar las tropas de Afganistán, una especie de Chávez del viejo continente, pero como decía Maom una revolución así no es una cena de etiqueta y si gana se instalará una lucha de poder con ribetes policiales.

Arriesga el pellejo este bufón serio, porque lo que dice y denuncia molesta a mafiosos y poderes fácticos y es más fresco y auténtico que todo lo que proponen los otros candidatos, ni hablar de Monti, al que llaman “Padre Merryl” o Bersani, el candidato de la izquierda que promete más de lo mismo y que propone cosas como eliminar la circulación de dinero, obligando a usar tarjetas de crédito para controlar y estrangular con más impuestos a la clase media. Los ricos se sabe, siempre se las arreglan para circular lo que se les antoje y evadir a destajo.

Un ambiente político decadente y feroz que liquidó incluso al Papa alemán.