Fue en pleno invierno del año pasado. En Limache llovía a cántaros y la lluvia golpeaba fuerte sobre el techo de la casa de Carla Correa. Ya empezaba a oscurecer cuando una camioneta 4×4 se estacionó frente al portón de su parcela y la joven, estudiante de veterinaria y embarazada de ocho meses, recién pudo vislumbrar un bultillo rosáceo sobre las piernas de uno de los ocupantes del automóvil. La inusual visita era un pequeño lechón rescatado por una agrupación animalista, “Elige Veganismo”, desde la localidad de Freirina.

-Una de las niñas del grupo me dijo que estaban regalando un chanchito, que si lo quería para la parcela. Le dije que tenía que hablarlo con mi papá primero, pero obviamente nunca le pregunté-, cuenta Carla riéndose.
El chancho era un sobreviviente de la planta faenadora de Agrosuper. Un sobreviviente que, por esas cosas del destino, se transformó en una especie de refugiado que llegó a engrosar la lista de animales que el grupo animalista “Chipote ayuda” mantiene en Limache. Carla, miembro de la agrupación, se convirtió desde entonces en la madre adoptiva del pequeño cerdo, a quien llamó Wilfrido. El porcino que había nacido hacía apenas un mes en un galpón de Agrosuper en Freirina viajó hasta Limache la noche del 15 de junio del año pasado. Fue el mismo mes que el ministro de Salud Jaime Mañalich decretó el cierre indefinido de la planta faenadora. Wilfrido se había salvado de milagro.

La escapada
Wilfrido nació en uno de los 1050 pabellones que albergaban a cerca de 7 mil marranos en la planta de Agrosuper en Freirina. Vivía con su madre dentro de una jaula de acero alargada -una especie de manga donde la cerda postrada le daba de mamar-, alimentándose además con un suplemento lácteo llamado Nan, el mismo que toman las guaguas cuando la lactancia se hace imposible. Según Dinka Santander, ex pabellonera de la Planta, una cerda puede parir en promedio el doble que una perra. “En el área de maternidad las jaulas tenían más espacio por los “bebés”. Cuando el animal entraba en celo se hacía la inseminación artificial. Cada cerda podía llegar a tener entre 13 y 20 crías”, explica Dinka.

A los cinco días de haber nacido a Wilfrido le extrajeron sus colmillos, le cortaron la cola y también los testículos. No es fácil imaginar cómo vivía hasta entonces. Aquellos que alguna vez trabajaron en Agrosuper aseguran que cada lechón debe luchar por su espacio en la estrecha jaula que comparte con su madre y hermanos. Al llegar la noche, aseguran, debe pelearse con la camada para poder obtener espacio en uno de los ocho pares de mamas para succionarle el calostro a su madre y así mantenerse vivo.

Wilfrido logró sobrevivir sin entender lo que sucedía alrededor. Para entonces, mayo del año pasado, las protestas en Freirina por los malos olores desembocaron en cortes de camino en la ruta Maitencillo-Huasco, ataques a las instalaciones de Agrosuper, innumerables heridos y cerdos muertos que llevaron al ministro de Salud, Jaime Mañalich, a asegurar que la “catastrofe sanitaria de Freirina no tenía precedentes en la historia de Chile”.

Fue tanta la exposición mediática que el grupo animalista santiaguino “Elige Veganismo” decidió acudir a Freirina y registrar lo que estaba pasando. Así lograron infiltrarse en los galpones de crianza para filmar cómo vivían los cerdos de la planta. Estuvieron 72 horas fotografiando y juntando material para editar su documental “Cerdos Esclavos”. La última noche de registro, el equipo compuesto por siete activistas, siguió a un camión que trasladaba 100 cerdos recién destetados, de apenas 21 días de vida y 10 kilos de peso, rumbo a la planta de engorda ubicada a 30 minutos de Freirina. Los animalistas iban grabando el vehículo por un camino de tierra hasta que una curva hizo que, desde el camión, se desprendiera una extraña bola polvorienta que rodó por el camino. Era el pequeño Wilfrido.

-Íbamos tras un camión y vimos la caída, al principio ninguno supo qué era. Luego distinguimos la figura de un pequeño cerdo tras el polvo- recuerda Isabel Collao, una de las activistas de “Elige Veganismo”.

La caída del lechón fue poco antes de las dos de la madrugada. Con los focos del auto y la luz de la cámara de video vieron a un cerdo diminuto que caminaba medio aturdido. Se acercaron para tomarlo pero el lechón se les arrancaba de las manos chillando. Sólo con la ayuda de tres rescatistas lograron atraparlo.

La caída de Wilfrido fue de una altura de dos metros. Para suerte del marrano no tuvo quebraduras. Los miembros de “Elige Veganismo” aseguran que la caída de los cerdos de los camiones es algo recurrente. “Varias veces en nuestros seguimientos a camiones hemos visto como los cerdos se caían de los camiones y morían por el golpe. No es algo extraño cuando los trasladan de sección”, cuenta Isabel Collao, vocera de la agrupación. Cuando esto sucede y algunos cerdos sobreviven, asegura Dinka Santander, ex funcionaria de Agrosuper, “el cerdo se va directamente a faenar”.

-No es algo habitual porque la carne de exportación, donde se debe cumplir con parámetros de calidad, no puede tener cerdos golpeados-, asegura Santander.

La caída casual de Wilfrido fue, en rigor, su salvación. De haber seguido a bordo del camión le esperaba el mismo futuro que miles de cerdos: engordar hasta alcanzar los 100 kilos, peso perfecto para ser insensibilizado (muerto) y luego sumergido en un tanque de escaldado a 60° C. El agua hirviendo le soltaría el cuero, dejándolo expedito para que unas garras de goma lo desollaran desde el lomo hasta las patas.

Wilfrido hubiese sido uno más de los 700 cerdos que la empresa, antes de cerrar, faenaba cada hora. Cifras que han transformado a Agrosuper en una potencia agroalimentaria con exportaciones del orden de 120 mil toneladas anuales, equivalentes a 1100 millones de dólares en ventas totales, repartidas en mercados tan diversos como Japón, Corea, México, Estados Unidos, Canadá y Sudamérica.

Wilfrido era parte del plan que Agrosuper tenía para los más de 500 mil chanchos que, hasta mayo del 2012, estaban siendo criados dentro de las 70.000 hectáreas que la industria posee en Freirina. El complejo industrial de Huasco se suponía generaría enormes utilidades pero durante el primer semestre del 2012, las ganancias cayeron a $26.344 millones, 40 % menos que el 2011. El negocio, al parecer, ya no estaba siendo rentable. Al menos en las condiciones que la gente de Freirina exigía.

Canibalismo
El traslado de Wilfrido a Santiago se transformó en un verdadero caos. El auto iba lleno y el animal no dejaba de pasearse entre los ocupantes del vehículo. “Era muy inquieto, además viajábamos siete personas en un auto sin podernos acomodar nosotros mismos”, recuerda Isabel Collao. Elige Veganismo, que funciona hace 4 años investigando el maltrato a animales criados al interior de las industrias alimentarias, trasladó a Wilfrido a vivir con otro cerdo, en el centro de Santiago, alejándolo definitivamente del estante de algún supermercado.

El nuevo acompañante de Wilfrido, Jonás, también era un sobreviviente. Fue rescatado de un contenedor de cadáveres de un criadero donde fue lanzado vivo. En su condición de omnívoro lo encontraron merendando cerdos semi podridos.

El “canibalismo”, según Isabel Collao, fue algo habitual en la planta luego de ser abandonada el 20 de mayo de 2012 en medio de las protestas y los bloqueos de camino. En el documental “Cerdos Esclavos” se muestran cerdos saboreando pedazos de patas y, otros, masticando cadáveres de su misma especie en medio de los pasillos de cada galpón. A finales de mayo de 2012 el ministro Jaime Mañalich confirmaba a través de la prensa que “en varios pabellones de 500 animales, hay 10 cerdos muertos”.

Las sospechas de canibalismo porcino son negadas por el vocero de los ex trabajadores de Agrosuper en Freirina, Heriberto Neira. “Los ex trabajadores estaban tan dolidos que buscaban la manera de entrar y alimentar a los cerdos. El 80% eran mujeres. Aquí se dijeron muchas cosas, pero eso del canibalismo no pasó”, afirma.

Vida de perro
Después de vivir con Jonás, Wilfrido llegó a los brazos de Carla Correa, estudiante de veterinaria de primer año. Ella lo recibió cuando tenía un mes de vida en Limache en la parcela de su papá pero, como aún el cerdo era muy pequeño, se lo llevó a su casa en Quilpué. Carla recuerda que le instaló un colchón en el comedor para que Wilfrido durmiera tranquilo y no se despertara cinco o seis veces en la noche a revolver el basurero.
-Mi papá al principio quería hacerlo dormir en la cama, pero se cagaba a cada rato. Por eso lo dejábamos en el living con la comida al lado, cosa que no se fuera a meter al basurero. Dejaba la cagada, ahora no pesca la cascara, quiere la lechuga entera- recuerda Carla.

A Wilfrido Carla lo crió como un perro, paseándolo con una correa al cuello por la plaza principal de Quilpué. También le enseñó a saltar y a dar la pata. Cuando estuvo más grande lo sacó al patio para que durmiera dentro de una casa grande que compartía con otros perros. “Era súper chistoso porque él usaba casi toda la casa. Era como de dos metros, estaba hecha para cinco perras, y él ocupaba la mitad dejándolas arrinconadas”, cuenta Carla.

Pero Wilfrido no sólo les quitaba el dormitorio a las perras, también les robaba la comida y les pegaba. Siempre quedaba alguna llorando por defender su alimento. “Los perros ya se estaban muriendo de hambre, así que dejé la comida en el techo, al medio de la casa, la cosa es que se metió por debajo y rompió el techo. Siempre lograba hacerme tonta”, recuerda Carla, acariciando con una zanahoria la guata de Wilfrido.

A mediados de septiembre del año pasado, Wilfrido recibió a una nueva compañera: la cerda Chan Chan. Desde entonces, ambos comparten un pequeño corral de 10×8 metros y duermen abrazados por las noches. Wilfrido, por más empeño que le ha puesto, ha intentado en vano reproducirse.

-Le queríamos traer una compañera para que no estuviese solo y justo llegó ella. Al principio se llevaban re mal, se peleaban por el cariño. Wilfrido no quería que mi papá le hiciera cariño a Chan Chan y ella le sacaba la cresta para que mi papá no lo tocara- cuenta Carla.

Los puercos corren por las dos hectáreas de la parcela tres veces por semana. Carla los suelta y se mezclan con los 15 perros que también viven en el lugar. Todos son animales rescatados. Wilfrido cambió las cascaras del basurero por harinilla y verduras. Los dos cerdos gastan 10 mil pesos por semana, entre los sacos de afrechillo y las frutas que compran en la feria.

A la fecha todos los parientes de Wilfrido deben estar muertos. A fines de mayo del 2012, Agrosuper dijo que mandaría al matadero de Rancagua a todos los cerdos vivos. El viaje de los miles de puercos se concretó y en marzo de este año la planta quedó vacía. Los cerdos que murieron dentro de la industria fueron enterrados en fosas gigantescas que hoy amenazan con contaminar las napas subterráneas del Huasco.

-Todos los cerdos vivos se los llevaron, pero quedaron fosas comunes, mega cementerios de cerdos enterrados sin ninguna protección a menos de 2 kilómetros de la comunidad. Son cerca de mil y hay una posibilidad cierta de que el percolado llegue a las napas y las contamine- reflexiona preocupada Yahir Rojas, dirigente de los habitantes de Freirina.

Wilfrido, a diferencia de sus pares, sobrevivió. Hoy es una feliz mascota que pesa 90 kilos. Carla dice que todos los vecinos de la parcela lo miran con ojos parrilleros y que le han ofrecido hasta 200 mil por el cerdo.
-Véndamelo, me dicen. Yo les digo que no, que están locos. Es la guagua de mi papá, se muere si le pasa algo. Nos vamos a ir a la tumba con él-, dice Carla.

Wilfrido, si no sucede nada extraordinario, vivirá hasta los 15 años. Una verdadera eternidad.