Primeros planos por doquier, algunos desenfoques y movimientos de cámara bruscos dan cuenta del arrebato y la depresión de un ex torturador interpretado por Alejandro Goic en un solo opresivo y denso. En el mismo Tony Manero estaban también estos espacios sucios y abandonados del autismo y la desesperanza.

El protagonista tiene una violencia contenida y las emprende contra un muro, por eso suponemos es caballeroso con un mecánico chasquilla que lo cuentea con la reparación del taxi (de otra manera no se explica: un ceneta es prepotente y todavía tiene un arma). Se angustia porque quedó con el taxi en pana y asiste a una reunión de ex agentes, que están tan acabados como sus enemigos políticos del Frente y de tanta gente que quedó a la deriva en democracia. La pega sucia, aquí y allá, siempre la hacen los de abajo, los poderosos toman champaña con el enemigo. Uno de los ex agentes, de hecho, se suicida.

Los ladrillos parados de las casas como en el cine de Cristian Sánchez son el escenario en donde ocurre esta narración que tiene a los evangélicos como parte importante de la resolución del conflicto existencial-miserable que interpreta con bastante credibilidad y soliloquialmente Daniel Alcaíno.

No sé si el grueso de esta gente tenga culpa, la verdad lo dudo. Algunos van felices al gimnasio y pasean un yorkshire, juegan pool y van a nadar. No sé cómo será la vida de esa gente o si tienen algún tipo de somatización, pero está bueno ponerse en el lugar de esa persona, como hace esta película –la madre Europa siempre dicta el cine que se tiene que hacer y, al parecer, esta vez quiere matices, porque si hay un defecto que no tiene esta película es el maniqueísmo-. Me resonaron los Dardenne y, con tanta espalda filmada en movimiento en intrinques barriales, el Aronofsky del Luchador, con un personaje acabado que también busca a su hija negada por una madre con los pies en la tierra, al igual que en esta película.

Y el título, veamos, es importante –Duchamp decía que es más importante que la obra-. Si hay coincidencia de títulos, algo anda mal. No puede haber tan poco stock de títulos, creo yo. “Carne de Perro” es una grata y rápida nouvelle de Germán Marín con balazos, héroes, ratis y militantes del Vop. Yo pensé que esta película estaba basada en esa novela. Sí hay un perro real en la película, que es un poco el mismo protagonista en su auto desprecio y auto agresión, o quizás es una antigua víctima, que tal vez el ex agente trata de sanar (yo creo que ese pobre animalito cooperó en la película, a todo esto).

Que la vea un agente de la CNI de verdad y diga él lo que piensa. Sería una interesante perspectiva.

CARNE DE PERRO
Dir: Fernando Guzzoni
Chile, 2012, 83 minutos.