La censura a libros sobre la dictadura que impuso Labbé en las bibliotecas de Providencia

El mismo día que Cristián Labbé dejó de ser alcalde de Providencia, libros como “La Conjura” y “Los Zarpazos del Puma” salieron de la bodega donde estaban escondidos y sin catalogar para aparecer después de varios años en los mostradores de las bibliotecas comunales. Con un control sobre lo que se podía o no leer en la comuna, el la administración del coronel (r) de la Dina ocultó el acceso a títulos sobre crímenes de la dictadura, como los Informes Rettig y Valech, donde incluso él aparece nombrado. Hoy el municipio dio un giro y se apresta a lanzar la próxima semana una nueva colección sobre Desarrollo Social y Derechos Humanos.

El seis de diciembre del año pasado, día en el que Josefa Errázuriz asumió como alcaldesa de Providencia, la biblioteca central de la comuna -frente a la Iglesia de la Divina Providencia- desempolvó un lote de libros apartados en su bodega y los sacó a las góndolas de presentación.

Después de 16 años de permanecer sin acceso al público de las bibliotecas, títulos que iban desde “Los Zarpazos del Puma” y “La Conjura” hasta “El nombre de la Rosa”, pasaron del ostracismo al que estaban relegados durante la administración del alcalde UDI Cristián Labbé y comenzaron a lucirse en los mostradores.

De manera inexplicable, varios de ellos comprados por la municipalidad o donados por editoriales y los mismos vecinos para la lectura de los usuarios, los títulos se mantuvieron censurados acumulando polvo en la bodega de Antonio Bellet, invisible para los usuarios de las bibliotecas.

Una situación que se revirtió tras la derrota electoral del coronel (r) de la DINA, quien prefería tener títulos como “50 sombras de Grey” y sus propios libros a disposición antes que otros, incluso en los que él aparecía nombrado en operaciones de los organismos represivos de la dictadura.

El control de Labbé

El aterrizaje de Josefa Errázuriz y su equipo a la municipalidad, tras 16 años de gestión con Labbé a la cabeza, no ha sido fácil. Tras seis meses de gestión municipal, la resistencia de ex colaboradores y personas de confianza del coronel en retiro fue un duro escollo durante los primeros meses de la nueva administración.

El cuadro de confianza del ex alcalde partía con su señora, Bárbara Coombs, ex encargada del Departamento del Adulto Mayor y principal nexo del edil con la UDI; la ex Dideco María Cecilia Rivera, hermana de Osvaldo Rivera, ex encargado la Corporación Cultural de Providencia, y cercana al Opus Dei; el abogado Christián Espejo, ex encargado de la Dirección Jurídica de la municipalidad; y hasta el nieto de Augusto Pinochet, Augusto Pinochet Molina, encargado de la dirección de Aseo, Ornato y Mantención de la comuna.

Eso, aunque todavía quedan algunos colaboradores cercanos al ex alcalde que no han sido removidos, como el encargado del Departamento de Deportes, Luis Alberto Araya. El análisis de los funcionarios municipales incluyó una revisión de posibles ex agentes de organismos represivos de la dictadura. De esa revisión fue que salió el Alberto Regord, un ex funcionario de Providencia que aparece mencionado en la sentencia del asesinato del líder sindical Tucapel Jiménez.

A toda esa red de confianza, Labbé le sumaba la de Enzo Chirinos, jefe del sistema de bibliotecas de la comuna y hombre muy cercano al ex alcalde de Providencia. Aunque desde la municipalidad explican que no fue esa la razón para removerlo del puesto, sino un episodio que ocurrió hace algunas semanas.

Antes de lanzar el 30 de mayo recién pasado su libro “La secreta vida literaria de Augusto Pinochet” en el Café Literario del Parque Bustamante, Juan Cristóbal Peña y su editorial se encontraron con un portazo.

Durante las tratativas para coordinar el lanzamiento del texto, la entonces encargada del Café Literario de Bustamante y una de las funcionaras “más cercanas” al ex alcalde, Bárbara Valdes, le negó a Random House el arriendo de la sala de exposiciones bajo el pretexto de no encontrar ninguna fecha disponible para esa actividad.

“Y no fue una, sino varias las fechas posibles que propusimos y que iban siendo desechadas sistemáticamente”, cuentan desde la editorial, que se dio cuenta que no habría fecha para el lanzamiento de ese libro aunque la sala no estuviera reservada.

Alertados por la misma editorial, la municipalidad reaccionó y permitió el lanzamiento del libro que revela los gustos literarios del dictador Augusto Pinochet, removiendo del puesto a la encargada que se negó a la actividad y apoyando el lanzamiento, el que a fin de cuentas se llevó a fines de ese mes.

“En este aterrizaje al municipio nos hemos encontrado con muchas trabas, mucha desconfianza y en algunos casos con gente que rema en contra”, dice el Director de Desarrollo Comunal, José Gabriel Alemparte, quien agrega que estos episodios han dado cuenta de los enclaves y la ineficiente gestión municipal que existía durante la anterior administración.

El episodio marcó un antes y un después en las bibliotecas, cuenta Alemparte. Junto a la muestra de libros que antes estuvieron censurados y hoy están a disposición de los vecinos, también se encuentran los Informes Rettig y Valech, textos sobre política, DD.HH. y otras materias.

Por ejemplo, “La Composición”, de Antonio Skármeta, un cuento que narra la historia de un niño al que le piden agentes de organismos represivos en dictadura infiltrados en su colegio, que escriba y dibuje lo que hacían sus padres en la casa.

Una situación completamente distinta a la que tenían los libros escritos por Labbé, que estaban a completa disposición de los usuarios. Títulos como “Un compromiso de honor”, “Recuerdos con historia: Pinochet en persona” y “De Pinochet a Lagos: Crónica política de las últimas décadas”, entre otros, de la autoría del coronel en retiro.

A eso se suma una curiosa relación personal con el sistema de bibliotecas que tuvo el propio ex alcalde. A la fecha, Labbé le sigue debiendo 31 libros a la comuna, los cuales sacó el 26 de diciembre de 2008 y que debería entregar el 2 de julio de 2014.

Una situación bastante irregular ya que todos los títulos de la biblioteca se prestan por dos semanas renovables por un máximo de 5 veces. Es decir, nadie puede quedarse con un libro por más de tres meses. Labbé los tiene hace más de 4 años y medio, y tiene un año extra todavía de “préstamo”.

Eso, a pesar de que su suscripción a la biblioteca no fue renovada en diciembre pasado, por lo que hoy aparece como usuario inactivo y deudor de esos 31 títulos, entre los que se cuenta, el Manifiesto del Partido Comunista, de Karl Marx y Friedrich Engels.

Nueva colección de DD.HH.

Además de estos episodios, el control de los hábitos de lectura también alcanzaba a la prensa. Durante la administración Labbé las bibliotecas recibían 5 ejemplares de El Mercurio, 4 de La Tercera, 3 de Las Últimas Noticias y 1 de La Cuarta, además de las revistas ligadas a los grupos Copesa, El Mercurio y otras como Ercilla y VEA.

Hoy, en cambio, la gama de lectura supera esos periódicos y recientemente se añadieron suscripciones para las revistas que no estaban contempladas, tales como El Siglo, Punto Final, The Clinic, Cambio 21 y Le Monde Diplomatique, entre otras. “Una muestra del pluralismo que debe tener una biblioteca”, dice el encargado de bibliotecas, Waldo Carrasco.

Por esta razón, el municipio lanzará una nueva colección que integrará a los libros que fueron desempolvados de la bodega y otros 300 nuevos títulos, que se integrarán a la red de bibliotecas bajo el rótulo de la Colección de Desarrollo Social y Derechos Humanos.

La lista de títulos la integrarán colaboraciones del Instituto de Derechos Humanos, la Corporación Parques de la Patria, Fundación Henry Durant, los Centros de Derecho Social y Derechos Humanos de la Universidad de Chile y Diego Portales, entre otros.

“La idea es dotar a los vecinos de una colección que antes estuvo vetada y que ahora podrá ser consultada para todos, sin ningún tipo de censura”, señala Alemparte.

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