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Nacional

12 de agosto de 2013

La tragedia del caso Hijitus

La del Jardín Hijitus es una historia sin matices. Si los querellantes y la Fiscalía tienen razón, se trata de uno de los casos más monstruosos de la historia judicial chilena y cuestiona el sistema de protección a la infancia; si la defensa de los imputados está en lo cierto, es un fusilamiento, un linchamiento irresponsable que cuestiona el sistema judicial de protección a la infancia. Un monstruo abusador o un sistema monstruoso.

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Agosto será un mes de juicios por abusos a menores. A fines de mes, será formalizado el cura legionario John O´Really; la semana que viene empieza el juicio por el Colegio Apoquindo. Y también empezará la preparación del juicio oral del Caso Hijitus. A los imputados Juan Manuel Romeo y su madre, Ana María Gómez, les están pidiendo penas que, sumadas, hacen más de cien años.

La semana pasada, Piñera, el Presidente de la República, cuando promulgó la ley que endurece las penas por abusos sexuales a menores, aludió a este caso: «Hay personas que trabajan en esta casa de La Moneda que son muy amigos y cercanos a nosotros que han sido víctimas de esta tremenda situación de abuso y crueldad». Se refería a su asesor José Miguel Izquierdo. La declaración, algunos dijeron, significó interferir en un proceso en curso: Izquierdo es padre de uno de los menores que el Estado, a través de los tribunales, la Fiscalía y sus servicios auxiliares, ha declarado víctimas de Juan Manuel Romeo. Además, él mismo ha sido denunciado como el autor de lesiones en contra del padre del detenido, durante una noche de linchamiento en las afueras del jardín, en la que, aunque existen grabaciones de televisión, no ha sido formalizado.

Los hechos: un hombre con epilepsia refractaria, severa, que trabaja en el jardín de su madre haciendo clases de computación. Son clases de tres niños, al lado de la oficina de la dirección. Lo acusan de abuso sexual -llegan a haber más de 70 denuncias-, y luego se formaliza a su madre. Entremedio, la noche de la detención, su padre es golpeado por los apoderados. Al día siguiente, el jardín dañado y cerrado de facto. El caso transcurre por los medios.

EL IMPUTADO
Romeo tiene 36 años y, dice su hermano Pablo, hasta los siete era un niño normal, que en una pista de bicicross, allá por los ochenta tuvo un accidente, un golpe severo en la cabeza. De entonces que cambió. Y ese cambio se transformó en un diagnóstico, una epilepsia refractaria. Algo que, dice un amigo, hasta le impide abrocharse los zapatos y hacer otra cosa al mismo tiempo.

En junio del año pasado, Juan Manuel Romeo fue denunciado, tomado preso y formalizado. Todo, en 26 horas.

Por supuesto que el camino a esa detención es más largo. La explosión que el caso tuvo en los medios, fue de la mano del muy mediático abogado y periodista -y ex vocero de la Fiscalía Oriente- Mario Schilling, a quien la familia culpa de buena parte de lo que ocurre.

La imputada, Ana Gómez, declaró en Fiscalía sobre Schilling. La directora de Hijitus dijo que el abogado había tenido a sus dos hijos matriculados durante el 2011 y que el 2012 el más grande se fue a otro colegio, al Bradford. Pero en marzo el niño regresó. «Yo le pregunto que qué había pasado y entonces me responde que había averiguado que en el Bradford había una profesora que había abusado de los niños», explicó Gómez. El niño estuvo en el jardín hasta abril, cuando fue retirado de nuevo para matricularse en el colegio Dunalastair (donde también habrían denuncias de abusos sexuales y una querella, a nombre de un familiar de Schilling). Gómez agregó que el menor de los hijos del abogado se retiró del jardín unos veinte días antes que estallara la denuncia y que su padre explicó que se lo llevaba «porque iban a tener mucho trabajo en la oficina».

Sobre dudas del abogado con los profesores planteadas esa vez, Gómez declaró que «el año pasado (2011) recuerdo que cuando fue a preguntar por el jardín yo le informé que tenían existían tres profesores hombres y él afirmó que por su experiencia los profesores de música eran todos pedófilos».

TESTIMONIOS
Los testimonios de las víctimas y cómo se obtuvieron serán materia de discusión en el juicio. Carolina Alliende, la abogada de la Defensoría Penal que representa a Romeo, sostiene que «la reconstrucción de recuerdos se va haciendo después de la denuncia».

Alliende llegó a la causa recién en febrero pasado. «Pensé que me iba a topar con 77 denuncias y lo que se decía en los medios, que este era el caso del pederasta más grande de la historia. Sin embargo, cuando empecé a leer la carpeta me di cuenta que existía mucha sugestionabilidad», dice.

Para Alliende, lo que ha pasado es una psicosis colectiva similar a la ocurrida en otros países. En Alemania, cuenta, esto ocurrió hace veinte años y tiene que ver con la falsa memoria que se presenta en menores de entre 3 y 4 años. Alliende dice que la primera madre denunciante tenía una mirada estigmatizadora sobre Romeo y que en su casa le realiza preguntas dirigidas a su hija hasta conseguir la develación. La niña dice, mientras llora y ríe al mismo tiempo, haber sido tocada en sus partes íntimas. «Y la madre -no la juzgo, le encuentro razón-, empieza a contactarse con el abogado querellante para hacerle presente y descartar la posibilidad que el resto de los niños hubiesen sido supuestamente abusados. Ahí comienza el conflicto».

La niña fue entrevistada por psicólogos y fiscales intensamente. Ese día, además, se reunieron más de 70 apoderados del jardín en la casa de Schilling, donde una psicóloga les explicó la sintomatología de un abuso sexual. «Muchos niños tenían esa sintomatología y muchos padres comenzaron a hacer denuncias por abuso sexual sin develación. Los niños jamás les contaron que fueron víctimas de abuso sexual y ellos igualmente hicieron la denuncia».

Los niños no solo hablaban de Romeo. Uno mencionó a un profesor de gimnasia, colorín. La madre de la primera denunciante, frente a la televisión, dijo que otro profesor se toqueteaba con Romeo delante de los niños. Después tuvo que pedir disculpas.

Cuatro meses después de la detención de Romeo se sumó una segunda denuncia, de una niña que llevaba todo ese tiempo en terapia de reparación con la psicóloga Paula Vergara, que ha atendido a algunos de los denunciantes. La niña, dice Alliende, recién en la quinta entrevista dio un relato, citando a la primera víctima y diciendo que su madre le había dicho que contara lo que había pasado, aunque en varias sesiones no se acordaba. «Se explayó con un relato. Y luego que Paula Vergara hubiera estado con todos estos niños en terapia de reparación. Tú no puedes reparar si no hay develación», dice Alliende, cuestionando el testimonio.

El abogado querellante Mario Vargas, que representa a uno de los niños por los que se encuentran formalizados los Romeo, defiende cómo se han tomado los testimonios, y explica que se han allanado a todas las diligencias pedidas por la familia, como exámenes sicológicos a los padres de los denunciantes. «La inducción no es efectiva. Los testimonios han sido obtenidos por los protocolos que han instaurado el Estado y la Fiscalía, que se han cumplido cabalmente, tanto que el juez de Garantía no ha hecho ninguna observacion a cómo se ha obtenido la prueba, ni tampoco la Corte de Apelaciones».

A esa hay que sumar un elemento planteado por la defensa de Romeo el año pasado: un correo electrónico en que, el 15 de junio del 2012, una apoderada indica al resto sobre cómo declarar: «les pido que recuerden que tan solo la declaración de que sus hijos estuvieron solos con el pederasta en la sala de computación puede ayudarnos a sostener la culpa de la administradora y de otras educadoras».

La situación de la madre de Romeo también será materia de discusión. Mientras que para la abogada Alliende siginifica que «por primera vez en Chile se formaliza a una persona por no haber evitado un delito supuesto, y en Chile no existe la complicidad por omisión», para Vargas es una figura establecida en el Código Penal y su delito es el encubrimiento. «La madre tenía conocimiento de las actuaciones de su hijo y lo encubrió. Los niños han dado relato de aquello pero no quiero referirme al fondo de la investigación antes del juicio», dice.
La Fiscalía, contactada para referirse al caso, no respondió.

La directora del Colegio Bradford, Patricia Artigues, se comunicó con The Clinic para aclarar que ninguno de los hijos del abogado Mario Schilling, uno de los querellantes en el caso Hijitus, fue matriculado alguna vez en el colegio que ella dirige, ni que tampoco existe ni ha existido ninguna denuncia ni reclamo de abusos respecto de ninguna profesora de ese colegio, como señala la declaración judicial de Ana Gómez –una de las imputadas-, citando una conversación con el abogado antes que estallara el escándalo.

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