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Opinión

11 de octubre de 2013

Por qué es bueno tener un poco de suerte (y de superstición)

Los beneficios de la superstición y la "buena suerte" se asocian con la confianza en nosotros mismos y pueden mejorar nuestro desempeño y reducir nuestro estrés de manera sorprendente.

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Foto: Goran Andjelic | Vía PijamaSurf

La superstición se debe, fundamentalmente, a que a nuestro cerebro no le gusta creer en la aleatoriedad. Siempre cree que tienen cierto control, incluso si no lo tiene. Es por ello que los placebos, como el mago de Oz, funcionan: promueven nuestra confianza en nosotros mismos y con ello superamos lo que haya que superar. La superstición opera de manera similar, como cuando un jugador de dados cree que por tirar los dados suavemente caerán números menores.

Así, casas con domicilios que tienen números de la suerte se venden más rápido; la gente cree que si regala un billete de lotería en billete tiene más posibilidad de ganar; las Vegas mantiene a sus clientes felices al eliminar los números de piso 4, 14, 24, 34, 40 y 49 porque el número “4” es considerado de mala suerte en la tradición china y algunos ganadores del Premio Nobel afirman que se debe a su suerte.

De igual manera existe la mala suerte. Investigaciones revelan que ser propenso a accidentes es real. Sea o no todo esto verdad o más bien una cuestión de disposición ante la vida y de actitud, sentir que tenemos cierto control sobre situaciones debido a la suerte reduce el estrés y las posibilidades de un ataque al corazón.

Todo lo citado (mas las pequeñas supersticiones diarias de cada quien) puede bien ser un engaño, pero un engaño que funciona. El auto-engaño, como prueban investigaciones, mejora nuestro desempeño general. Es por ello que los amuletos de la suerte, levantarse, literalmente con el pie derecho o mirar al cielo cundo son las 11:11 son detalles que cambian nuestra actitud hacia la vida, y por lo tanto la actitud de la vida hacia nosotros. El pensamiento mágico es importante para confiar en la vida y pasarla bien.

Richard Wiseman, en su libro El factor suerte: cuatro principios esenciales, establece didácticamente la función de la suerte en nuestras vidas:

Principio uno: maximiza las oportunidades del azar

Las personas suertudas tienen habilidades para crear, para darse cuenta y actuar de acuerdo a la oportunidad. Hacen esto de varias maneras, incluyendo la construcción de redes, adoptando una actitud relajada ante la vida y estar abiertos a nuevas experiencias.

Principio dos: escuchar corazonadas

Las personas suertudas toman decisiones efectivas al escuchar los sentimientos de su intuición y entraña. Además, toman medidas para resaltar sus habilidades intuitivas al, por ejemplo, meditar y limpiar su mente de pensamientos.

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