Carta Abierta a Ricardo Ezzati Andrello



Estimado Ricardo:
Lo llamo Ricardo con mucho respeto, con el mismo con el que a mí me llaman Luis, porque creo que nos merecemos el mismo trato. Lo podría llamar arzobispo o monseñor, pero usted tendría que llamarme presidente, pues ese es mi cargo actual, y sonaría extraño. Quizás usted podría argumentar que representa a una institución que tiene mayor legitimidad pues a ella pertenece la mayoría de los chilenos, pero lo más probable es que yo le contestaría que en mi institución –Fundación Iguales– todas y todos los miembros han escogido voluntariamente pertenecer, cosa que –me parece– no es el caso de la Iglesia. Sin ir más lejos, en sus bases de datos figuro yo como miembro, pero a mí nadie me preguntó si accedía a serlo.

Así es, ya no me considero miembro de la Iglesia Católica. Posturas como la que usted ha manifestado en reiteradas ocasiones ante mi sexualidad, que por supuesto yo no elegí, ayudaron enormemente a que me alejara. Muchas otras personas con una sexualidad diversa han tomado el mismo camino. ¿Por qué seguir en su cruzada en contra de nosotros y nosotras, Ricardo? Si continúa, me imagino que solo crecerá el abismo entre su institución y una sociedad que pide ser inclusiva y justa, y la Iglesia tendrá cada vez menos adeptos. Parece olvidar usted que la mayoría de los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales en Chile también son o fueron católicos o católicas, muchos(as) de ellos(as) bautizados(as) al nacer. ¿Por qué nos obliga a elegir entre nuestra identidad sexual y nuestra identidad religiosa, si tenemos derecho a ambas al mismo tiempo?

El doble estándar, Ricardo, también contribuye a esta disminución de seguidores de su organización. ¿Quién quiere ser liderado por una persona que recurre al principio de separación entre la Iglesia y el Estado solamente cuando le es conveniente? A mi parecer, eso es lo que usted hizo: se negó a declarar ante la comisión investigadora de la Cámara de Diputados por el caso de abusos en hogares de menores –muchos de ellos administrados por la institución que usted dirige– usando como argumento la separación entre la Iglesia y el Estado, pero al mismo tiempo decidió escribirle al Presidente de la República para pedirle que no ratificara una convención de derechos humanos. ¿Olvidó la separación entre la Iglesia y el Estado en este último caso? ¿O simplemente prefirió obviarla?

Qué triste noticia es enterarse de que la Iglesia Católica chilena está en contra del respeto de los derechos humanos. Eso es al menos lo que se entiende de su carta. Luego de haber desempeñado un rol clave en la denuncia de las violaciones a los DD.HH. durante la dictadura, ahora decide ponerse del lado de los violadores. Aparentemente todo cambia cuando hay cuestiones sexuales de por medio. ¿No escuchó al Papa Francisco, que dijo que la Iglesia Católica había estado demasiado obsesionada con la homosexualidad en el último tiempo? Ni siquiera le estoy pidiendo sintonía con la sociedad actual, Ricardo, sociedad que pide a gritos más igualdad y menos injusticia, sino con su propio jefe.

Estoy seguro de que Jesús, de estar vivo, defendería a la diversidad sexual. Recuerde que él siempre se enfrentó a los poderosos y defendió a los marginados. ¿Se da cuenta de lo marginadas que siguen estando muchas personas de la diversidad sexual en Chile? ¿O usted conoce a algún ministro, subsecretaria, intendente o gerenta general de una empresa en Chile que asuma con libertad su pertenencia a la comunidad LGBTI? ¿Sabía usted que Chile ocupa el segundo lugar a nivel mundial en la tasa de suicidio adolescente? ¿Y que las personas de la diversidad sexual tienen una probabilidad mucho más alta de suicidarse que la población general? ¿Y que el riesgo es aún mayor en zonas más conservadoras? Ese es el mundo en que vivimos, Ricardo, y depende de nosotros ayudar a cambiarlo. Los países del continente americano lo han entendido y por eso hay consenso en que se debe hacer lo posible por terminar con la discriminación. Pero usted, al parecer, no quiere terminar con ella. O al menos, ese es el mensaje que da. ¿Cómo es posible que un líder espiritual abogue por seguir discriminando? Eso es lo que usted está pidiendo: poder seguir dejando fuera de sus colegios e iglesias a personas que no escogieron su sexualidad.

Otras iglesias y pastores ya han entendido que deben incluir, no excluir. Las iglesias nórdicas, por ejemplo, no solo aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo en sus países, sino que también los celebran en sus templos. Incluso en nuestro Chile hay sacerdotes y religiosas que trabajan codo a codo con personas de la diversidad sexual para tratar de acogerlas y de transmitirles que el mensaje de Jesús también las incluye. ¿Cuándo se sumará usted a esta corriente de verdadero amor al prójimo?

Atentamente,

Luis Larrain Stieb
Presidente Fundación Iguales

Comentarios
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