Papa Paulo VI ordenó presionar e investigar a Augusto Pinochet

Documento de la CIA señala que la instrucción surgió luego de que, en julio de 1975, se prohibiera la entrada de una misión de DDHH de la ONU a Chile, tras lo cual se dieron a conocer en Argentina y Brasil listas con los nombres de 119 miristas supuestamente “ajusticiados” por rencillas internas, en la denominada “operación Colombo”. Los documentos también demuestran que en ese momento ya se sospechaba de la existencia del plan “Cóndor”, que coordinaba los servicios represivos de las dictaduras de América Latina.

Vía DocumentoMedia

A principios de este año, uno de los 1.7 millones de documentos desclasificados de Estados Unidos que se encuentran en las bases de datos de Wikileaks causó revuelo: se trataba de un cable del Departamento de Estado, fechado el 18 de octubre de 1973 en Roma, que da cuenta de una conversación entre el entonces subsecretario de Estado del Vaticano, arzobispo Giovanni Benelli, con Robert Illing, un diplomático estadounidense.

En el diálogo, Benelli expresó a Illing que tanto él como su jefe por aquel entonces, Giovanni Montini, más conocido como el Papa Paulo VI, estaban muy preocupados por “la exitosa campaña izquierdista internacional” que a su juicio buscaba deformar la realidad de lo que sucedía en Chile, indicando que muchas personas estaban dispuesta a creer las “mentiras groseras” que se estaban diciendo acerca de la junta y sus excesos.

Una de las partes más controversiales del documento era aquella que señalaba que Benelli había comentado que, “como es infortunadamente natural después de un golpe de Estado” se había producido derramamiento de sangre, pero ―según él― desde Santiago, el cardenal Raúl Silva Henríquez y los obispos chilenos en general habían asegurado a Paulo VI que la junta hacía esfuerzos para que el país regresara a la normalidad y que “las historias en los medios sobre brutales represalias son infundadas”.

Sin embargo, y de ser efectivos los dichos de Benelli, menos de dos años después la opinión de Montini había cambiado radicalmente, como lo refleja un documento secreto de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), que señala que Paulo VI había ordenado a sacerdotes de todo el mundo presionar a Pinochet, a raíz de la denominada “Operación Colombo”.

El contexto

A mediados de 1975, un grupo de observadores de Derechos Humanos de la ONU intentó visitar Chile, luego de una gran cantidad de denuncias internacionales respecto de las violaciones a los DDHH. En mayo de ese año, sin ir más lejos, el comité Pro Paz había presentado ante la Corte Suprema una lista de 166 desaparecidos.

Sin embargo, el 4 de julio, como quedó detallado en un documento de la Embajada de EEUU en Chile, Pinochet anunció en Vallenar que “he tomado una gran decisión: he ordenado que la comisión de Derechos Humanos no venga a Chile”.

Por cierto, Pinochet argumentó que el viaje era producto de una campaña del comunismo internacional en contra de Chile y aprovechó de recordar que la junta seguiría en el poder, a pesar de los intentos demagógicos de “los políticos” por sacarlo de allí. Asimismo, aseveró también, como lo había hecho varias veces antes, que no aceptaría comisiones de Derechos Humanos a menos que estas realizaran informes de países comunistas como la Unión Soviética o Cuba.

Colombo

La decisión del dictador causó un fuerte impacto internacional, como era lógico, y cayó sobre él una andanada de críticas. Casi tres semanas después, los medios chilenos se hicieron eco de dos espurias publicaciones aparecidas en Argentina (la revista “Lea”) y Brasil (“O’Día) que aseveraban que 119 miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) habían sido “ajusticiados” por sus propios camaradas, por rencillas internas. Más tarde se sabría que se trataba de la denominada operación “Colombo”, ideada y puesta en marcha por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), dirigida por Manuel Contreras, la que estaba detrás también de ambas publicaciones, una de ellas (“Lea”) creada única y exclusivamente para servir de soporte a la difusión de esta “noticia”.

En la Embajada de Estados Unidos en Chile la información relativa a los 119 miristas se recibió con escepticismo. En un informe firmado por el entonces embajador David Popper, del 30 de julio, se reseña una conversación de este con el embajador británico, Reginal Luis Seconde, quien le contó que había hablado “en fuertes términos” con un coronel de apellido Valdés, militar chileno, debido a que de los 119 fallecidos, 28 había solicitado visas para ir a Inglaterra y en 23 casos se había recibido información de que los solicitantes habían sido arrestados poco después de pedir dichos salvoconductos. Además de ello, había dos personas en dicha lista sobre las cuales el gobierno británico había pedido información a sus pares chilenos, respondiéndose que “ambas estaban en custodia y en buenas condiciones”.

El oficial, confrontando a ello, aseveró que “ni la DINA ni las otras fuerzas de seguridad del gobierno chileno podrían estar involucradas en una operación tan aparentemente estúpida como esta”, sugiriendo que las publicaciones en Argentina y Brasil podrían ser un complot “de la extrema izquierda”.

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