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LA CALLE

21 de Noviembre de 2013

10 lecciones sexuales que aprendemos entre los 20 y los 30 años

Vía Un Tipo Serio Nº 7: Hacer realidad las fantasías no siempre es bueno Tus años de adolescente se te pasaron seguro imaginándote mil situaciones “extremas” en que terminabas teniendo sexo con una mujer. Pero llegas a los veintes y te enfrentas a la realidad: muchas de esas fantasías pueden llegar a ser dolorosas e […]

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Vía Un Tipo Serio

Nº 7: Hacer realidad las fantasías no siempre es bueno

Tus años de adolescente se te pasaron seguro imaginándote mil situaciones “extremas” en que terminabas teniendo sexo con una mujer. Pero llegas a los veintes y te enfrentas a la realidad: muchas de esas fantasías pueden llegar a ser dolorosas e incómodas. Tienes que probar las cosas para comprobar que funcionan. Es el caso más concreto que demuestra que estos son años de formación.

Nº 6: El sexo ebrio puede ser (muy) mal sexo

El alcohol nos ayudó para controlar la ansiedad y desinhibirnos. Pero, en el camino, las cosas van cambiando y tarde o temprano te das cuenta que un exceso de tragos puede hacer que un gran encuentro se convierta rápidamente en un momento incómodo donde te quedaste dormido en mitad del “primer acto”. Muchos hombres han aprendido esa lección luego de perder la conciencia en mitad de un encuentro sexual y despertar la mañana siguiente solos en la cama, con resaca. Y sin su teléfono.

Nº 5: No está bien salir con la ex de tu amigo. No, nunca está bien

En la adolescencia, la vida era permanentemente como un campamento de verano: cambiabas e intercambias de pareja como si se tratara de una serie de televisión estadounidense. Pero, cuando entras a los veintes, las relaciones comienzan a importar un poco más. Ya no es nada chévere empezar a salir con la ex de tu amigo dos semanas después de que ella lo haya dejado. Eso te hace un mal amigo. Eso forma parte de madurar.

Nº 4: Las mujeres no quieren ver una foto de tu “equipamiento” (o sí, pero no siempre será a tu favor)

Para ser honestos, muchos hombres nunca aprenden esta lección (y de ello pueden dar fe las mujeres). La realidad: el acto de mandarle una foto de tu parte más privada puede ser un error grande (o pequeño, dependiendo del ángulo). Si ya lo has hecho, sabrás de lo que hablamos. Si es algo que te favoreció al final, bien por ti. Si no te devolvió más las llamadas es porque estaba muy ocupada mostrándole la foto a sus amigas y riéndose de ti. La lección más importante aquí es: si quieres que ella lo vea, y estás seguro que quiere verlo, mejor muéstraselo en persona.

Nº 3: El lenguaje sucio solo funciona cuando ella responde

Ni hay nada más incómodo que unas palabras sucias que se quedan sin respuesta. De hecho, cuando somos muy jóvenes preferimos evadirlas por completo, y así muchos hombres nunca llegan a dominar este “arte”. Sólo la experiencia te da la astucia para poder manejar las palabras “inapropiadas” con la mujer correcta, y descubrir el poder que pueden tener estas… si son bien recibidas.

Nº 2: El juego previo es un mandamiento

Esto no significa que ella tenga que darte siempre sexo oral. Lo que implica es que tú tienes que hacer que las cosas pasen antes del “gran evento”. Cuando empiezan a tener sexo en la adolescencia/juventud, el acto en sí mismo es suficiente para que las dos partes se fueran satisfechas (algunas veces) y aliviados de que “nada salió mal”. Pero maduramos y nos damos cuenta, por fortuna, que hay mucho más qué hacer debajo de las sábanas.

Nº 1: No alardees. Nunca

¿Recuerdan la frase “un caballero nunca tiene memoria”? Pues, aunque sea trillada, no deja de tener validez. Cuando tienes 15-16-17 años, el simple hecho de haber logrado tener sexo te convierte en un rey victorioso. Pero basta ser solo un poco mayor para darte cuenta que a nadie (sobre todo a ninguna mujer) le gusta un “hablador” que se jacta de sus “triunfos”. ¿A qué nos referimos? Simple: puedes perder el chance de volver a visitar a esa linda chica si les contaste a todos tus amigos todo lo que hicieron durante el primer encuentro. Sólo basta un par de segundas oportunidades perdidas para darte cuenta que la jactancia imprudente no tiene cabida en el sexo.

 

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